¿PENA DE MUERTE NO, MATAR INOCENTES SÍ?

13-10-10

Elentir

 

“Condenar a alguien a muerte es rechazarlo de la comunidad humana, es tratarlo como una no-persona, privarle de todo control sobre su propia persona”. “Es el acto total de dominación, la humillación máxima” (Francisco Caamaño, Ministro de Justicia, el martes). “Dentro de un tiempo se leerá en los libros de historia que la justicia condenaba a algunos seres humanos a morir…. Se entenderá como un síntoma de barbarie” (Elena Valenciano, diputada del PSOE, el jueves en su blog). “El derecho a la vida, el valor de la vida es el principio fundamental de la concepción y del despliegue de los Derechos Humanos” (José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno, el jueves).

 

No, no os engaña la vista: son declaraciones de los que esta misma semana dijeron que el aborto “no supone acabar con una vida humana porque sobre el concepto de ser humano no existe una opinión unánime, una evidencia científica, ya que por vida humana nos referimos a un concepto complejo basado en ideas o creencias filosóficas, morales, sociales y, en definitiva, sometida a opiniones o preferencias personales”. Una afirmación cínica, aberrante y que abre la puerta a todo tipo de agresiones al derecho a la vida: basta con cuestionar la condición humana de otros y obtener la mayoría necesaria para liquidarlos. Y lo mismo que se usa esa grosera mentira para legalizar el aborto, se puede usar también para legalizar la pena de muerte.

 

Relativizar la vida humana y condicionar su protección a lo que diga la mayoría es una inmensa barbaridad que amenazaba con estallarle al gobierno en las manos. Lo que no imaginaba yo es que veríamos ese estallido en un plazo tan corto, de sólo unas horas. Ahora van de campeones contra la pena de muerte, justo después de facilitar argumentos a los defensores de ese horrendo castigo. El gobierno de Zapatero y el partido que lo sostiene harían bien en aclararse, porque no se puede estar contra la pena de muerte con los mismos argumentos con que se defiende una matanza de inocentes, a menos que se haga desde el más descarado cinismo, pisoteando la verdad y partiendo de caprichos ideológicos radicalmente irracionales.

 

Yo me opongo a la pena de muerte porque respeto y defiendo la vida humana, porque no admito que a ningún ser humano se le niegue su condición o se le arrebate su dignidad por motivos ideológicos, filosóficos, religiosos o apelando a intereses políticos, sociales o económicos. Por la misma razón me opongo a la liquidación de seres humanos inocentes en el vientre materno. Y por la misma razón siento repugnancia cuando el gobierno del aborto, el que niega la humanidad de ciertos seres humanos con el fin de justificar su eliminación, tiene la tremenda desvergüenza de disfrazarse de defensor de los derechos humanos.

 

Artículo publicado originalmente en el blog de Elentir.

 

 

 

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