De la no tan sutil relación entre derecho a la vida, libertad de enseñanza y socialismo
22-10-09
Elentir
Se empieza recortando el derecho a vivir y se acaba pisoteando la libertad: una muestra
Estos últimos meses he leído infinidad de tonterías en torno al proyecto legislativo del gobierno para desproteger la vida de los seres humanos en sus primeras semanas de existencia, una norma con la que matar a esos seres humanos pasaría a considerarse un “derecho”. Con todo, esa infinidad de tonterías se queda muy corta ante las últimas barbaridades abortistas que me he encontrado hoy en un medio de comunicación de izquiedas.
A grandes rasgos, y traduciendo el lenguaje panfletario con el que disfrazan sus tesis los fans de esta inhumanidad, la autora considera que es “ilegítimo” e “ilegal” afirmar, como demuestra la ciencia, que el bebé de la izquierda -un niño no nacido de 13 semanas- es un ser humano y por tanto goza del mismo derecho a vivir que el de la derecha -que tiene 17 semanas-, y que ese derecho ha de ser protegido por las leyes. Pero la autora no se queda ahí: sostiene, además, que, reivindicar el derecho a vivir en una manifestación legal y pacífica como el 17-O constituye “un delito contra la salud mental pública” -algo que parece sacado del libro “1984″ de George Orwell-, y que “es ilegal” querer que el aborto sea tipificado como delito (aunque ésa sea, precisamente, su actual tipificación en las leyes españolas).
Además, a dicha señora la ley del aborto le parece acertada porque no obliga a nadie a matar a sus hijos nonatos, que es como decir que legalizar el atraco estaría bien porque no obliga a nadie a cometer uno. Por si fuera poco, para esta señora si profesas una religión has de hacerlo en privado y no te puedes meter en política, es decir, justo lo contrario de lo que afirman la Constitución Española y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que proclaman la libertad de expresión y de creencias tanto en privado como en público y el derecho a no ser discriminado por razón de creencia u opinión, por mucho que la progresía se empeñe en recortar esos derechos con la misma ligereza con la que se propone recortar el derecho a la vida.
Todas esas barbaridades propias de una antidemócrata de tomo y lomo y de una persona que opina de leyes sin tener ni puñetera idea de lo que dicen esas leyes, se pueden leer hoy, dónde iba a ser sino, en un blog de Público, el periódico favorito del gobierno socialista de Zapatero.
Hay que decir, eso sí, que si bien el volumen de las barbaridades antidemocráticas que lanza dicha señora es más elevado de lo habitual, cada vez es más frecuente que los partidarios del recorte del derecho a vivir lo sean también del recorte de la libertad de expresión para quienes no opinamos como ellos. A fin de cuentas, es una secuencia lógica: de quien desprecia el primero de los derechos humanos, que es la vida, nadie puede esperar demasiado respeto por los demás derechos, entre ellos por la libertad para expresarse. Cuando se dinamita el primero, todos los demás derechos se tambalean.
Como se hace en Suecia, es democrático
Me entero gracias a un lector de que el Gobierno sueco quiere ilegalizar la enseñanza de la religión incluso en los colegios privados. Para ser más exacto, y
como señalaba Andrew Brown el año pasado en The Guardian, la polémica iniciativa del Ministro de Educación sueco
Jan Björklund prohibirá que se enseñe cualquier doctrina religiosa, incluida la Biblia, como si fuese cierta. Con esto, el Gobierno sueco pisotea abiertamente el Artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (y cito):
“Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.”
Claro que si para Björklund nada de lo que dice la Biblia es cierto, ¿cómo mantener en la bandera de Suecia la Cruz Escandinava, que simboliza la Cristiandad? Es más: ¿pedirá Björklund que Suecia deje de contar los años como todos los países occidentales, que toman como referencia la Era Cristiana? Sería algo cómico.
Curiosamente, Björklund es el presidente de una formación política que se denomina Folkpartiet Liberalerna (Partido Popular Liberal). Lo de “liberal” resulta curioso no sólo a la vista de su desprecio por los derechos individuales, sino también de sus alianzas.
Y es que el partido del señor Björklund forma parte del European Liberal Democrat and Reform Party, entre cuyos miembros españoles (es un decir, pues en su mapa distinguen a “Spain” de “Catalonia”) figuran dos formaciones nacionalistas y con una trayectoria abiertamente antiliberal: Convergència Democràtica de Catalunya y Unió Mallorquina, promotoras en sus respectivas comunidades de políticas de imposición lingüística que violan gravemente los derechos de los ciudadanos castellanohablantes.
Pero aún queda por mencionar lo más cómico del caso, que da título a esta entrada. En respuesta a una afirmación mía -que he reiterado aquí- de que la enseñanza de la religión se enmarca en el libre ejercicio de los derechos plasmados en el Artículo 18 de la DUDH, ésta es la contestación de un lector “neoprogre”:
“Eso no es cierto. De hecho, en Suecia van a prohibir la enseñanza religiosa (sí, la islámica también) en todo colegio, público o privado.”
Confieso que, a pesar de leerlo esta noche, he soltado una buena carcajada. Es decir, que según este “erudito” un derecho humano existe no porque lo recoja la DUDH, sino en función de lo que haga el Gobierno sueco. Para mondarse de la risa, vamos…
El caso es que Suecia ha sido durante años un Estado fuertemente intervencionista. Los suecos no podían escoger escuela ni hospital. Es más: muchos ni siquiera podían elegir libremente formar una familia: el 28 marzo de 2000 se descubrió que entre 1936 y 1996 230.000 personas habían sido esterilizadas contra su voluntad en Suecia (la Socialdemocracia gobernó allí de 1931 a 1991 y de 1994 a 2007) “en el marco de un programa basado en teorías eugénicas” y por razones de “higiene social y racial”. Como se hizo en la socialdemócrata Suecia, ¿entenderá este “neoprogre” lector que esa política racista no violaba los derechos humanos?
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También llamaron derecho a la esclavitud
Florida, en EEUU, fue el origen de una canción muy pegadiza titulada “Bonnie Blue Flag” (bonita bandera azul), que podéis escuchar en la película “Dioses y generales”. La letra de la canción ensalzaba la bandera azul con una estrella blanca en el centro que sirvió de distintivo en muchos campos de batalla a las fuerzas confederadas durante la Guerra de Secesión.
El estribillo de esa canción empezaba con dos versos que decían: “Hurrah! Hurrah! For Southern Rights, Hurrah!” La expresión “southern rights” (derechos del sur) fue utilizada con profusión en aquella época para referirse en especial a un mal llamado derecho por entonces en disputa y que fue uno de los detonantes de esa contienda civil: el “derecho” a poseer esclavos.
Para comprender esta manipulación del lenguaje que llevaba a calificar de “derecho” la negación de la libertad de otros tenemos que remontarnos a la primera mitad del siglo XIX. Durante años la literatura abolicionista estuvo prohibida y los profesores abolicionistas estaban vetados en las escuelas de los estados del sur, gobernados por el Partido Demócrata. La aceptación social de la esclavitud era asumida por los sureños de toda clase y posición, hasta el extremo de que a partir de la década de 1830 el servicio de correos se negaba a entregar folletos abolicionistas en los estados sureños. Sólo un sector minoritario proponía la total abolición de la esclavitud. Eran los abolicionistas, tachados de extremistas por la mayor parte de una sociedad que, por aquel entonces, veía de lo más normal que hubiese hombres que poseían a otros seres humanos como quien posee cabezas de ganado.
Por aquel entonces, la política en EEUU estaba dominada por dos partidos: los Demócratas y los Whigs. El Partido Demócrata era el gran defensor de la esclavitud en los EEUU, acaparando el poder en los estados del sur. El Partido Whig estaba dividido entre esclavistas y abolicionistas. A raiz de la Kansas-Nebraska Act, una disposición que autorizaba a extender la esclavitud a los nuevos territorios incorporados a la Unión, en 1854 surgió el Partido Republicano como escisión de los Whigs. Los republicanos rechazaban no sólo la extensión de la esclavitud a nuevos estados, sino también su permanencia en los estados del sur, por lo cual los esclavistas los tachaban de “republicanismo negro”.
Cuando el republicano Abraham Lincoln, un abolicionista, llegó a la presidencia en 1861, los demócratas sureños iniciaron la secesión bajo el argumento de que el nuevo gobierno pretendía arrebatar sus “derechos” -es decir, abolir la esclavitud- a los estados del sur. Hicieron falta cuatro años de guerra para acabar con un levantamiento armado que invocaba palabras como “derechos” y “libertad” para defender una brutal forma de opresión.
Tras la guerra, el 23 de febrero de 1870 Hiram Rhodes Revels se convirtió en el primer senador negro. El 12 de diciembre de ese mismo año Joseph Hayne Rainey se convirtió en el primer negro en la Cámara de Representantes. Tanto ellos como los siguientes afroamericanos que se incorporaron al Congreso de los EEUU eran miembros del Partido Republicano, que siguió concentrando el voto afroamericano hasta la década de 1930. Algo que no es de extrañar, pues durante años el Ku Klux Klan actuó como brazo armado del Partido Demócrata en los estados del sur, donde dicho partido siguió apoyando la segregación racial hasta bien entrado el siglo XX. Sin ir más lejos, en la segunda mitad de la década de 1950 dirigentes del ala racista del Partido Demócrata como James Eastland, John McClellan y James P. Coleman fueron los primeros en apoyar la carrera de John F. Kennedy hacia la Casa Blanca, después de que el entonces senador votase a favor de una enmienda que inutilizaba la Ley de Derechos Civiles de 1957, hecha para acabar con la segregación racial.
Medio siglo después la historia se repite: el Partido Demócrata califica otra vez como “derecho” la violación de un derecho humano, si bien esta vez no es la libertad, sino algo aún más básico: la vida de los más indefensos. Ahora incluso un presidente afroamericano y demócrata, Obama, apoya a organizaciones que utilizan el aborto con fines racistas bajo argumentos como que “hay demasiados negros”. Kafkiano, en fin…
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Artículos extraídos del blog http://www.outono.net/elentir/
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