
ABORTAR ES MATAR A UN SER HUMANO
3-01-10
Joaquín Santiago Rubio
¿Consentiría usted en que se matara a un niño recién nacido? ¿Y si éste tiene tres años? ¿Y si son cinco, quince o es un adulto? No, ¿verdad? Usted calificaría esto de asesinato y además de la condena moral, exigiría la que prescribe el Código Penal, cuando menos. Por tanto, ¿por qué tolerarlo cuando el mismo el ser humano está en el vientre de la madre?
Los partidarios de algún tipo de exterminio, bien sea planificado por el Estado, bien como decisión de determinados ciudadanos, suelen acudir a prácticas de difuminación y anestesia ideológica. El primer paso para justificar y legalizar el asesinato es el de negar la humanidad a quien será víctima.
El exterminio de niños antes de su nacimiento es la soah callada de la sociedad civilizada que les deshumaniza para poder hacerlo. No sólo no se les considera humanos sino que, en un segundo gesto de narcosis moral, se califica a su muerte como “interrupción voluntaria del embarazo”, como una simple pausa médica en un proceso en el que el cliente/paciente, la madre, puede decidir “libremente” si lo que va a tener es un niño o una enfermedad. Si lo primero, habrá final feliz. Si lo segundo, muerte.
Muy desesperante de este fenómeno en alza es que la mentira oficial sigue instalada con cada vez mayores bríos. Ha llegado al gobierno una pandilla decidida a llevar a cabo un incremento sin parangón de estos asesinatos mientras lanza campañas de uso de anticonceptivos para justificar que éstos reducirán el número de abortos. La nueva Ley de plazos no hará más que lo que han hecho las anteriores, que no es otra cosa que superar las cifras actuales. Y no les importa en absoluto, por supuesto. En los últimos diez años se ha pasado de los 54 mil asesinatos de niños antes de nacer a los 112 mil, cifra esta de 2007. Décadas de anticonceptivos, educación sexual y demás gaitas han traído estos resultados y nada hace suponer que la nueva ley consiga reducirlos.
¿Dónde está la base jurídica e ideológica de estas muertes de inocentes en masa? Está en la creencia extendida en la actual sociedad hiperpolitizada de que es la ley vigente, la que democráticamente aprueban unas pocas centenas de parlamentarios, lo que puede llegar a decidir si un asesinato será o no penado. La creencia de que la ley hay que respetarla por serlo es uno de los anestésicos más letales, uno de los agentes de pérdida de libertad y de responsabilidad más acusados.
La legislación recoge que nadie es libre de eliminar la vida o la libertad ajena haciéndose eco de la persistente tradición occidental de respeto a los derechos humanos… salvo cuando la vida humana no es visible por más que sea real. La impostura lógica y moral que supone permitir matar a un bebé en el útero materno es comparable a la esquizofrenia hipócrita vivida en el siglo XVIII cuando, a pesar de la extensión de las doctrinas libertarias, se consentía en la tenencia de esclavos, muchos de éstos en poder de propagadores de la libertad. Sólo desde la convicción que nace con saber que existen derechos naturales avanza la humanidad hacia niveles superiores. Es por eso que resulta imprescindible abandonar la mentira del positivismo jurídico y la entronización de la legislación democrática cuando promueve el asesinato selectivo.
Y no es cuestión, como dicen en el Partido Popular, de que sea aberrante dejar abortar a niñas de dieciséis años. Como en el caso de la esclavitud no es tolerable un poco de muerte, o muertes provocadas sólo por los mayores de edad. En casos como éste de pura justicia, la única meta es el abolicionismo, la prohibición total, ante la que ningún consenso, por general que sea, puede oponerse.
Artículo publicado originalmente en la revista Asturias Digital.
