LA PERSPECTIVA AUSTRIACA DE LAS INSTITUCIONES SOCIALES

28-7-2009

Joaquín Santiago Rubio

 

La Teoría Evolutiva de las Instituciones, definida por los austriacos, nos ayuda a entender el orden extenso, partiendo de la distinción entre organización, deliberada, y orden espontáneo, única modalidad de interacción social dotada para dar respuesta humana a los desafíos de la complejidad. Esta complejidad se produce cuando la sociedad llega a niveles de interacción y tamaño en que las instituciones de carácter tribal quedan obsoletas para aportar esas soluciones. Los problemas que surgen en ese punto crítico de cambio son:

 

  • La existencia de un volumen de información de carácter dinámico (Mises) y disperso (Hayek) que es imposible de manejar desde la centralización y la organización deliberada.
  • La necesidad de que el orden surgido dé respuesta al problema de la supervivencia de un creciente volumen de población que presenta, a su vez, tal problema de información.
  • La abstracción y generalidad de ese orden espontáneo. Así las acciones humanas se dan en un entorno normativo y consuetudinario en que es posible realizar proyectos vitales sobre los que sea posible prever sus consecuencias sin que se sepa previamente quién saldrá beneficiado. Las instituciones jurídicas, el mercado y el dinero son los tres ejemplos más evidentes de órdenes espontáneos surgidos no deliberadamente y que presentan ese nivel de abstracción impersonal.

 

Es persistente en la historia la visión de raigambre griega en que sólo pueden existir dos clases de órdenes, el que es independiente de la voluntad de los hombres (orden natural) y el que deriva de las actuaciones humanas deliberadas (orden artificial). Esta visión dualista -lo que es por naturaleza y lo que es por acuerdo, physis y nomos- conduce a desconocer un tercer orden que es, precisamente, el que más nos interesa: el orden espontáneo que es el resultado de la actuación humana pero no de su designio; se trata de un orden cuyo desarrollo depende de las acciones de los humanos pero que no ha sido ni imaginado ni buscado por ellos. Partiendo de esta fundamentación la Teoría evolutiva de las instituciones nos permite valorar con alto grado de lucidez acerca de los mejores resultados de la economía de mercado, en orden a la riqueza y la prosperidad de las naciones, así como al mayor bienestar posible de los individuos. Así, se destaca la importancia del entorno legal y cultural para la eficiencia del sistema económico, de los riesgos del poder ilimitado de los gobiernos democráticos, y, sobre todo, ha puesto de relieve la fatal arrogancia que supone la solución constructivista del orden económico.

 

No obstante es preciso rechazar la caricatura que de Hayek se hace sobre el supuestamente exclusivo papel que el nivel que él magníficamente definió como el existente “entre el instinto y la razón” tiene en la acción humana. Podría parecer que el Hayek que formula este nivel, especialmente el de “The fatal conceit” llevado de su justificadísima aversión al constructivismo, ante el temor de tener que aceptar que los socialistas tendrían razón si la razón humana fuera capaz de inventar e imponer un orden lógico adaptado a las necesidades de la sociedad, se inclina por negar simplemente la razón y la libertad de albedrío, a fin de afirmar que el origen de las normas morales para el funcionamiento de la sociedad estriba en la evolución social en la que los agentes aprenden por imitación de las conductas recibidas.

 

Ésta es la explicación del énfasis hayekiano en los procesos espontáneos y no deliberados. Es preciso no obstante equilibrar la visión de la obra de Hayek considerando toda su obra anterior en la que hace suyos, aunque matizadamente, conceptos misianos sobre la cataláctica la cuál sostiene que el hombre, gracias a la razón con la que ha sido creado, elige libremente entre fines alternativos.

 


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