EL MICROONDAS INTELECTUAL (UN EXPERIMENTO ÉTICO-IDEOLÓGICO)

28-11-09

Gabriel Zanotti

 

Vamos a sonreír un rato. Les propongo este experimento mental que viene bien para bajar nuestros decibeles ideológicos. También lo había escrito en Guatemala, a principios del 2003. Los ejemplos tienen que ver con esa época (ahora es lo mismo, pero sencillamente empeorado). Planteo un dilema moral. ¿Alguno se juega a decir qué hacer?.



EL MICROONDAS INTELECTUAL

 

  La filosofía moral, como muchas otras ciencias, usa habitualmente experimentos imaginarios como método de trabajo. En este caso, voy a proponer al lector uno de esos experimentos mentales para poder después plantear una pregunta cuya respuesta no va a ser, tal vez, fácil. El ejemplo, al principio, tendrá algo de humor. Imagínese el lector un horno de microondas que pudiera transformar un libro en ondas cerebrales. No… no me confundí. Ese es el experimento. Suponga que usted pudiera colocar dentro del aparato los libros de Mises y Hayek y que esos libros se transformaran en ondas electromagnéticas, las cuales, por medio de un pequeño casquete lleno de electrodos, llegaran a la cabeza y, consiguientemente, al cerebro de alguien, transformándose en ondas cerebrales. ¿Interesante, no? Podríamos entonces secuestrar a Castro -y dejo al lector la opción de otros dictadores particularmente interesantes-, colocarles el peculiar casquete y, en medio de sus protestas, poner en marcha nuestro peculiar aparatito. Entonces, en unos minutos sus ondas cerebrales recibirían toda la sabiduría liberal clásica. Después de unos minutos, los tendríamos transformados en liberales, en liberales instantáneos (algo así como el café instantáneo). Se levantarían felices de su asiento, se sacarían el casquito, nos agradecerían por la profunda e importantísima transformación recibida, pedirían perdón al mundo por las atrocidades cometidas, retornarían felices a sus territorios, los liberarían de la opresión e instalarían en ellos una democracia liberal clásica con economía de mercado. Después renunciarían a su puesto y se pondrían a dar conferencias sobre Mises y Hayek. ¿Impresionante, no? ¿No sería maravilloso? Sí… ya sé que no se puede. Claro que no se puede. El espíritu humano no se reduce a ondas cerebrales. Santo Tomás ya dijo hace mucho tiempo que el alma humana es inmaterial e inmortal; Kant, sin decir lo mismo, afirmó que la ley moral es un reino independiente del cielo estrellado del cosmos físico, y Karl Popper dijo claramente que dialogamos y argumentamos precisamente porque la verdad no es al cerebro lo que la bilis al hígado. Pero el dilema moral es: si se pudiera hacer, ¿lo haríamos? Esa es la hipótesis de trabajo. Si se pudiera hacer algo así, ¿sería ético hacerlo? No es lo mismo no hacer algo porque no se puede que porque no se debe. Yo no debo tratar mal a mi prójimo no porque no pueda, sino porque, por el amor que le debo, no debo. En este caso, si pudiéramos hacer algo así, ¿lo haríamos? ¿Resistiríamos la tentación de hacerlo? ¿No serían los resultados sencillamente revolucionarios y beneficiosos para todos los sojuzgados por la ignorancia totalitaria de esas personas? Pero, ¿sería “liberal” hacerlo? ¿Es liberal convertir en liberal a alguien por la fuerza? (Por la fuerza técnica, en este caso). La pregunta nos puede llevar a reflexionar sobre otra pregunta que he escuchado desde hace mucho: ¿cómo hacer para difundir las ideas? ¿Por qué las ideas de la libertad tardan tanto en comprenderse? ¿No podríamos recurrir a técnicas de persuasión un tanto más eficaces? Lo curioso es que esto último sí es posible. Hay técnicas lingüísticas de persuasión, de manipulación intelectual. Manipular a la gente no es tan difícil. Supongamos que alguien no quiere saber nada con Mises. ¿Y por qué no le “introducimos” a Mises sin que se dé cuenta? Los keynesianos hacen eso todo el tiempo… (Con Keynes, claro). De nuevo: ¿sería eso liberal? Porque, tal vez, la esencia del liberalismo es el diálogo, la conversación, que nada tiene que ver con la manipulación… Lo dijo Karl Popper, sobre todo hacia el final de su vida. Tal vez deberíamos meditar profundamente en todo esto, sobre todo cuando nos ponemos nerviosos por el destino de la civilización. Finalmente, ¿podría Dios hacer algo así? Si Jesús era Dios, ¿por qué no convirtió ipso facto a Pilatos y a Herodes al cristianismo? Para aquellos que verdaderamente estamos convencidos de que Jesús es Dios, viene bien meditar la respuesta.

 

Artículo originalmente publicado en el blog de Gabriel Zanotti

 

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4 Comentarios

  • #1

    Carlos (miércoles, 09 diciembre 2009 13:12)

    Un artículo curioso y que fomenta la reflexión.

    Un apunte, profesor: no sólo es positivo meditar la respuesta a la duda esencial del artículo para quienes creéis que Jesús es la encarnación de Dios; creo sinceramente que es una reflexión que no debe de circunscribirse a una creencia religiosa. Imponer una ideología -por seguros que estemos de su bondad- supone incurrir en los mismos hechos que aquellos a quienes se supone que desea combatir el liberalismo. Sin duda, cualquier persona con una moral aceptable o una ética no despreciable dará la misma respuesta que un creyente y practicante.

    Como apunte meramente anecdótico, creo que el final de su ejemplo es muy benevolente para gente como Castro. ¿No deberían entregarse a una Justicia que mereciera tal nombre para pagar por sus actos? Insisto en que es sólo un comentario anecdótico.

    Saludos y enhorabuena por el artículo.

  • #2

    Enrique (jueves, 24 diciembre 2009 09:13)

    En verdad para reflexionar, lo que me lleva a escribir…
    Profesor mi profunda admiración por tal artículo aunque tengo algunas consideraciones:
    Supongamos que tenemos un pequeño aparato por el cual por medio de ondas radiales transmita la imagen de una persona hablando en un punto lejano hasta otro ubicado en nuestros hogares...
    Ahora, si este aparato resultó fácil de imaginar, es seguramente porque ya existe, dicho aparato es la televisión: el mayor de los medios masivos de comunicación.
    Este aparato envía con cierta regularidad mensajes que de alguna manera influyen en las decisiones del individuo que lo recibe, al mismo tiempo que intervienen en su formación política, moral, intelectual, etc.
    El sistema de mercado que usted bien señala utiliza este medio de comunicación (al mismo tiempo estos sistemas de comunicación forman parte del mercado) para promocionar los productos e influir principalmente en las decisiones de compra de los individuos.
    Regularmente los convence no del “ideal de libertad” al cual hace alusión su escrito, si no de comprar ciertos productos, servicios, etc. Por lo cual una ética "teológica del bien y el mal” no sería aplicable en estos casos, pues probablemente haría fracasar a miles de empresas, ya que sería casi imposible observar en televisión un comercial de “una crema dental azul” donde el actor de dicho spot publicitario nos dijese en 30 segundos que en verdad la crema dental de la competencia “la crema dental roja” funciona mejor. Dicho acto probablemente provocaría por el contrario, que la gente prefiriera la crema dental de la competencia
    Es sabido que muchas empresas (si no es que todas) no actúan éticamente para poder conservar su permanencia en el mercado. Convencen entonces a los individuos de comprar productos que no necesariamente son los mejores. Si bien una forma de hacerlo es mediante un aparato (televisión, radio, computadora, celular) parecido aunque no tan avanzado como el que usted menciona, ¿lo hacen mediante la fuerza?
    Si entendemos y somos capaces de comprender la fuerza que representa la capacidad el transmitir un mensaje instantáneo por televisión a millones de personas pudiendo determinar su decisión , podríamos decir que definitivamente dicha persuasión esta impregnada de un tipo de FUERZA, además de que podríamos alegar de que dicho mensaje llega hasta nuestro hogar sin nuestro permiso o consentimiento, también podríamos vislumbrar el hecho de un mensaje que llega a estar presente en millones de hogares representa un tipo de fuerza , así como la fuerza que representa el gasto económico de la empresa que mediante el comercial se propone el "asaltar mi hogar" , para esto debemos estar consientes que debido a los costos monetarios del tiempo en televisión no cualquier persona tiene el PODER de enviar sus mensajes por este medio, PODER que si tienen muchas empresas y como recordaremos el poder es en sí un tipo de fuerza para lograr algún objetivo.
    (continua)

  • #3

    Enrique (jueves, 24 diciembre 2009 09:15)

    Entonces este “aparatito” llamado televisión termina enviando mensajes cuyo razón de existencia en mi sala no son de orden democrático o libertario, puesto que no es común que me pregunte si quiero o no un comercial de pasta dental en mi televisor, en mi hogar. Si no al contrario, una imposición de un poder económico.
    Entonces hay que estar consientes que dicho convencimiento por la fuerza no es fantasioso, y es muy parecido de cierta forma a lo que usted percibe como la manera en la que los keynesianos difunden sus teorías y prácticas. Esta persuasión ( que ya aclaramos si conlleva un : “por la fuerza”) ocurre bajo el esquema de los medios masivos de comunicación, y extrañamente contrario al panorama que nos expone su artículo, se convence no a dictadores o lideres “comunistoides”, si no a la sociedad civil, al obrero, al campesino, al trabajador común y corriente, a el ama de casa más que nada, mediante este “aparatito” se le impone a diario en la mayoría de los países del mundo (salvo excepciones) una forma de ver el mundo ligada al capitalismo y a prácticas de consumismo, en una “carta” de programación regularmente mediocre y de bajo contenido intelectual acompañada de un “bombardeo” de comerciales de productos y empresas, noticias amarillistas etc., programas que irónicamente transmiten de manera casi impecable las directrices fundamentales del pensamiento liberalistas a favor del mercado a las clases más bajas principalmente. Entonces resulta extraño que el liberalismo y sus prácticas económicas hayan sido descartadas muchas veces no solo por "dictadores" si no también por muchos gobernantes demócratas cuya capacidad intelectual y formación cultural es más amplia que la del resto de la clase política y sin embargo, por otro lado, dicha formación ideológica liberal proporcionada por la televisión es bien acogida por gran variedad de personas con una pobre cultura, débil intelecto abundantes en las clases bajas, espectadoras empedernidas de televisión.
    (continua)

  • #4

    Enrique (jueves, 24 diciembre 2009 09:16)

    (continuación)

    Ahora el dilema es entonces: ¿Por qué si la televisión pudiese transmitir programas sobre las obras de Hayek o Mises no lo hace, pero si transmite una vaga concepción del liberalismo? ¿Si la televisión imparte diariamente una formación liberalistas a sus espectadores, porque no lo hace bien?, ¿Le conviene a los gobernantes liberalistas el hecho de que la gente de clase baja sin acceso a internet sea virtualmente enajenada por el radio y la televisión? Bueno una respuesta obvia es que para el buen funcionamiento del sistema se necesitan dos jugadores, un explotador y un explotado, por lo cual se necesitan dos tipos de liberalistas, primero, “los exquisitos”, los dirigentes, los emprendedores que no mal gastan su tiempo en televisión y leen a Hayek, Mises, Böhm-Bawerk, etc. Y en segundo lugar los otros liberalistas que ven televisión, ya es necesario para que los primeros exploten a los segundos, puesto de solo haber liberales de explotadores, seria más difícil explotar a marxistas o a anarquistas que no siguen ciertas reglas del juego como el respeto a la propiedad privada, etc.
    Otra respuesta obvia, (ahora para el dilema de la libertad de decisión) seria que si se quisiera evitar tal embrutecimiento mental y “asesinato masivo de neuronas” al mirar televisión, es el que siempre existirá LA LIBERTAD de no mirar ver la televisión, de no comprar una, la libertad incluso de arrojarla por la ventana de la casa para evitar el daño al cerebro. Sin embargo esto no se hace o no es muy común entre las clases bajas, aunque por otro lado, es un hecho que sucede regularmente entre las clases medio altas, donde abundan televidentes exigentes, con gran capacidad intelectual, con una noción más elaborada del mundo en el que viven, cultos, etc. Siempre se tendrá como opción verdadera y recurrida la libertad de cambiar de canal, así como un “dictador” o un gobernador regularmente más culto y más intelectual que la clase política media, tendrá la libertad de optar por la teoría política y sistema económico que más le convenga a su pueblo, quizás ciertos gobernantes han leído a Hayek y no están convencidos de él, el leerlo no es garantía de estar de acuerdo, tal vez podemos tener un libro o una “onda cerebral personalizada” de las obras completas de Mises y de Hayek, pero eso no garantiza que optemos por sus teorías con verdades, en todo caso el conocer dichas teorías es el primer paso para desecharlas.
    Suponiendo que dicha maquina existiera, no creo que el dilema fuese usarla o no, las decisiones éticas siempre salen sobrando en el neoliberalismo y sobre todo en cuestiones del mercado, realmente considero que el dilema seria cuanto se cobraría por este “conocimiento empaquetado” pues al fin y al cabo ¿No es la gran capacidad del neoliberalismo convertirlo todo en mercancía?

    Espero respuesta. Saludos

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