ESCUELA AUSTRIACA, NEUROECONONÍA Y NEUROLOGÍA COGNITIVA (IV)
26-6-10
Mauricio A.M. Vázquez
“Creo que los animales ven en el hombre un ser igual a ellos que ha perdido de forma extraordinariamente peligrosa el sano intelecto animal, es decir, que ven en él al animal irracional, al animal que ríe, al animal que llora, al animal infeliz.”
Frederich Nietzsche
A IMAGEN Y SEMEJANZA: RACIONALIDAD ANIMAL
Un grupo de científicos de la Universidad de Iowa, se propuso investigar el modo en que un grupo de chimpancés entrenados, se comportaba frente a asignaciones arbitrarias de retribuciones por las tareas que se les habían enseñado.
La contrapartida de la ejecución correcta de estas tareas era una recompensa basada en alimento. Para las rutinas sencillas el correlato era una manzana, y para aquellas de una dificultad mayor, una banana. Es importante resaltar en este punto, que estudios previos identificaron la capacidad de los chimpancés para asignar distintos valores relativos para cada una de las frutas 1 . Para el experimento en cuestión, las bananas eran percibidas como un estímulo superior que las manzanas.
Días antes del inicio del experimento, se mantuvo a los monos dentro de un régimen estricto con la intención de que se encontrasen más que predispuestos para la ejecución de las tareas y por supuesto, para el goce de las recompensas. Sin embargo, los científicos descubrieron con asombro que la conducta de los animales no era la esperada: se situó a dos de los chimpancés entrenados en la misma jaula. A ambos se los hizo ejecutar la rutina de mayor dificultad, por la que esperaban recibir la gratificación de una banana. Pero a uno se le entregó una manzana y al otro sí, la recompensa esperada. La sorpresa de los científicos devino de comprobar que el mono que había sido mal recompensado, a pesar del hambre de días, rechazaba la oferta y arrojaba la fruta fuera de la jaula.
El experimento fue repetido durante meses por el equipo de científicos con distintas parejas de monos. Los resultados estadísticos demostraron que en la mayoría de las oportunidades, el chimpancé decepcionado se comportaba como describimos anteriormente. Luego de haber comprobado una pauta regular de comportamiento, se pasó a utilizar un resonador magnético para percibir la actividad neuronal de los animales bajo experimentación. De esta manera se descubrió que ciertas zonas del cerebro se activaban especialmente cuando el animal percibía que se lo estaba mal recompensando. Dichas zonas cerebrales coincidían con las relativas a las emociones.
En resumen, el experimento demostró que los monos son capaces de rechazar gratificaciones -aún cuando el hambre extremo los induciría a lo contrario- si perciben que no se los está tratando con justicia.
Experimentos como el anterior -que muestran las similitudes del comportamiento de los monos con el de los seres humanos, supuestamente siempre racionales- fueron conduciendo a la reevaluación de algunos de los presupuestos de las ciencias que basan su preocupación en la toma de decisiones.
No es nada nuevo, para el común de la gente, el hecho de que en muchas circunstancias lo que nos conduce a determinada elección, no es una pauta racional, sino por el contrario, aspectos referentes a los justo/injusto, moral/inmoral, políticamente correcto/políticamente incorrecto, etc. Sin embargo, como decíamos al principio de este trabajo, el predominio del paradigma de la elección racional, reza que en situaciones como las enfrentadas por los chimpancés, un hombre racional hubiera preferido aceptar la manzana y mitigar su hambruna, que hacer prevalecer su orgullo. Todos sabemos que esto no siempre es así.
Con la intención de formular aportaciones empíricas de lo que para muchos es solo cuestión de sentido común, surge la nueva perspectiva de la neuro-economía.
“Tan capaz es nuestro entendimiento para entender las cosas altísimas y clarísimas de la naturaleza, como los ojos de la lechuza para ver el sol.”
Aristóteles
NEUROLOGÍA COGNITIVA: el Homus Œconomicus es un ser patológico
Antonio Damasio 2 , en su libro, “The return of Phineas Gage: Clues About the Brain from the Skull of a Famous Patient”, describe un importante caso sucedido en Gran Bretaña en 1648, qwue daría los primeros indicios de la existencia de una región del cerebro en donde se mezclan emociones y decisiones: Phineas Gage tenía 25 años y era el capataz de una cuadrilla que trabajaba para el ferrocarril. Su trabajo era tender una nueva línea férrea. Gage era considerado un hombre eficiente y capaz. Una mañana debían perforar una gran roca que impedía el tendido de la vía. Gage supervisaba el trabajo. En aquellos años, dinamitar una roca exigía un largo proceso. Primero, perforar un agujero en la roca, después rellenarlo hasta la mitad con pólvora, posteriormente se inserta una mecha y se rellena la pólvora con arena. Finalmente la arena ha de atacarse o apisonarse golpeando cuidadosamente con una barra de hierro. Una vez realizado este proceso se enciende la mecha y la pólvora explotará en el interior de la roca. Si no se pusiera arena la explosión tendría lugar hacia fuera, lo que sería peligroso y además no lograría el objetivo deseado de dinamitar la roca.
Una tarde Phineas estaba empeñado en preparar una explosión en la roca. Había ya colocado la pólvora y la mecha cuando alguien lo llama por detrás, se distrae y cuando vuelve a su tarea, olvida poner la arena y ataca la pólvora con la barra de hierro directamente. Se produce una explosión y la barra de hierro le atraviesa la cara -como queda reflejado en la figura- Gage sale disparado de espaldas, se convulsiona por unos momentos, pero él mismo se levanta y solicita ayuda. Es conducido al médico, y mientras el médico le examina, Phineas comenta a la gente cómo sucedió el accidente. Efectivamente, según ha quedado documentado en los anales médicos, Phineas no sólo sobrevivió al accidente sino que no se vio afectada su capacidad motora o verbal, se expresaba correctamente, y articulaba lógicamente el pensamiento. Naturalmente había perdido visión en su ojo izquierdo, pero con el derecho veía perfectamente. Sin embargo, algo había cambiado en Gage.
John Harlow, el médico que describe su caso en 1868, relata así las alteraciones producidas en Phineas:
"...era irregular, irreverente, cayendo a veces en las mayores blasfemias, lo que anteriormente no era su costumbre, no manifestando la menor deferencia para sus compañeros, impaciente por las restricciones o los consejos cuando entran en conflicto con sus deseos, a veces obstinado de manera pertinaz, pero caprichoso y vacilante, imaginando muchos planes de actuación futura, que son abandonados antes de ser preparados... Un niño por su capacidad intelectual y sus manifestaciones, tiene las pasiones animales de un hombre fuerte".
Antes del accidente Gage era un hombre comedido, con una mente bien equilibrada, muy capaz de llevar a cabo sus planes, organizado y bien considerado por la comunidad.
Después, se podría decir que echo a perder su vida. Y no por incapacidad física o intelectual, sino por su nuevo carácter. Fue despedido de todos aquellos trabajos en los que se empleó, trabajó en un circo exhibiendo su accidente y su herida, intentó nuevas aventuras todas fracasadas y terminó viviendo con su madre, dándose a la bebida y en malas compañías. Morirá a los treinta y ocho posiblemente de un ataque epiléptico.
¿Por qué esta historia fue interesante para la ciencia? Fue una de las primeras evidencias de la existencia de sistemas en el cerebro dedicados al razonamiento personal y social. Para el momento en que se produjo el hecho, la ciencia contemporánea no podía aceptar que una lesión cerebral pudiera modificar las convenciones sociales y morales, la capacidad de planear el futuro y de interactuar con sus semejantes y, sin embargo, mantener las funciones del razonamiento abstracto, del habla, y en resumen, del intelecto básico intactas.
Hoy en día, Damasio dedica su vida al estudio de casos como éste. Comparando el caso de Gage con el de otros pacientes suyos, con patologías cerebrales expuestas, llegó a la conclusión de la existencia de fuertes evidencias que prueban la relación del lóbulo frontal, principalmente en su región ventromediana, con, por una parte, el razonamiento social y personal, la toma de decisiones en contextos reales y en general el valerse por uno mismo en medios sociales complejos, pero por otra, con el sentir emociones y sentimientos.
Por ejemplo, un paciente que Damasio denomina Elliot y al que considera un Phineas moderno, a raíz de un tumor cerebral que le afectó a la región ventromediana del lóbulo frontal, experimentó una transformación de su carácter parecido al que experimentara Gage. Aunque no era tan irreverente ni con tan malos modos como Phineas, igualmente perdió la capacidad de sacar su vida personal y social adelante. Se volvió irresponsable en el trabajo, inconstante, incapaz de darse cuenta de lo importante, incapaz de llevar a cabo con éxito sus planes e iniciativas. Otro rasgo sumamente importante que había sido alterado era su capacidad para sentir o tener emociones. Era capaz de contar su historia con tal distancia y desafectación que parecía que contaba la historia de otro. Sus emociones eran frías y planas aun cuando se enfrentaba a, y sabía que, ciertas circunstancias o experiencias debería hacerle sentir profundamente.
Ambos, tanto Elliot como Gage, eran muy inteligentes y después de su accidente o enfermedad conservaron intactos todos los instrumentos necesarios para el comportamiento racional (conocimiento perceptivo, atención, memoria, habilidad ligüística, etc.), pero eran incapaces de tomar decisiones, de cumplir programas y planes de trabajo. Carecían de algo que completa a la mente racional, el sentimiento que acompaña a la representación de la ejecución de un acto. Otros casos clínicos corroboraron lo mismo.
En este punto la pregunta es obvia: ¿cuánto influyen las emociones, las experiencias pasadas, la interacción social y los sentimientos, en la toma de decisiones y en la racionalidad? ¿Las tradicionalmente enfrentadas pasión y razón, conviven en los mismos sistemas cerebrales? ¿Cuáles son, entonces, los componentes básicos de la decisión en la vida real?.
Las preguntas anteriores, responden a un contexto. Por difícil que parezca creerlo, la división entre razón y pasión, cerebro y corazón son el resultado de la evolución de un tipo de cultura: la occidental. El origen de esta dicotomía (ahora demostrada falsa) puede rastrearse a la inmersión del cristianismo en el pensamiento griego, surcando todo el renacimiento y consolidándose recién en el barroco, con la filosofía de René Descartes. Este filósofo fundamenta su obra, resumida en la máxima cogito ergo sum, en la división del mundo en dos sustancias: la mental y la extensa. Antes de Descartes, lo que conocíamos no eran las cosas, objetos externos que componen el mundo, sino que el objeto de nuestro conocimiento eran representaciones mentales de las cosas que ocurrían en nuestra alma.
La consecuencia de toda la investigación cartesiana (al igual que la de Blaise Pascal con sus “razones del corazón”) fue, en primer lugar, presentar el individuo, principalmente como mente, como razón y dejar como algo separado el cuerpo y las pasiones, que pertenecían exclusivamente a éste último. El cuerpo se rige por las leyes mecánicas de la nueva ciencia, era un puro mecanismo. El alma es libre y puede (y debe) gobernar el mecanismo al igual que un piloto en la nave -como ya dijera Platón-. La tradición cartesiana que ha concebido el conocer como conocer ideas, que ha separado la mente del cuerpo y que ha primado unos cánones de racionalidad lógica-deductiva o científico-experimental conforma nuestra manera de enfrentarnos al conocimiento de la realidad.
Ya hemos visto como este punto de vista plantea más problemas que respuestas y también que no facilita una comprensión global del ser humano y su mundo. Los casos de estudio que veíamos en el punto anterior ponen de manifiesto "el Error de Descartes".
Este es el error de Descartes: “La separación abismal entre el cuerpo y la mente, entre el material del que está hecho el cuerpo, medible, dimensionable, operado mecánicamente, infinitamente divisible, por un lado, y la esencia de la mente, que no se puede medir, no tiene dimensiones, es asimétrica, no divisible; la sugerencia de que el razonamiento, y el juicio moral, y el sufrimiento que proviene del dolor físico o de la conmoción emocional pueden existir separados del cuerpo. Más específicamente: que las operaciones más refinadas de la mente están separadas de la estructura y funcionamiento de un organismo biológico". (Damasio, 1996:38)
Las conclusiones de los estudios efectuados por Damasio resaltan la relación que tiene la maquinaria neural básica (que dispone de circuitos de evaluación innatos y de impulsos e instintos) con nuestros órganos cerebrales modernos que se encargan de representar la experiencia adquirida. El ser humano necesita de las emociones y los sentimientos como alarmas frente a experiencias pasadas desagradables y como invitaciones hacia otras más convenientes. “Sin duda nuestra evolución cultural y nuestro potente desarrollo de la conciencia, que se desarrolla recursivamente, parece poder liberarse de estos circuitos antiguos, sin embargo, nuestro sistema emocional sigue funcionando casi inconscientemente e interfiriendo o favoreciendo nuestro pensamiento racional y nuestra toma de decisiones 3 .”
Las patologías que encuentra Damasio en los casos de Gage o Elliot señalan la existencia de circuitos prefrontales dañados, lo que les impide evaluar sus estados corporales, y lo que inhabilita a sus sistemas emocionales para alertarlos de los peligros o de los caminos inconvenientes. Disponen únicamente de su racionamiento lógico para tomar decisiones. Nada los predispone contra las alternativas de acción erróneas; sus decisiones están libres de emociones y experiencias pasadas.
¿Cómo funciona, entonces, la toma de decisiones en la mayoría de las personas que no sufren de las patologías de Elliot y Gage? Los sentimientos se disparan cuando consideramos resultados negativos de una acción. Y desechamos, entonces, esa posibilidad. Los sentimientos, las emociones y las experiencias pasadas aumentan la precisión y la eficacia de nuestros razonamientos, mientras que su ausencia, como se demuestra en los casos estudiados, las reduce. En la toma de decisiones, concluye Damasio, terminan pesando notablemente las heurísticas. Éstas son “sugerencias no conscientes adquiridas de la experiencia que permiten agilizar la representación del problema o detectar soluciones al mismo” 4 .
A las mismas conclusiones llegan en 1973 Amos Tversky y Daniel Kahneman en el artículo "Availability: A Heuristic for judging frecuency and probability" (Cognitive Psychology, 1973) en donde demuestran fallos considerables en el razonamiento objetivo puro. En 1992 Stuart Sutherland prueba que la racionalidad para su eficacia necesita de otros mecanismos, sobre todo de índole afectivo-emocional.
Según Damasio, “para tomar adecuadamente cualquier decisión intervienen varias estructuras cerebrales. En primer lugar, algunas zonas de la corteza prefrontal (sobre todo la ventromedial), algunas estructuras del sistema límbico (la amígdala y la corteza cingulada) y las áreas somatosensoriales de la corteza (encargadas de cartografiar e integrar las señales procedentes del estado somático visceral y musculoesquelético). El punto de encuentro o lugar donde se reciben "las señales de toda la plana mayor de la Agencia de Normas y Medidas" es el sector ventromediano de la corteza prefrontal. 5 ”
Se ha determinado que en los segundos previos a la toma de una decisión en el ámbito personal o social, se produce una descarga autonómica leve, probablemente gatillada por la "corteza prefrontal", que alerta al individuo y sugiere un curso de acción, que posteriormente se complementa con la cognición. Esta pulsión, de proceso subconsciente, se genera en regiones que almacenan información acerca de situaciones similares vividas en el pasado.
A las mismas conclusiones, en el ámbito nacional, llega Facundo Manes 6 , en una nota publicada por la revista Noticias el 7 de agosto de este año:
- Noticias: El Premio Nóbel de Economía Gary Becker, padre de los "Chicago Boys", sostenía que las personas analizan las distintas opciones que se les presentan y eligen aquellas que van a maximizar sus beneficios. ¿Es tan racional el proceso?
- Manes: Por supuesto que no. El razonamiento facilita el proceso de toma de decisiones, pero a menudo está guiado por las emociones. Es más: durante años, el grupo de Antonio Damasio postuló que una región de la base del cerebro, la orbitofrontal, era crítica para tomar decisiones porque tenía una relación íntima con los centros emocionales, como la amígdala.
- Noticias: Es la contracara de Becker: Damasio le estaría asignando casi todo el peso de la decisión al componente emocional.
- Manes: Sí. En su libro "El error de Descartes", Damasio sostenía que en la vida cotidiana uno no tiene tiempo de racionalizar todas las decisiones. Si estoy en una oficina y tengo que decidir en diez segundos entre atender a una persona o la otra, prevalece la experiencia emocional o las vivencias previas por encima del razonamiento.
De hecho, Manes sustenta sus conclusiones con un test que denomina Iowa Mental Gambling. En este ensayo, los sujetos deben seleccionar cartas desde cuatro mazos, y su objetivo es juntar la mayor cantidad posible de dinero. Lo que los participantes no saben es que hay dos mazos "riesgosos", el A y el B, que permiten ganar sumas grandes de golpe. El problema es que dan una recompensa inmediata, pero a la larga se pierde. Los otros dos mazos, el C y el D, tienen cartas más seguras: dan pequeñas ganancias aunque, en el largo plazo, permiten acumular más.
Los sujetos que Manes denomina como “normales” perciben la existencia de los dos mazos hacia el intento número cincuenta, y se mantienen entonces, entre los mazos seguros (C y D) tomando, cada tanto, un cierto riesgo de los mazos A y B. Lo sorprendente es que los individuos con déficit en la región frontal, no dejan de apostar a los mazos riesgosos.
Otro experimento llevado a cabo por Manes, demuestra la importancia de la percepción de los justo/injusto a la hora de tomar decisiones: Supongamos que alguien recibe 10 pesos y en lugar de compartirlo con usted, le ofrece 1 ó 2 y él se queda con el resto. Si usted dice que "no", los 10 pesos se destruyen y pierden los dos. Utilizando otra vez un resonador magnético funcional, científicos norteamericanos comprobaron que las personas son capaces de rechazar propuestas de dinero y quedarse sin nada cuando consideran que la oferta es injusta.
- Noticias: Un economista clásico hubiera dicho que "aceptar algo es mejor que nada".
- Manes: Claro, pero los seres humanos, frente a la percepción de una injusticia, activamos una zona cerebral que se asocia al disgusto (la ínsula) y preferimos sacrificar ganancias materiales para "castigar" ofertas desleales7 . Aquí las emociones juegan un rol central en el proceso de decisión.
- Noticias: ¿Hay algún rasgo cerebral que, en cambio, se asocie a la frialdad para decidir?
- Manes: Nuestra hipótesis es que justamente las personas con algún déficit en la región frontal del cerebro pueden tomar mejores decisiones en situaciones de riesgo, porque logran una disociación entre lo cognitivo y lo emocional. Toman apuestas impensadas sin que se les mueva un pelo. Por eso queremos estudiar el cerebro de políticos, brokers de Bolsa, controladores de vuelo o ejecutivos exitosos. Yo pienso que para decidir bien en contextos críticos hay que ser un poco "frontalizado" o psicopático.
La conclusión principal de este apartado, es que la ciencia moderna puede postular con cierto grado de corroboración empírica, que la mayoría de las personas “normales”, como las llama el propio Manes, están constantemente influenciadas por las emociones, los sentimientos y, sobretodo, por la experiencia pasada construida en la interacción social recurrente en el contexto de determinada cultura, al momento de la toma de decisiones.
Solo aquellas otras, con limitaciones o patologías en las áreas frontales del cerebro; aquellas que Manes denomina “frontalizadas”, son capaces de comportarse de manera puramente racional, como postula el paradigma del Homus Œconomicus. Pero estos casos son solo excepciones y no una generalidad.
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1. En la edición especial del 2004 de la revista Nature, los neurocientíficos de la Universidad de Nueva York, Michael L. Platt y Paul W. Glimcher, han aportado evidencias de un mecanismo real de toma de decisiones, del tipo defendido por los científicos sociales, en los cerebros de monos. Estos hallazgos plantean la posibilidad de que los mecanismos biológicos, que pueden estar influyendo en el comportamiento complejo y a veces impredecible de los animales vivientes hayan sido identificados. Platt y Glimcher han encontrado neuronas en el córtex parietal de los monos que, aunque antes se pensó que transformaban las señales visuales en movimientos ópticos en forma reflexiva, realmente portan información sobre la cantidad de compensación que un mono espera recibir al realizar el movimiento. Los especialistas han observado que la actividad de estas neuronas no era predecible simplemente por la apariencia del mundo visual, sino que reflejaba el valor que el mono concedía al movimiento. La investigación científica demuestra ahora que las teorías de la toma de decisiones desarrolladas por los sociólogos presentan una alternativa biológica al reflejo cartesiano. Revela que las neuronas en el córtex parietal portan señales correlacionadas tanto con la posibilidad de que la respuesta a un movimiento concreto de ojos reportará un zumo de frutas en recompensa y como la cantidad de recompensa que cabe esperarse.
2. Antonio R. Damasio ocupa la cátedra M.V. Van Allen de la facultad de Medicina de la Universidad de Iowa, cuyo departamento de neurología dirige. Es también profesor adjunto del Instituto Salk de Estudios Biológicos en San Diego. Nació en Portugal y se licenció y doctoró en Medicina en la Universidad de Lisboa.
3. http://www.ucm.es/info/pslogica/mente
4. http://www.ucm.es/info/pslogica/mente
5. García Vega, Luis. “100 años de la ley del efecto a la inteligencia emocional.” Facultad de Psicología, Universidad Complutense.
6. Graduado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, Argentina (Medico) y en la Universidad de Cambridge, Inglaterra (Master in Sciences). Como estudiante de medicina recibió el premio "Neurociencias 1992" otorgado por la Asociación Medica Argentina por su trabajo de investigación: "El rol del cuerpo calloso en la trasferencia ínter hemisférica cerebral". En la actualidad se desempeña como jefe de la sección Neurología Cognitiva del Instituto de Investigaciones Neurológicas Raúl Carrea -FLENI-. Su área de investigación es la neurobiología de los procesos mentales, (particularmente los mecanismos neurales involucrados en la memoria, conciencia, planificación y toma de decisiones) con especial interés en el rol de la emoción y de la corteza prefrontal en la toma de decisiones, en la reserva cognitiva de los pacientes con estado vegetativo persistente y en los mecanismos neurales involucrados en la memoria autobiográfica y en la consolidación de la memoria a largo plazo.
7. Véase, sección: A imagen y semejanza: irracionalidad animal.
Lea aquí la 1ª parte del artículo: ESCUELA AUSTRIACA, NEUROECONOMÍA Y NEUROLOGÍA COGNITIVA (I)
Lea aquí la 2ª parte del artículo: ESCUELA AUSTRIACA, NEUROECONOMÍA Y NEUROLOGÍA COGNITIVA (II)
Lea aquí la 3ª parte del artículo: ESCUELA AUSTRIACA, NEUROECONOMÍA Y NEUROLOGÍA COGNITIVA (III)
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