ESCUELA AUSTRIACA, NEUROECONOMÍA Y NEUROLOGÍA COGNITIVA (I)

27-4-10

Mauricio A. M. Vázquez

 

 

"Dijo Tennyson que si pudiéramos comprender una sola flor sabríamos quiénes somos y qué es el mundo."

 

Jorge Luis Borges

 

 

Descubriendo la ignorancia

 

  Quisiera empezar esta investigación, con una advertencia para el lector: si bien en el ensayo que expondré a continuación, me asiré en gran medida de conceptos y vocabulario económico, no será la Economía Política, en sí misma, la materia de nuestra empresa.

 

  Mi objeto de estudio, en este caso en particular, será la Racionalidad; y las variantes que dicho concepto ha sufrido, de manos de dos diferentes paradigmas: La Escuela Neoclásica y La Escuela Austriaca de Economía.

 

  Así mismo, expondré un compendio de evidencia empírica que la neuroeconomía -un campo de estudio en ciernes- ha recolectado en estos últimos años, y afirmaré que dicha evidencia, puede ser considerada como un aumento de contenido empírico importante a fin de señalar la progresividad del programa científico de investigación austriaco, en el sentido que Imre Lakatos dio a dicho concepto.

 

  Me gustaría también en esta Introducción, poder dar cuenta del proceso que llevó a que este trabajo tomara la forma que el lector puede evidenciar en este momento. Y esto porque de algún modo se puede decir, que la tesina en sí misma, podría considerarse una especie de corroboración de algunos de los supuestos que desarrollaremos en ella.

 

  La primera aproximación a la preocupación sobre la racionalidad, surgió a partir de una experiencia personal crítica, y el comentario de un especialista en psicología, tras ella. A partir de entonces, comencé a estar alerta, sobre el problema de la racionalidad; sobre qué implicaba este concepto en la práctica cotidiana, y cuanto se acercaban a ésta las teorizaciones que podía manejar en aquellos últimos años de mi carrera de grado.

 

  Algún tiempo después, la revista NOTICIAS, publicó una nota (la cual encontrarán parcialmente reproducida en uno de los apartados de este trabajo), en donde uno de los principales directivos del Departamento de Neurología del Instituto FLENI, el Dr. Facundo Manes, comentaba una serie de descubrimientos del campo neurológico, que serían de enorme importancia para el desarrollo de un proyecto de investigación al que se llamó neuroeconomía.

 

  De este modo, en el año 2004, presenté un primer ensayo monográfico, en donde pretendía señalar, con más intención que éxito, debo confesar, la peligrosidad inmanente a lo que en Relaciones Internacionales se conoce como El Paradigma de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD). Afirmaba entonces, que dicho paradigma estaba excesivamente influido por una noción de racionalidad que difícilmente podía encontrarse en la realidad, y que sin embargo, era el supuesto base sobre el que se había sostenido “la paz” mundial, durante la así denominada, Guerra Fría.

 

  El resultado de la exposición de aquél primer trabajo, fue algo desilucionante, pero del mismo modo enriquecedor: recibí aproximadamente treinta y cinco minutos de críticas de los estudiantes presentes (en su mayoría futuros Licenciados en Ciencia Política, Sociólogos y Comunicadores Sociales). Un gran número de dichos comentarios, se centraba en un recelo casi dogmático, a los aportes que las Ciencias Naturales podrían hacer a nuestra área de estudio. Una especie de “venganza apriorística”, pareció surgir de aquél estudiantado, por el desprecio que las Ciencias Sociales habían sufrido, por parte de quienes se arrogan el título de defensores de las “Ciencias Duras”. De algún modo, era comprensible.

 

  De todos modos, entre toda aquella batería de recriminaciones, ciertos comentarios me resultaron de enorme utilidad. Entre aquellos aportes me gustaría resaltar los del Lic. Juan Battaleme, por aquél entonces, profesor de la materia de “Relaciones Internacionales Contemporáneas”, en donde presenté el ensayo.

 

  Años más tarde, y ya dentro de la Maestría en Ciencias del Estado de UCEMA, volví a sentir la necesidad de retomar este tema. Cursaba en aquél momento la materia “El Arte de Hacer Política”, y de algún modo intuía que el problema de la Racionalidad subyacía a mucho de lo que se conoce como Realismo Político. También entonces presenté un breve compendio de ideas, en donde volvía a insistir con la evidencia empírica propuesta por la neuroeconomía, pero señalando en esta ocasión, la importancia de los contextos culturales a la hora de poder intentar un acercamiento empático con la racionalidad de los otros, ya sean estos líderes políticos rivales, enemigos, o aliados. De esta ocasión, siento la obligación de señalar los ricos comentarios efectuados por el Lic. Vicente Massot.

 

  Finalmente, esta investigación adquiriría su formato actual gracias a la fortuna de haber conocido al Dr. Gabriel Zanotti. Mediante su inestimable guía, comencé a introducirme en un paradigma totalmente desconocido para mí, como el austriaco, y descubrí con grata sorpresa, que muchos de los interrogantes epistemológicos y filosóficos que rodeaban a mis preocupaciones, habían sido abordados por autores de la talla de Mises, Hayek, Popper, y otros. Descubrí entonces -e insisto conscientemente en el uso de este verbo- que había mucho que no sabía, pero que sobretodo, había mucho que ni siquiera sabía que no sabía.

 

  Y es un poco por todo este cúmulo de circunstancias, que decía que la tesina en sí misma, aporta evidencia a las afirmaciones que haré luego, sobre la importancia de los procesos de descubrimiento, de las intuiciones, de las conjeturas, del azar, de la pasión y del conocimiento limitado de todo ser humano, para comprender el “hecho racional”, de llevar a cabo una investigación de este tipo.

 

  Por último me gustaría volver sobre la frase del epígrafe: el hombre ha viajado al espacio, se ha sumergido en las profundidades del océano, ha escalado las montañas más altas, pero aún sigue sin poder dar respuesta a sus preguntas más básicas; preguntas que son comunes de algún modo a todas las ciencias, y a toda la filosofía.

 

  En este sentido, estoy convencido de que como muchos han afirmado, este siglo será “el siglo del cerebro”, el cual, cómo la flor de Tennyson, se convertirá pronto en el alfa y omega en la búsqueda de aquellas respuestas a preguntas tan humanas.

 

  Aún así, creo que probablemente, tampoco allí encontremos lo que buscamos… ¿pero quién se animaría a asegurar qué podríamos llegar a descubrir en el proceso?

 

 

 

 

“Si no chocamos contra la razón nunca llegaremos a nada”

 

Albert Einstein

 

 

DANDO VIDA AL HOMO ŒONOMICUS: genealogía de un concepto sobreviviente

 

 

  Podríamos empezar nuestra investigación, intentando dar cuenta del origen del concepto de Homo Œonomicus. Si quisiéramos hacer una genealogía de esta constructio, podríamos decir que la misma es el producto de la marcada impronta del Iluminismo, en los orígenes de la Ciencia Económica, a mediados del Siglo XIX.

 

  Tal vez sea un lugar común, pero no por eso menos necesario, el decir que para el Iluminismo, La Razón representaba un ideal supremo mediante el cual el hombre podría lograr la felicidad. Sin la razón, dirá Immanuel Kant, es imposible alcanzar la Ilustración, entendida esta como “[…] la salida del hombre de su minoría de edad […] La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. (Kant, 1999:63)

 

  En el contexto del imperio de un concepto de Razón tan apreciado, el Homo Œonomicus se convirtió en el modelo arquetípico del hombre racional; cuya característica principal, es su supuesta capacidad para tomar decisiones eficientes, abstrayendo cualquier tipo de influencia de pasiones, “[…] fenómenos mentales, intenciones, deseos y creencias, y de otras características tales como el sexo, la raza, edad; por tanto, carece de toda valoración originada en el contexto. (Leriche Guzman, Caloca Osorio, 2005: 102).

 

  Así, el Homo Œonomicus, es postulado como una especie de máquina que recibe datos del mundo exterior, que interpreta esos datos, y que luego decide en función de estos, logrando en el proceso un grado de eficiencia supremo, que en lo sucesivo llamaremos “maximización”. Junto a esta eficiencia, el postulado del Homo Œonomicus, también supone, entre otras características que profundizaremos luego, una coherencia lógica extrema, que se traduce en la ausencia total de contradicciones al momento de elegir.

 

  Siguiendo a Blaug descubrimos que uno de los primeros aportes para la construcción del concepto de Homo Œonomicus, parte del ensayo de J. S. Mill1 , On the Definition of Political Economy, de 1836. (Blaug, 1980:80) En dicho ensayo, el filósofo y economista británico nos dice:

 

“[…] la ciencia procede… bajo el supuesto de que el hombre es un ser destinado, por naturaleza, a preferir en todos los casos más riqueza a menos riqueza, sin otra excepción que la que constituyen las dos contramotivaciones ya mencionadas (se refiere a la aversión al trabajo y el deseo de goce presente de costosos placeres) 2 Y no es que economista alguno haya sido nunca tan absurdo como para suponer que la Humanidad está realmente constituida por tales seres, sino porque ésta es la forma en que la ciencia ha de proceder necesariamente. […] No existe, quizás, acción alguna en la vida del hombre en la que éste no se encuentre bajo la influencia, directa o remota, de algún impulso distinto al del deseo de riquezas. La Economía Política no pretende que sus conclusiones sean aplicables a estos aspectos de la conducta humana en los que el deseo de riquezas no constituye la motivación principal.”

 

 

  Es importante resaltar, que Mill es contundente al señalar que sería absurdo el creer que la humanidad está constituida por seres de las características atribuidas al Homo Œonomicus. Lo que sí está sugiriendo, es que debieran abstraerse ciertas motivaciones económicas, como la de la maximización de la riqueza, mientras que se debieran tener en cuenta simultáneamente la presencia de motivaciones no-económicas, como las costumbres y los hábitos, incluso en aquellas esferas de la vida que entran dentro del campo normal de la economía.

 

  En definitiva, dirá Blaug, Mill trabaja sobre la base de un <>. Diferente es el Planteo de Senior 3 , quien trabaja sobre la base de un <>, que se comportará de la manera que se le atribuye al Homo Œonomicus, según ciertas restricciones; doctrina que según Blaug, Senior “mantuvo durante toda su vida a pesar del ensayo de Mill y que es también el punto de vista adoptado posteriormente por Alfred Marshall y nos atreveríamos a decir que el adoptado por todos los economistas contemporáneos. (Blaug, 1980:81)

 

  Como oportunamente explicará Zanotti 4 , para Senior los axiomas no son hipotéticos, sino verdaderos, puesto que éstos expresan para él cierta conexión con hechos evidentes, ya sea por observación, ya por una evidencia de tipo “mental”. (Zanotti, 1996:8) Por tanto, lo que Senior considera como un axioma con sustento empírico, es decir el axioma que postula que las personas tratarán de conseguir la mayor cantidad de “riqueza” posible (lo que hoy se conoce como principio de maximización) es para Mill, en cambio, el más claro ejemplo de “hipótesis asumidas” (supuestas). Y esta diferenciación, es la que apoya lo enunciado anteriormente por Blaug, con referencia a la distinción entre el <> de Senior y el <> de Mill.

 

  Para Senior, podemos tomar el tipo de conducta esperable del Homo Œonomicus, como la normal para las personas, en ausencia de causas perturbadoras. Como afirmaremos más adelante, lo que para Senior son “causas perturbadoras”, representan en realidad, el modo normal en que todo individuo toma decisiones y se conduce en su vida diaria 5 .

 

  Por su parte Neville Keynes 6 , defiende fuertemente la concepción realista del Homo Œonomicus, puesto que según él, en las condiciones del mundo moderno el comportamiento maximizador y tendiente a defender los propios intereses, predomina por sobre acciones altruistas o benevolentes. Sin embargo, reconoce el autor, no se ofrece evidencia empírica más que casual, para defender dicha proposición, de modo tal que aquellas circunstancias que parecen contradecir la hipótesis del Homo Œonomicus, son simplemente consideradas excepciones a la regla, aún cuando cualquier economista pueda sentir la necesidad de tener en cuenta, factores como la costumbre, el amor a la patria, la inercia, y otros condicionantes que no forman parte del modelo de este tipo de hombre ideal. (Blaug, 1980:104)

 

  En resumen, como hemos enunciado hasta el momento, dirá Blaug:

 

  • Mill insistió sobre la idea de que el Homo Œonomicus era una simplificación hipotética que aislaba un conjunto seleccionado de motivaciones que de hecho influyen sobre la conducta económica, 
  • Senior, estaba en esta cuestión más cerca de la idea moderna de que se trata simplemente de un postulado de racionalidad, un supuesto de comportamiento maximizador sujeto a ciertas restricciones […], 
  • y posteriormente el Homo Œonomicus ha sido considerado de formas diversas: como un axioma, como una verdad apriorística, como una proposición obvia, como una ficción útil, como un tipo ideal, como una construcción heurística, como un hecho indiscutible de nuestra experiencia y como el esquema típico de comportamiento humano bajo el capitalismo. (Blaug, 1980:104)

 

 

  Lo importante, para cerrar esta primera etapa de nuestra investigación, es que como justamente señalaba Senior en su obra, el riesgo para un autor que trabaja sobre premisas arbitrarias (y como explicaremos más adelante, los postulados que forman el concepto de Homo Œonomicus, así son) es que de tanto en tanto puede olvidarse del origen real de estas premisas, y comenzar a razonar como si fueran verdaderas. (Zanotti, 1996:8)

 

  Creemos que en gran medida, es justamente esto lo que ha ocurrido. El concepto de Homo Œonomicus, ha sido tan utilizado, que es difícil encontrar autores que realmente señalen o hagan hincapié en su procedencia. Para muchos, es un lugar común al que vuelven al momento de teorizar, puesto que como explicaremos a continuación, las características que se le presuponen al Homo Œonomicus, son imprescindibles para poder dar cuenta del Equilibrio, dentro del paradigma neoclásico.

 

 

 

1.John Stuart Mill (Londres, 1806-Aviñón, Francia, 1873) Economista, lógico y filósofo británico. Hijo del también economista James Mill, fue educado de forma exclusiva por éste según los estrictos principios del Emilio de Rousseau. Políticamente mostró siempre un gran entusiasmo por la forma democrática de gobierno atemperado por el pesimismo sobre la incidencia real en el bienestar social de su práctica. Sus trabajos sobre lógica y metodología de las ciencias revistieron gran importancia en su tiempo, fundamentalmente mediante su búsqueda constante de un principio válido para la inferencia de leyes generales; tras los pasos de Hume, Mill definió la causalidad como un proceso empírico falsable que denominó «inducción por enumeración».

 

2. El paréntesis es nuestro.

 

3. Nassau William Senior (1790-1864). Senior fue el primer profesor de Economía Política en Oxford. Fue uno de los más influyentes economistas y reformadores del siglo XIX, que actuó en varias ocasiones como asesor del gobierno británico. Fuente: http://www.eumed.net/cursecon/economistas/senior.htm

 

3. Gabriel Zanotti es Doctor en Filosofía (UCA), Director del Departamento de Investigaciones de ESEADE y autor de numerosos libros, ensayos y artículos periodísticos. Su largo curriculum puede observarse en: http://fce.ufm.edu/ProfesoresInvitados/Zanotti/curriculum.htm

 

5. Es importante afirmar, tal cual Blaug, que en la obra de Adam Smith el Homo Œonomicus está totalmente ausente. Si bien para Smith los hombres actúan según su propio interés, este no es comprendido únicamente como orientado a fines pecuniarios, sino enormemente influido por cuestiones de honor, ambición, estima social, o incluso pasión. (Blaug, 1980:81)

 

6. John Neville Keynes, 1852-1949. Padre de John Maynard Keynes y amigo personal y compañero de Alfred Marshall. Son sus trabajos sobre historia, metodología y teoría económica, reconciliando las escuelas clásica y neoclásica lo que lo convierte en un precursor de los marshallianos de Cambridge

 Lea aquí la 2ª parte del artículo:  ESCUELA AUSTRIACA, NEUROECONOMÍA Y NEUROLOGÍA COGNITIVA (II)

  Lea aquí la 3ª parte del artículo:  ESCUELA AUSTRIACA, NEUROECONOMÍA Y NEUROLOGÍA COGNITIVA (III)

 


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