SOBRE EL LIBERALISMO Y EL CATOLICISMO

Daniel Ballesteros Calderón

 

Las relaciones entre el liberalismo y el catolicismo han sido siempre difíciles. Los motivos van más allá de los agravios materiales que sedicentes liberales cometieron contra la Iglesia Católica, o del supuesto desplazamiento de su influencia. Los verdaderos motivos de este desencuentro son más hondos y han de buscarse en las raíces intelectuales del liberalismo, furibundamente individualistas y por tanto sometidas a errores intelectuales fundamentales.

 

  El liberalismo es un sistema filosófico-económico-político que considera que la acción individual en un entorno legal respetuoso con los derechos naturales a la vida, el ejercicio de la libertad y la propiedad privada, permite maximizar el bienestar social. El liberal se propone dilucidar qué medios son más eficaces (principios éticos, costumbres sociales –morales-, derechos positivos y estructuras de gobierno) para garantizar aquellos derechos y así incrementar el bienestar social.

 

  El origen de este término se sitúa usualmente en el partido doceañista español; sin embargo como bien afirma Hayek en “Los Fundamentos de la Libertad” 1 , es empleado con anterioridad por Adam Smith en alguno de los pasajes 2 de “La Riqueza de las Naciones”. Atendiendo al ideario y no al término, se considera a los whig escoceses del siglo XVII, constitucionalistas y parlamentaristas, como los primeros “liberales”; sin embargo la Escuela de Salamanca española del siglo XVI y XVII se adelantó a la explosión de ideas consideradas posteriormente como “liberales” que tendría lugar en la Europa occidental en el siglo XVIII.

 

  Cada intelectual liberal elabora sus ideas concretas sobre la economía 3 y la política 4 partiendo de una antropología que describe una mecánica de acción individual y de los agregados sociales. Al respecto, si un liberal considera que el individuo libre es a su vez miembro de una sociedad de hombres libres, si considera que está dotado de unos derechos naturales, si entiende el papel de la moral y la ética en las sociedades, etc. entonces el liberalismo estará bien orientado y sus recomendaciones serán pragmáticas y/o éticamente buenas.

 

  Si la antropología empleada por un intelectual liberal describe a un hombre autista desconectado del resto de seres humanos, aquél acabará considerando irrelevante la moral, y valorando como ética toda conducta humana por aberrante y dañina que sea por el mero hecho de ser fruto del ejercicio de la libertad individual. Es un gravísimo error poner el ejercicio de la libertad, (la puesta en práctica de la voluntad), como fuente ética de una acción, sin tener en cuenta que la bondad o la maldad (la eticidad) de una acción depende de la intención de la voluntad ordenada a la razón: es decir, si se sabe que una acción sólo ocasionará daños a uno mismo o a otros individuos, esa acción es antiética. Una acción que tiene consecuencias negativas (drogadicción o suicidio) es antiética y por tanto mala, independientemente de que sean fruto del ejercicio de la libertad individual. Evidentemente una ideología errada en su base antropológica, capciosa en su desarrollo y nihilista en sus consecuencias como ésta no puede denominarse liberal.

 

  Lamentablemente este último tipo de “liberalismo”, que podríamos llamar “de sal gorda”, fue mayoritario durante los siglos XVIII, XIX y XX, a lo que hay que añadir que no pocos individuos se autodefinieron como “liberales” (por ejemplo Riego, Mendizábal, Espartero o Madoz) con el objeto de imbuirse del prestigio de la palabra, siendo su ideario o sus actos profundamente hostiles incluso con las convenciones más elementales del liberalismo, como son el respeto a la vida, el ejercicio de la libertad, la propiedad privada o el imperio efectivo de la ley.

 

  Esta instrumentalización política del término causó una profunda degeneración de su significado, de forma que actualmente el término “liberalismo” denomina en EEUU la ideología que en Europa llamaríamos socialismo. Muy pocos conceptos han padecido un manoseo semántico tan profundo, capaz de alterar su significado primigenio hasta dejarlo irreconocible (si acaso sólo “democracia”, “libertad” e “igualdad”).

 

  Por consiguiente, no es de extrañar que el mundo católico tenga al liberalismo por una doctrina hostil a la fe, amoral y profundamente antisocial; sobremanera cuando la misma Iglesia Católica padeció un interminable rosario de injusticias, crímenes y agresiones por parte de sedicentes liberales.

 

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1. Friedrich A. Hayek, Los Fundamentos de la Libertad, nota al pie p. 518, Union Editorial, 2008.

2. “El sistema liberal de libre exportación e importación” en W. o N., II, p.41, y “permitiendo a todo hombre la persecución de su propio interés bajo el plano liberal de la igualdad, la libertad y la justicia”, Ibíd.., p.162

3. Es la ciencia que estudia cómo satisfacer eficientemente los fines humanos, empleando unos medios escasos en relación con ellos. También puede definirse como la ciencia que estudia la producción, distribución y consumo de bienes y servicios. También como hacía Lionel Robbins en su obra de 1932 “An Essay on the Nature and Significance of Economic Science": “the science which studies human behaviour as a relationship between ends and scarce means which have alternative uses”

4. Ciencia que estudia qué medios son más adecuados para maximizar el bienestar social.

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