HIPERRACIONALISMO, VERSIÓN 2010
2-6-10
Daniel Ballesteros
A. Esplugas reivindica en este artículo las siguientes cosas (señalo en negrita las más llamativas):
"La poligamia, la poliandria, la prostitución, las orgías, el sadomasoquismo, porno infantil creado digitalmente, la promiscuidad, la negación del Holocausto, las ideas racistas, el insulto, los símbolos franquistas, la quema de banderas, la venta y el consumo de drogas, el nudismo, el suicidio y la eutanasia, fumar, comer grasa saturada, la barra libre y el happy hour, la violencia en el cine, los toros, la caza y la pesca, mofarse de Mahoma en unas viñetas, negar el cambio climático, gastarse 150 euros en una cena, contratar una madre de alquiler, pagar a un donante de riñón, trabajar para un hedge fund, cobrar un bonus de 2 millones, apostar, educar en casa, ser miembro de una secta, mendigar, hacer streaptease en un escaparate de Preciados, enseñar diseño inteligente, ser un hombre-anuncio, llevar burka, hacer topless en la playa, cubrirse con un velo".
Pero él, curtido en mil debates, hace una puntualización.
"No pretendo equipararlas, sólo son ejemplos de actividades sin víctimas que unos u otros quieren prohibir porque les desagradan o repugnan".
Menos mal que no las equipara, me lo había parecido... uf, qué susto.
Por otro lado estamos ante el eterno retorno a la falacia del crimen sin víctima. Por favor, que alguien le explique el caso del pueblerino al que se le prohíbe ponerse a quemar hierba seca en un ventoso día de sol de verano... o el del conductor que va borracho por la carretera o en sentido contrario (kamikaze) sin causar ningún accidente... ¿no son crímenes sin víctima? No estaría de más que de una vez por todas abriera la mente para entender las implicaciones sobre un orden social extenso (y no sobre su esquema mental de un señor negociando con otro señor sobre si le vende o compra una vaca) del tráfico de órganos, de la venta de ciertas drogas del suicidio y la eutanasia, de la poligamia (lo de poliandria ya está incluso en el término), etc.
Ahora aplica una capa de níquel para embellecer la argumentación:
"A priori ninguna de ellas interfiere en la libertad de nadie".
Aquí encontramos un error muy frecuente en el liberalismo "de andar por casa": la voluntad propia como legitimadora de cualquier acto humano. Y digo cualquiera porque, en consecuencia, ni siquiera aquellos actos que lesionan la libertad o la vida serían ilegítimos: valga el caso de la eutanasia o la venta de ciertas drogas.
Y ahora se pone a atacar un hombre de paja (igual que en la apostilla al primer párrafo):
"Los que claman por castigarlas suelen aludir al vicio y a la depravación moral, no a las víctimas y a la pérdida de libertad".
Que ahora maquilla:
"Si se refirieran al daño causado quizás la prohibición tuviera a veces algún mérito, pero que sea ésa la razón, no la excusa".
Ya lo sabemos... Pero lo mejor, sin duda, es el final:
"Seguramente algún lector sigue escandalizado por algunos de los comportamientos que considero que no deberían prohibirse, como si ello implicara que los apruebo, ¡o que los practico! Este es uno de los problemas de esta sociedad que se jacta de su tolerancia mientras busca en el Estado la forma de imponer su concepción de la vida buena. Una cosa es tener valores propios, otra querer imponerlos a los demás".
Me quedo sobretodo con la última frase (Una cosa es tener valores propios, otra querer imponerlos a los demás). He aquí una aporía de Zenón: un liberal afirma que no se deben imponer valores propios. Pero esta afirmación es un valor propio que este liberal quiere imponer a todos -por su bien, claro está-.
Es decir, este liberal reconoce implícitamente que hay ciertos valores que sí deben ser comunes a todos (empezando por ese de no imponer los nuestros a otros), aunque a unos pocos no les gusten o les obligue. ¿Por qué razón si no, esa costumbre de imponer el respeto de la vida humana (molestará a terroristas), del ejercicio de la libertad moral individual (molestará a satanistas, relativistas y esclavistas) y la propiedad privada (molesta a socialistas y a la vecina envidiosa del 7º)?
Más en detalle, seguramente la prohibición de la poligamia, del burka, de la extirpación de clítoris o de los matrimonios entre niños y adultos molestará a ciertos musulmanes; la del nudismo callejero a los pervertidos; quizás la prohibición de la venta de cocaína molestará a altos ejecutivos estresados, políticos corruptos y estrellas del rock; la prohibición de la pederastia molestará a los "boylovers"; quizás la prohibición del aborto molestará a los padres que no quieren tener un niño con síndrome de Down; mientras que la de la eutanasia molestará a los hijos que quieren que sus ancianos padres se mueran antes de agotar su herencia en residencias y tratamientos médicos.
Rara vez mal, muerte y mentira (el Maligno que decimos los católicos) se le presentan al ser humano tal cual, desnudas; porque éste les tiene aversión en base a su sentido moral. La mayor parte de las veces viene envuelta en ropajes lujosos y deseables, para atraerle irresistiblemente. De tal manera, todo depravado y canalla tenderá a vestir su deseo de mudar el consenso ético de una sociedad con el ropaje de la reivindicación de mayores cotas de libertad individual, de un respeto por la pluralidad, por la tolerancia, etc. Y haciéndose eco de sus reivindicaciones siempre habrá gente bienintencionada que no entiende lo que está sucediendo.
Artículo publicado originalmente en el blog de Daniel Ballesteros.
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