LA RED STAY BEHIND Y LA CAÍDA DEL COMUNISMO
16-11-09
Daniel Ballesteros Calderón
La Red Stay Behind, popularmente conocida como operación Gladio, era una red paramilitar europea creada por los EEUU tras la 2ªGM para conservar una red de contactos en caso de una hipotética invasión soviética de la Europa Occidental. Los miembros eran reclutados entre paracaidistas, guardas forestales, militares, granjeros y civiles comunes, (de algunos se buscaba que fueran antiguos nazis o fascistas o neofascistas), que recibían un entrenamiento específico en tácticas de guerrilla, inteligencia y apoyo a los agentes infiltrados tras las líneas soviéticas en caso de conflicto armado.
La red se montó en la mayoría de los países de la Europa Occidental (incluida Suiza), en algunos casos con el consentimiento del gobierno local, en otros sin él (Suecia o Finlandia), pero ante el cambio de panorama estratégico al comienzo de la década de 1960 (la invasión soviética dejó de ser un escenario realista debido a la disuasión nuclear), se reorientó a las Redes Stay Behind de cada país hacia el escenario interno. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que esta red comenzó a dedicarse a combatir al comunismo que pretendía alcanzar el poder en las naciones democráticas a través de las urnas. ¿Cómo? Pues eliminando líderes políticos de izquierda y cometiendo atentados y masacres varias para "cargarle el muerto" a la misma izquierda.
El atentado más conocido cometido por las Stay Behind fue el del atentado contra el Banco Agrícola en la Plaza Fontana de Milán el el 12 de diciembre de 1969, en el que murieron 17 personas. Se acusó a un anarquista italiano, Giuseppe “Pino” Pinelli que, misteriosamente, cayó por la ventana de una comisaría de policía al patio interior mientras estaba siendo interrogado. Precisamente este acto truculento y oscuro inspiró la famosa obra de teatro de Dario Fo, “Muerte accidental de un anarquista”, estrenada en 1970. Luego se halló otro cabeza de turco, un anarquista llamado Pietro Valpreda, que sería encarcelado hasta 1972. Cuando finalmente se destapó la autoría del atentado por parte de miembros de la red stay behind (aunque en aquella época no se reconocía públicamente su existencia), se encarceló a un miembro de las mismas, Franco Freda, que desaparecería misteriosamente poco después de ser excarcelado y a pesar de contar con la escolta de tres policías. Una vez conocidos los verdaderos hechos, el presidente italiano Giorgio Napolitano, rehabilitó públicamente a Giuseppe Pinelli el 9 de mayo de 2009. Y es que era una costumbre bastante extendida entre los miembros de esta organización paramilitar asesinar a todo aquel que pudiera revelar información relevante sobre sus actividades criminales, fuera miembro o no de la Red. Asimismo contaban con miembros en la policía, la judicatura, la abogacía y la política, con lo que era sencillo interferir en las causas judiciales y hacer desaparecer pruebas.
En Italia las actividades de terroristas vinculados a las stay behind se extendieron entre los años 70 y los 80, mientras que en Bélgica se concentraron entre el 83 y el 85, resultando asesinadas 27 personas en una serie de atentados indiscriminados en supermercados; las llamadas "masacres de Brabante". En España es bien conocida la implicación de las stay behind en los sucesos de Montejurra en el año 1976.
Su existencia fue revelada en 1976 por una investigación a la CIA por parte de un Comité del Senado de los EEUU. En 1978 el antiguo director de la agencia de inteligencia estadounidense, William Colby, arrojó más luz sobre el asunto en sus memorias "Honorable Men", y es que él mismo se había encargado de armar la red en Escandinavia. Pero la revelación más escandalosa fue la que hizo Giulio Andreotti en el año 1990, al confesar la existencia de "Gladio", el nombre de la stay behind de Italia.
Resulta sorprendente comprobar el parecido entre las imágenes de un tren reventado, el "Italicus Express" en 1973 que hacía la ruta Roma-Munich y en el que murieron 12 personas y 48 resultaron heridas, y el atentado del 11-M en el 2004. El caso es que aquel atentado fue cometido por "Ordine Nero" (Orden Negro), una de las organizaciones filofascistas que se pasó de vueltas y se negó a someterse al orden constitucional, "haciendo la guerra" por su cuenta. Lo mismo sucedió con el atentado de la Oktoberfest en 1980, aunque el caso alemán es especialmente indignante por previsible, puesto que los servicios secretos alemanes fueron dirigidos hasta 1968 por Reinhard Gehlen, responsable de los servicios secretos nazis en el frente oriental y pieza fundamental de la operación ODESSA de ayuda al exilio de nazis.
Poco después del atentado contra el “Italicus Express” aconteció otro hecho truculento: el asesinato en 1978 del Primer Ministro italiano Aldo Moro, al que supuestamente se permitió que secuestrasen las Segundas Brigadas Rojas. El siguiente fue el asesinato, en 1979, de Mino Pecorelli, un miembro que reveló el vínculo entre el general Carlo Alberto Dalla Chiesa y el caso de Aldo Moro. Este crimen fue un supuesto encargo de Giulio Andreotti por el cual le fue impuesta en 2002 una condena de 20 años de prisión, que fue anulada en 2003. El siguiente de la lista sería ese mismo general, cabeza de la lucha antiterrorista y que sería asesinado en 1982 por el sicario Pino Greco, siguiendo órdenes del mafioso Toto Riina... En definitiva, en aquella época Italia era un país poco propicio para ser un político honrado que quisiera vivir para disfrutar de la pensión, y es que había demasiados intereses entrelazados como para poder pisar en firme a la hora de gobernar o de gestionar la policía o los servicios secretos, y no se debe olvidar que en buena medida esta situación era debida a una errónea política anticomunista donde la máxima “el fin justifica los medios” había llevado a Italia a una situación dramática.
Estos eventos nos dan una visión muy triste de la Europa de la Guerra Fría, en la que la mentira sistemática, los falsos suicidios, los bajos fondos, las financiaciones ilegales y los atentados con complicidades políticas prosperaron como setas, con la aquiescencia de los servicios secretos de los EEUU. Gracias a Dios aquella época brutal ya ha pasado y nada o casi nada queda de aquellas operaciones siniestras que destruían la reputación de las democracias y la poca credibilidad de las dos dictaduras (portuguesa y española) de la Europa capitalista. Si la caída del Muro fue el gran hito en el bloque comunista, la desaparición progresiva de las redes "stay behind" y la basura política asociada han supuesto la gran victoria de las democracias europeas de cara al siglo XXI: un siglo que amanece sin los horrores del socialismo fascista y comunista.
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