INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA, URSS Y EEUU

13-7-10

Daniel Ballesteros

 

¿Cómo pudo el comunismo soviético compartir el liderazgo tecnológico con los EEUU durante cuarenta años? ¿lo consiguió realmente o se trató de simple propaganda? En el siguiente artículo daremos respuesta a estas cuestiones, a la vez que realizamos una crítica de las ideas de Murray Rothbard al respecto en su obra “Sciende, Technology and Government”.

 

 

SEPARACIÓN TEÓRICA E IMBRICACIÓN REAL DE LA ACTIVIDAD CIVIL Y MILITAR

 

Rothbard considera que deben distinguirse la asignación de recursos para uso científico en el conjunto de una economía, de la asignación de recursos para uso científico en el muy concreto ámbito militar. Ahora bien, podemos realizar una objeción que quizás no fuera conocida por Rothbard en el año 1959. Fue en el año 1961 cuando el presidente de los EEUU, Dwight Eisenhower, habló por primera vez del término “complejo militar-industrial” en un discurso de fin de mandato. Con esta expresión Eisenhower se refería al interés de empresarios por recibir contratos militares para investigación, desarrollo o manufactura, y la influencia perversa que esto tenía sobre las instituciones civiles: derroche militar, subvenciones encubiertas, campañas militares innecesarias, corrupción administrativa, etc.

 

Por consiguiente, la relación persistente y continuada del Estado con empresas como General Electric (bazooka), Boeing (B17, B29, B52), North American Aviation (P-51, F-86), Grumman (F4F, F6F, A-6), Republic Aviation (P-47), Ford, Harley-Davidson, etc. y hoy en día con empresas como Chrysler (tanque Abrams M1), Northrop, Mc Donnell-Douglas (F-18), General Dynamics (M1 Abrams y F-16), Lockheed-Martin (F35), o AM General (Humvee), etc. y la extrema dependencia de estas compañías respecto de los contratos militares, permite comprender hasta qué punto el gasto militar (incluyendo algunos proyectos espaciales) se ha convertido en una prioridad civil, debido a los efectos de arrastre financieros y tecnológicos sobre el conjunto de la economía, a la posibilidad de entregar subvenciones encubiertas a empresas aeronáuticas inmersas en procesos de competencia internacional (Boeing vs. Airbus), etc.

 

En resumidas cuentas, la distinción que hace Rothbard entre la asignación de recursos científicos en la economía general y hacia el gasto militar resulta más teórica que real. Esta anotación invalida parcialmente el análisis que Rothbard realiza en el siguiente párrafo:

 

The allocation of resources to military purposes, then, is under the American System the job of the Federal government. And yet this does not simply end the matter. For the government has the responsibility: (1) of never forgetting that scarce resources are always being allocated, and therefore that what the military gains the civilian sector loses; and (2) of leaving, wherever possible, military matters in the hands of the private economy, both on grounds of maximizing economic freedom and of maximizing economic efficiency. The first is a mode of thinking to which any government bureaucrat, civilian or military, is uncongenial, and which he must learn: learn to realize that more military means less for the private economy, and to remember that the armed forces are a derivative, a dependent upon a strong and healthy civilian economy. Army tanks depend on sound and healthy iron and steel factories, tank manufactures, railroads to move them, etc. unless we are to have complete socialism–which we have seen cannot work either–the military must rely on a myriad of private goods and services in order for it to function (including paper!).

 

Y es que precisamente por lo que decíamos, el gasto estatal en investigación militar y manufacturas tecnológicamente avanzadas tiene un coste de oportunidad, sí, pero ello no supone que realizar este gasto militar sea, necesariamente, peor alternativa económica para los EEUU que no realizarlo, pues el estímulo estatal de la investigación y la producción en ciertos sectores punta, siempre y cuando se realice a través de empresas privadas (más eficaces y eficientes) nacionales, puede inducir una importantísima ventaja competitiva de las empresas de los EEUU respecto de las empresas del resto del mundo. Ahora bien, esto lleva, sin ningún género de dudas, a un subempleo de los recursos económicos si es que tenemos en cuenta al mundo y no sólo a los EEUU. Por si fuera poco perjuicio, la consecuencia de este tipo de políticas industriales encubiertas es que otras naciones se ven impelidas a destinar recursos impositivos a la financiación de investigación científica y manufacturas tecnológicamente avanzadas, iniciándose así una especie de guerra comercial encubierta en la que el I+D militar es solo una excusa para subvencionar y en la que el mayor tamaño económico de una nación marca la diferencia con respecto a sus competidoras.

 

En términos rothbardianos: los tanques del ejército necesitan fábricas de hierro y acero y una saludable economía civil; pero las fábricas de hierro y acero, así como una saludable economía civil pueden llegar a depender parcialmente de los tanques del ejército y más en concreto de la tecnología que financie el gobierno de los EEUU.

 

Pongamos por caso los tanques con blindajes de aleación RHA (Rolled Homogeneous Armour), blindajes ERA (Explosive Reactive Armour), blindajes metálicos compuestos, blindajes mixtos metálicos y cerámicos, blindajes que incorporan kevlar en su habitáculo interior, etc; todas ellas aplicaciones desarrolladas con fines militares pero que difunden enormes beneficios tecnológicos en el conjunto de una sociedad. Por el lado opuesto, las investigaciones de armas antitanque han llevado al desarrollo de proyectiles HEAT (High Explosive Anti Tank) de carga hueca simple, y de carga hueca doble, así como los más modernos penetradores cinéticos desprovistos de carga explosiva. A su vez, éstos precisan de sofisticados calculadores de trayectoria debido a la caída que experimentan dado su extraordinario peso (en relación con su tamaño) y el rozamiento frontal y lateral del aire. Por último tenemos las cabezas HESH (High Explosive Squash Head) que han propiciado el desarrollo de nuevos explosivos, y así un largo etc.

 

Una vez llegados aquí se plantea una pregunta ¿es necesaria la inversión estatal en I+D militar para obtener todos estos avances tecnológicos con aplicación bélica? La respuesta evidente para un economista es que no, ya que las empresas privadas de armamento podrían desarrollarlos aunque, y este es el matiz, de una forma más lenta.

 

Explicaremos este asunto cuando tratemos la investigación en la URSS.

 

 

EL SECRETISMO

 

En su obra, Rothbard considera que existe un importante desincentivo para la actividad científica en los proyectos militares, puesto que en ellos se restringe la libertad individual y por consiguiente -siempre según él- la capacidad creativa e innovadora del científico. Por otra parte considera que estas trabas desincentivan la dedicación a la labor científica, y resultan estériles por cuanto los conocimientos acaban divulgándose en el medio plazo.

 

“There is another way in which government has tended to create its own shortage of scientists working on military projects. This is through onerous security and secrecy regulations that make working conditions unpleasant and unattractive to scientists. To be sure, we don't want to encourage Russian spies to steal our military secrets. And yet we must recognize that scientific invention is the discovery of natural laws, and that these laws are open to all to find, whether Russians or American. Throughout history, no important new invention has remained a secret for long, and either espionage or independent discovery would eventually yield the Russians the same technology”.

 

Esta argumentación es de dudosa consistencia. En primer lugar, en los países democráticos el científico que se incorpora a un proyecto militar, por regla general lo realiza por voluntad propia haciendo ejercicio de su libertad individual. Si un proyecto es de altísimo secreto, será llevado a cabo en instalaciones militares aisladas y en cierta forma el empleado se verá recluido temporalmente hasta la finalización del mismo. Esta investigación secreta también puede ser confiada a contratistas privados, para alcanzar cualquier objetivo de carácter militar y/o civil. No parece por tanto que usualmente se alcance, en empresas públicas o privadas, un nivel de secretismo tal que pueda aplastar la creatividad científica del individuo o incluso desincentivarle para realizar su trabajo.

 

Refuerza esta percepción el hecho de que en un país totalitario como la URSS, la investigación científica con fines militares era frecuentemente realizada bajo condiciones durísimas y, sin embargo, su tecnología de tanques, misiles, satélites, artillería, así como su nivel físico o matemático general eran punteros en su época. Más adelante también los soviéticos se significarían por el nivel alcanzado en el desarrollo de reactores avanzados, submarinos nucleares, naves espaciales, cohetes de lanzamiento, torpedos, estaciones orbitales y robótica lunar. Estos éxitos de la investigación soviética, realizada bajo extremas condiciones de reclusión, explotación, secretismo y anonimato de sus científicos más descollantes, revela la escasa relevancia del secretismo como desincentivo creador. Es más, en ocasiones incluso puede ser un requisito solicitado por el propio investigador, como sucedió con los trabajos de Ronald Richter en el “Proyecto Huemul”, que Argentina desarrolló en los años 50 del siglo XX para disponer de energía procedente de la fusión nuclear.

 

Por otra parte, la necesidad del secretismo en las investigaciones militares es crucial, perdure más o menos tiempo, o sea impuesto por un ejército o empresas privadas. Y pondré dos casos anteriores a la época de redacción del artículo, si bien inaccesibles en dicha época a Rothbard:

 

En los prolegómenos de la 2ªG.M. un criptógrafo polaco de la Oficina de Cifrado del Estado Mayor Polaco, Marian Rejewski, descifró el código de una Enigma alemana. Estos datos fueron entregados los franceses e ingleses semanas antes del inicio de la guerra y constituyeron la base del descifrado de las comunicaciones nazis, lo que facilitó el triunfo aliado en dicho conflicto. Los nazis nunca conocieron que se había roto su código.

 

Otro caso es el “Proyecto Manhattan”, extremadamente secreto, pero dentro del cual la URSS había infiltrado varios científicos-espías (Klaus Fuchs y Theodore Hall). Este proyecto estadounidense culminó exitosamente en el año 1945 con el lanzamiento de una bomba de uranio y otra de plutonio. A pesar de los espías y gracias al extremo secretismo, la URSS no pudo disponer de los conocimientos cruciales para elaborar armas nucleares hasta el año 1949, en que Ígor Kurchátov, responsable del programa nuclear soviético, logró detonar una bomba de plutonio. Es decir, el extremo secretismo no impidió el éxito investigador y además reportó algo más de 4 años de ventaja tecnológica y estratégica de los EEUU sobre sus enemigos de la URSS.

 

Si bien la pervivencia de un secreto tecnológico militar es muy variable y no es objeto de estudio en este trabajo, a título de ejemplo citaré el caso de un secreto militar con decenios de antigüedad como es el del torpedo submarino de supercavitación VA-111 “Shkval”, desarrollado por la URSS a principios de la década de 1980. Respecto a la importancia del secretismo duradero en empresas privadas, no hace falta recordar la ventaja competitiva que proporciona conservar un secreto comercial (véase el caso de los ingredientes, mezclas y temperaturas a que se someten los marshmallow de la empresa canadiense Whippet o la más famosa Coca Cola).

 

En mi opinión Rothbard yerra al caracterizar todo secretismo como cortapisa a la creatividad. Tal fenómeno protege los desarrollos científicos en proceso (incentivando la labor de los científicos que trabajan en ellos) y es eficaz pues sirve a la mejor consecución de los propósitos empresariales y/o estatales.

 

 

LA SUPUESTA ESCASEZ DE INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA

 

Quienes en los años 50 del siglo XX afirmaron que en EEUU se investigaba poco en relación con la URSS, lo hacían porque no estaban bien informados acerca de la realidad. No sólo el PNB de los EEUU era mucho mayor que el de la URSS (alrededor del doble), sino que el porcentaje de PNB destinado a investigación era el doble (según el Steelman Report que cita Rothbard) que el de la URSS ¿dónde radicaba entonces la aparente ventaja soviética en la carrera espacial?

 

En primer lugar los soviéticos dirigían enormes recursos a un área específica de investigación que consideraban prioritaria según sus planes quinquenales. Sólo importaba alcanzar el objetivo fijado en el plazo estimado, sin reparar en medios, y ello empleando un sistema de precios oficiales sin conexión con la demanda y oferta real de millones de productos diferentes, una corrupta burocracia repleta de vicios funcionales, y una gestión administrativa que no tenía en cuenta los rendimientos marginales decrecientes que presenta una excesiva inversión en una investigación concreta y en un corto período de tiempo, a partir de una cierta dotación de medios. Es decir se pretendía alcanzar los objetivos del plan dando un uso extremadamente ineficiente a los escasos recursos existentes, puestos a disposición del proyecto de una forma tosca y brutal. En última instancia esto permitía acelerar considerablemente las investigaciones en el ámbito militar y espacial, pero a costa de ingentes sacrificios económicos con su correspondiente coste de oportunidad añadido.

 

En cambio, el sistema de precios de mercado (más o menos intervenido) de los EEUU permitía una ubicación razonablemente eficiente de recursos económicos, con lo que la oferta de bienes civiles podía abastecer sin dificultades las demandas de los individuos.

 

Sin embargo el “handicap” que presenta el sistema de mercado respecto del socialismo real es que no suele permitir desarrollos fulgurantes de un sector (a no ser que nos hallemos ante una burbuja especulativa) a gusto de un burócrata.

 

De ahí que en tiempos de guerra y de intensa competencia tecnológica y propagandística con la URSS, ésta obtuviese más éxitos tecnológicos que los EEUU a pesar de su bajo nivel de inversión global. Los EEUU aparecían entonces como los “ineficaces” e “ineficientes” (invierten más en I+D, pero obtienen “menos” y más tarde), con lo que el gobierno norteamericano se vio impelido a dedicar enormes volúmenes de recursos privados al incremento de su demanda de armamento y programas tecnológicos avanzados, acelerando la producción e investigación en las mismas áreas en que la URSS estaba concentrando sus esfuerzos.

 

En efecto, existía escasez de inversión científica en los EEUU, pero sólo en ciertas áreas cruciales y sólo porque se deseaba competir militar y propagandísticamente con una beligerante nación socialista que representaba un peligro real para la supervivencia estratégica de los EEUU.

 

 

EL MITO DEL FIN DEL INVENTOR INDIVIDUAL Y LA CIENCIA SOVIÉTICA

 

Como bien advierte Rothbard, el fin del inventor individual es sólo un mito, incluso en la URSS, como ponen de manifiesto las historias de los científicos responsables del programa espacial soviético.

 

El más representativo y valioso de todos ellos fue Sergei Koroliov, ingeniero que trabajaba en proyectos propios en su tiempo libre. Fue el responsable del desarrollo de la tecnología cohética soviética de forma independiente y paralela a las investigaciones del estadounidense Goddard. En 1938 fue condenado al mortífero Gulag de Kolyma durante la época de las purgas estalinistas. Más adelante sería rehabilitado y desarrollaría la tecnología balística soviética a partir del trabajo de 5.000 esclavos alemanes y los planos capturados del misil balístico V-2. Más adelante asumió la dirección del programa espacial soviético, cuyo objeto era esencialmente propagandístico. En menos de un mes elaboró un satélite artificial, el tosco 1 Sputnik-1 y lo lanzó al espacio, asimismo fue el responsable de los posteriores éxitos soviéticos en el espacio como los del “Programa Luna” bajo su mando, que permitió lanzar en 1959 la fallida sonda “Luna 1” (en enero) y la exitosa “Luna 2” (septiembre) que fue el primer objeto de manufactura humana en impactar contra la Luna. Además, el satélite “Luna 3” (en octubre) logró fotografiar la cara oculta de nuestro satélite natural. Más tarde, ya en el año 1961, consiguió poner en órbita terrestre al primer ser humano (Yuri Gagarin) y que se realizase el primer paseo espacial en el año 1965. Moriría en el año 1966, momento en que fue revelada su identidad.

 

Otra personalidad científica excepcional de la URSS fue Georgy Babakin, responsable del éxito de la sonda Luna 9 de 1966 (que realizó el primer aterrizaje controlado sobre el satélite) y de la sonda Venera 4 que en 1967 fue la primera máquina en analizar los parámetros medioambientales de otro planeta, en este caso Venus. Asimismo también participó en el programa de rovers lunares de la URSS. Por último citaremos a Alexander Kemurdjian, responsable directo del programa de rovers lunares “Lunojod” (Lunojod 1 y 2), laboratorios móviles para la exploración lunar móviles dotados de batería nuclear y que eran manejados por control remoto. En 1986 elaboró un nuevo diseño robótico (el “STR-1” o en cirílico “CTP-1”) partiendo de los modelos Lunojod y destinado específicamente en una semana para tareas de desescombro del tejado de la central nuclear de Chernobyl; diseños que tras el colapso de la URSS fueron empleados por la NASA para construir el Mars Pathfinder de exploración de Marte en 1996.

 

Para la propaganda colectivista de la URSS suponía un peligro hacer público que el éxito de todo su programa espacial residía en la iniciativa y trabajo incansables de un puñado de líderes científicos, más que en el trabajo de equipo entre iguales. Por ello los nombres de muchos de estos investigadores fueron mantenidos en el anonimato durante el mayor tiempo posible.

 

De esta manera queda claro que la represión ejercida por el régimen soviético no ralentizó o anuló la investigación, salvo durante el período de las masivas, brutales y ciegas purgas estalinistas en que muchos científicos de extraordinario valor fueron simplemente ejecutados o enviados a los gulags. Lo que sí sucedió en la URSS es que el Estado orientó los esfuerzos investigadores hacia ramas tecnológicas concretas, derrochando masivamente los recursos disponibles y descuidando otras ramas de vital importancia para el desarrollo de otras, como la informática, cuya relevancia futura no supieron vislumbrar los burócratas soviéticos. En palabras de Rothbard:

 

“Scientific discoveries, furthermore, cannot be planned in advance. They grow out of apparently unrelated efforts of previous scientists, often in diverse fields”. “Engineering development toward a specific given end—in addition to the other evils of government control—also deprives basic research of needed scientific resources” 2 .

 

En definitiva, la audacia tecnológica soviética, y el individualismo irreductible que en realidad dio origen a muchas de sus hazañas tecnológicas (la verdad tras la mentira de la propaganda colectivista), permiten matizar la siguiente idea de Rothbard:

 

“Government-controlled research would undoubtedly rely on existing authorities, and thus would snuff out the searchings of the truly original minds”.

 

Otra idea a tener en cuenta es que las estructuras fuertemente jerarquizadas no necesariamente sofocan la creatividad individual (cómo alcanzar los fines deseados), sino que la constriñen a la consecución de los fines deseados. Sólo la sofocan cuando imponen medios de alcanzar esos fines (por ejemplo la teoría de lucha de clases debía explicar la biología “bolchevique” del célebre Lyssenko). Empresas privadas o entes públicos que disponen de enormes recursos presupuestarios (como las empresas de armamento privadas nazis, las públicas soviéticas y en menor medida las subvencionadas de los EEUU) pueden realizar desarrollos tecnológicos verdaderamente asombrosos e innovadores: los aviones ala de los hermanos Hörten como el Horten Ho 229 (inspirador del F-117 y el B-2), el Blohm und Voss P.212 (que inspiró el fallido XF-85 “Goblin”), el Blohm und Voss P.209/02 (que inspiró el exitoso Su-47 “Berkut”, un caza furtivo soviético-ruso de quinta generación), los misiles balísticos nazis, el submarino nuclear typhoon, el misil crucero, el F-35, etc.

 

 

1. Más o menos tosco, el éxito tecnológico fue innegable (sólo dos naciones disponían entonces de la tecnología balística necesaria para colocar en órbita un satélite espacial), por lo que resulta sorprendente el desprecio que el autor muestra, en la página 20 del documento, hacia el éxito tecnológico del “Sputnik I”.

2. John R. Baker, Science and the Sputniks (London: Society for Freedom in Science, December 1958)

 

 

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