EL VALOR DE LA VERDAD EN LA HISTORIA
Daniel Ballesteros Calderón
Si los ciudadanos desconocemos los verdaderos hechos históricos sólo podremos cometer errores de composición acerca de la realidad: tenderemos a malinterpretar nuestras instituciones, sobrevalorar la aportación de una religión determinada al desarrollo económico, la importancia de la búsqueda intencionada de los avances científicos o la clarividencia de los líderes políticos, entre otras muchas cosas.
Muchas historias de creadores han podido salir del olvido gracias a la investigación histórica e Internet ha contribuido a su difusión informativa. Así hemos podido conocer que Guglielmo Marconi no fue el inventor de la radio, sino el grandioso Nikola Tesla; Alexander Graham Bell no inventó el teléfono, sino Antonio Meuzzi; Henry Ford no fue el inventor 1 de la cadena de montaje; el motor de vapor no fue inventado por Thomas Newcomen, sino por el inventor español del siglo XVI (patente y éxito práctico mediante) Jerónimo de Ayanz y Beaumont; Einstein no fue el inventor de la bomba atómica, sino Robert Oppenheimer; el motor a reacción no fue desarrollado en la 2ª GM sino mucho antes por Henri Coandă, Fleming no fue el inventor del tratamiento con antibióticos, y así una larga lista de ejemplos. Asimismo se conoce que multitud de inventos no fueron creaciones intencionadas, como por ejemplo los rayos x, el microondas, los antibióticos, el kevlar, la viagra, el finasteride… lo cual resulta muy revelador acerca de la limitada capacidad del ser humano para comprender todas las implicaciones de sus actos.
Por otra parte, grandes personajes históricos comienzan a salir del ostracismo intencionado al que fueron condenados por aquéllos que escribieron la Historia Moderna empleando criterios nacionalistas o religiosos. Por poner sólo un caso, tenemos al marino español Blas de Lezo (alias Patapalo) que, con aproximadamente 2.830 hombres y seis navíos de guerra, infligió una derrota total durante el asedio a Cartagena de Indias de 1741 a la flota inglesa de Vernon, compuesta por 186 barcos de guerra y 23.600 hombres (la mayor flota de la Historia hasta el desembarco de Normandía). Hoy está olvidado a pesar de haber sido uno de los mejores marineros y militares de todos los tiempos.
Asimismo, personajes “idolatrados” como Winston Churchill, Ronald Reagan o Abraham Lincoln, están heridos mortalmente en su prestigio. El primero a causa de sus crímenes de guerra durante la 2ªGM (bombardeos masivos de Dresde o Hamburgo), pero también debido a su calamitosa incompetencia en la planificación de la operación anfibia en Gallipolli o al no menos catastrófico regreso de Gran Bretaña al patrón oro que dirigió como Ministro de Finanzas en 1924, y que ocasionó miseria y una huelga general en 1926. En el caso de Ronald Reagan su desprestigio se debe a que intensificó las políticas socialistas de sus predecesores a pesar del enorme revuelo propagandístico que se levantó en torno a él. Respecto a Lincoln, sus abyectas políticas, reveladas por Thomas J. DiLorenzo, llevaron a todo un país a una guerra civil cuyas consecuencias aún se dejan sentir.
¿Y qué decir sobre las ideas?
Hoy en día resulta casi extraño llamar “democracia” a secas (se les suele añadir algún “término comadreja”) a nuestros regímenes de gobierno; los cuales y en virtud de la clasificación política aristotélica sólo pueden ser denominados aristocracias u oligarquías (según la bondad o maldad de sus políticas) electivas. Por si cabe alguna duda de que una elección no caracteriza un régimen democrático, tenemos el ejemplo de los visigodos, que elegían por votación a sus reyes. Por otro lado, las investigaciones históricas revelan hasta qué punto el “pucherazo” fue moneda relativamente corriente en las elecciones de los EEUU hasta Kennedy y lo sigue siendo hasta nuestros días.
Respecto al patrón oro, un favorito de mis colegas austroliberales, es otra mentira más fruto del desconocimiento histórico. Y es que el país que tenga excedente comercial bajo patrón oro puede neutralizarlo, rompiendo así el mecanismo de Hume, mientras que el país con déficit comercial se ve afectado por una grave crisis económica. Más o menos es lo mismo que sucede hoy en día con el superávit comercial de China y su “Renmimbi” con tipo de cambio fijo.
La Historia es una ciencia central sin cuyo conocimiento los individuos se encuentran intelectualmente desnudos ante los dilemas que se les presentan. Su desconocimiento condena al ser humano a la condición de animal de granja que piensa sólo aquello que otros desean que piense. Ella es la prueba de la bondad de las propuestas políticas y económicas, de los modelos de vida y trabajo. Si es auténtica, representa el mayor tesoro de una sociedad de hombres libres y su mayor salvaguarda frente a la muerte y la esclavitud.
1. Los responsables de aplicarla a la producción automovilística fueron Clarence Avery, Peter E. Martin, Charles E. Sorensen y C. H. Wills; pero el método de producción en cadena ya era aplicado en los mataderos de Detroit desde antiguo.
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