Los límites del Leviathan. El rol del estado en la sociedad libre

12-08-2009

Nicolás Cachanosky

 

Ask a common porter or day-labourer why he obeys the civil magistrate, he will tell you that it is right to do so, that he sees others do it, that he would be punished if he refused to do it, or perhaps that it is a sin against God not to do it. But you will never hear him mention a contract as the foundation of his obedience. Adam Smith1

 

  El rol y límites del estado no sólo es uno de los temas más antiguos en ciencias sociales, sino que además es uno de los puntos en común entre distintas disciplinas como las ciencias políticas, económicas, el derecho y la filosofía. Precisar el rol del Leviathan no es un tema menor, dado que en esa definición descansa un punto central sobre la estructura y fundamento de la “sociedad libre”.

 

  En lo que respecta a las relaciones entre individuos libres (viviendo en sociedad), las mismas se realizan a través de contratos, a través de este instrumento las partes libremente acuerdan bajo qué condiciones realizarán sus intercambios. De este modo, una compraventa, además de ser vista como una transacción económica, también implica un intercambio de derechos de propiedad sobre “la cosa intercambiada”; economía y derecho son dos caras de la misma moneda. Pero, como menciona Adam Smith en la cita del inicio, no hay una relación contractual entre el estado y los individuos. Cuando imperios como el romano invadían y dominaban a sus vecinos, no los convocaban amigablemente a debatir y firmar un contrato social, simplemente los sometían a sus deseos. Esta ausencia de contrato lleva a preguntarse cuáles son los límites legítimos del estado, dado que no hay un contrato que los especifique claramente. Esta es una de las características que llevó a David Hume a decir lo siguiente respecto al origen del estado:

 

Government commences more casually and more imperfectly. It is probable, that the first ascendant of one man over multitudes begun during a state of war; where the superiority of courage and of genius discovers itself more visibly, where unanimity and concert are most requisite, and where the pernicious effects of disorder are most sensible felt2.

 

  Sin embargo, para que las relaciones entre individuos y los contratos privados puedan existir, se requieren ciertos requisitos previos. Por ejemplo, al realizar un intercambio, las partes se ponen de acuerdo sobre qué intercambiar y bajo qué condiciones, pero lo que no se encuentra sujeto a discusión es el principio de “propiedad privada” sobre la “cosa a intercambiar”. Es decir, en los intercambios los individuos no intercambian “derechos de propiedad” en abstracto, sino sobre “cosas” en particular. De este modo, se forman ciertas leyes comunes, el common law, cuya función es ser la base o fundamento para que la sociedad libre pueda existir. Estos derechos básicos suelen definirse como: libertad, propiedad privada, y vida. Estas normas son las que permiten que los individuos interactúen entre ellos; de no haber propiedad privada ni libertad, no habría “qué” ni “cómo” realizar intercambios. Los derechos básicos son la diferencia entre estado de naturaleza y sociedad libre, entre supervivencia y civilización. Los derechos básicos son un requisito sine qua non para la existencia de la sociedad libre.

 

  Esta diferencia es de suma importancia para definir los límites al estado, dado que estas normas surgen espontánea y evolutivamente, y no a través de decretos por parte del estado. Como decía Bastiat, It is not because men have passed laws that personality, liberty, and property exists. On the contrary, it is because personality, liberty, and property exist that men make laws3.

 

  Esto es fundamental, dado que si el derecho surge (espontáneamente) de los propios individuos, entonces el estado no puede tener más derechos que los individuos; en otras palabras, los individuos no pueden cederle al Leviathan derechos que no poseen. De este modo, Bastiat también nos da una fórmula para acotar los límites al estado:

 

All we have to do is to see whether the law takes from some what belongs to them in order to give it to others to whom it does not belong. We must see whether the law performs, for the profit of one citizen and to the detriment of others, an act which that citizen could not perform himself without being guilty of a crime4.

 

  De este modo, el rol del Leviathan se acota únicamente a la provisión de seguridad y administración de justicia (penal); es decir, a la protección de los derechos básicos5. Para el liberalismo clásico, el estado no es un mal necesario, sino una institución fundamental. Mises lo exponía de la siguiente manera:

 

Government as such is not only not an evil, but the most necessary and beneficial institution, as without it no lasting social cooperation and no civilization could be developed and preserved. […] Government and state can never be perfect because they owe their raison d’être to the imperfection of man and can attain their end, the elimination of man’s innate impulse to violence, only by recourse to violence, the very thing they are called upon to prevent6.

 

  El estado no provee seguridad en el mismo sentido que pueden hacerlo proveedores privados. Mientras los últimos defienden los derechos y propiedad de sus clientes, el estado defiende a la sociedad en sí, es decir, a los derechos básicos. Los servicios de seguridad privada responden a sus clientes, pero la seguridad pública, la policía estatal, no responde a ningún individuo en particular7. Esto permite diferenciar los casos de un desacuerdo en un contrato privado a los casos de derecho penal, es decir, violación de derechos básicos. Los primeros se encuentran sujeto a negociación de las partes, pero los últimos no pueden ser fruto de negociación. Los derechos básicos no se encuentran sujetos a discusión, justamente por ello son “derechos”.

 

  Este sistema de common law requiere también de la presencia de un rule of law, en el que todos, incluido el mismo Leviathan, se encuentren bajo la ley. Todos los individuos y participantes contribuyen marginalmente a la creación y evolución de normas, pero nadie, ni siquiera el Leviathan, posee el poder de cambiar a gusto el contenido de esas normas.

 

  Sin embargo, la realidad dista de ser ideal, y en la práctica no es un rule of law lo que reina sino un rule of state. Es decir, de alguna manera u otra el estado se encuentra por encima de la ley teniendo autoridad sobre la misma. No obstante, la diferencia entre rule of law y rule of state es de suma importancia, dado que son dos situaciones conceptualmente distintas. Que actualmente nos encontremos bajo un rule of state no implica que no pueda existir un verdadero y legítimo rule of law. Conceptualmente hablando, el estado en ambos escenarios es distinto, y referirse a ambos conceptos con el mismo término, “estado”, puede confundir el debate sobre el rol y límites del estado. De este modo, la oposición a un rule of state puede confundirse también con una oposición a un estado bajo un rule of law.

 

  Esta diferencia nos permite ver que el liberalismo clásico no se opone al estado per se, sino a aquellas acciones y decisiones del estado que exceden el límite demarcado por Bastiat. Un claro ejemplo de estos excesos es cuando el estado intenta aplicar políticas públicas o planes económicos, proveer bienes públicos, o cualquier acto que ningún individuo podría realizar sin cometer delito. Estrictamente hablando, el liberalismo clásico no se opone al estado, sino que se opone a la violación de derechos básicos para llevar a cabo políticas o injerencias en el mercado; el liberalismo clásico propone que sea el estado quien defienda esos derechos básicos, pero se opone a él cuando excede sus límites. Para el liberalismo clásico, el estado es el garante de los requisitos sine qua non para la vida en sociedad.

 

  Es cierto que el estado no es perfecto, pero muy pocas cosas en el libre mercado lo son. Oponerse al estado y proponer un “anarco-capitalismo” porque el estado no es perfecto sería como oponerse al “capitalismo” y proponer un “comunismo” dado que las empresas no actúan de manera perfecta.

 

  Es cierto que el estado excede de manera clara sus límites, pero cuando miramos la evolución histórica, más allá del horizonte temporal que nos toca vivir, vemos que el estado ha ido perdiendo poder. Más allá de “altibajos” históricos, las democracias actuales son más respetuosas de las libertades individuales que gobiernos absolutistas y dictatoriales de siglos pasados. La coerción no es un invento del Leviathan, siempre se ha encontrado presente entre nosotros, el legítimo rol del estado consiste en aplicar la coerción para defender, en lugar de atacar, los derechos básicos:

 

Coercion, however, cannot be altogether avoided because the only way to prevent it is by the threat of coercion. Free society has met this problem by conferring the monopoly of coercion on the state and by attempting to limit this power of the state to instances where it is required to prevent coercion by private persons8.

 

 

Artículo publicado originalmente en la revista Controlando al Leviathan Año 2 - Número 4 - Marzo de 2008 de la fundación Friedrich A. von Hayek.

 

 

Bibliografía:

 

Bastiat, Frederick (1975): Selected Essays on Political Economy, New York, The Foundation for Economic Education.

Block, W (2005): “Government inevitability: Reply to Holcombe”, The Journal of Libertarian Studies, 19 (3), 71-93.

Hayek, Friedrich ([1960] 1972): The Constitution of Liberty, Chicago, Gateway Edition.

Holcombe, R. G. (2004): “Government: Unnecesary but inevitable”, The Independent Review, 8 (3), 325-342.

Hume, David ([1777] 1987): Essays. Moral, political, literary, Indianapolis, Liberty Classics.

Smith, Adam ([1762] 1982): Lectures on jurisprudence (R. L. Meek, D. D. Raphael, & P. G. Stein, Eds.), Indianapolis, Liberty Fund, vol. V.

von Humboldt, William ([1852] 1969): The limits of state action (J. W. Burrow, Ed.), Indianapolis, Liberty Fund.

von Mises, Ludwig ([1962] 1976): The ultimate foundation of economic science. An essay on method, Kansas City, Sheed Andrews and McMeel, Inc.

 

Notas:

 

1. Adam Smith, Lectures on Jurisprudence, p. 403.

2. David Hume, Essays. Moral, political, literary, pp. 39-40. Un tratamiento similar puede encontrarse en Smith, op. cit.

3. Frederick Bastiat, Selected essays on political economy, p. 51.

4. Ibid., p. 61.

5. Un ejemplo interesante sobre la rigidez de los límites al estado puede ser William von Humboldt, quien considera que el estado ni siquiera debe proveer servicios como los de educación. Véase su The limits of state action.

6. Ludwig von Mises, The ultimate foundation of economic science. An essay on method, p. 98.

7. Nótese que la provisión de seguridad privada, como la de cualquier otro servicio en el libre mercado, supone el respeto a la libertad y propiedad privada (derechos básicos), los cuales son garantizados por el estado. Si se considerase a la seguridad privada igual a la pública, se estaría presuponiendo la existencia de lo que el servicio debe proveer, cayendo en una referencia circular. Cf. R. G. Holcombe, “Government: Unnecesay but inevitable”.

Una respuesta al artículo de Holcombe y de opinión distinta respecto a este punto puede encontrarse en W. Block, “Government inevitability: Reply to Holcombe”. Si bien no consideramos a la misma del todo acertada, dado que no parece distinguir entre seguridad pública (fuerza policial) y seguridad privada, el debate entre Holcombe y Block no deja de poseer puntos interesantes.

8. Friedrich Hayek, The Constitution of Liberty, p. 21.

 

 

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