FALLOS DE ESTADO, NO DE MERCADO
02-5-10
Joaquín Santiago Rubio
El artículo de Daniel Ferreiro (al que saludo y doy la bienvenida a Asturias Liberal y al que respondo con un leal ánimo de crear debate) parte de un flagrante error de definición. La economía de mercado no se compone de estado, empresas y familias. Esa es la definición de un sistema económico nacional mixto donde el estado y el mercado coexisten en grado variable. Ocurre que el mercado es una cosa y el estado, otra. El mercado lo conforman la libre concurrencia de individuos en libre cooperación actuando generalmente tanto como productores como consumidores.
El estado es un agente coactivo, cuyas acciones quedan fuera siempre del mercado, el cual, por definición, se autorregula. Todo que hace el estado, tanto si se dedica a producir como si se dedica a regular, es retirar del mercado lo que el político decide, siempre con criterios de no mercado. No se debe, si se quiere ser riguroso, argumentar que el estado forma parte de la economía de mercado, como hace Daniel Ferreiro, para después decir que el estado es necesario en las supuestas crisis del mercado. Lo cierto es que estado y mercado se contradicen en su naturaleza y es muy discutible que aquél beneficie a éste o lo corrija.
Es cierto que en el siglo XVIII se analizó el papel del estado. Se hizo desde perspectivas esencialmente mercantilistas, es decir, acentuando el papel del estado como monopolista. Las monarquías absolutas, deseosas de aumentar su riqueza a costa de los súbditos, seguían con sus manipulaciones monetarias para, produciendo inflación, aumentar sus propios recursos. Buscaban el monopolio de manipulación de la moneda para sustraer a ésta del mercado y ponerla al servicio de su actividad especulativa. Ya es conocida la denuncia del español Juan de Mariana, en el siglo XVII, sobre la actividad de depreciación de la moneda de vellón en Castilla por parte de Felipe III, práctica que emparentaba a este rey con todos los del momento.
El auge de esta moda mercantilista, de monopolios estatales, atesoramiento mediante exportaciones incentivadas y monopólicas, y obstáculos a las importaciones, retrasó el auge económico del siglo que, de todos modos acabó lográndose a finales del XVIII y en casi todo el XIX de la mano del ahorro, no de la manipulación de la moneda por los reyes, y del “laissez faire” y no del intervencionismo estatal.
Pero durante ese periodo los gobiernos fueron haciéndose con el control de las monedas sustrayéndolas del libre mercado. Progresivamente y hasta hoy, la historia de la economía es la de las crisis financieras cíclicas provocadas por la manipulación monetaria de los gobiernos a través de sus bancos centrales. Desde el de Inglaterra, a finales del siglo XVII, hasta el Banco Central Europeo, pasando por la Reserva Federal, responsable de la burbuja de los locos años veinte y su crash en 1929, la intervención monetaria estuvo siempre tras el carácter cíclico de las economías industriales.
Citar, como hace Daniel Ferreiro a Maquiavelo no deja de tener su ironía dado que no hay argumento más digno del célebre manipulador que el que utiliza para justificar al estado. Siendo el no-mercado de emisión de moneda, es decir el monopolio estatal de emisión, el causante de las crisis, también de la actual, es maquiavélico por demás culpar al mercado, la víctima, de ella. Uno de los pasajes más sórdidos de “El Príncipe” de Nicolo Maquiavelo es el que ensalza la maniobra de César Borgia al nombrar gobernador de la Romaña a Ramiro D’Orco con el encargo de “pacificarla” a sangre y fuego. Cumplió su encargo Ramiro, cuenta Maquiavelo, con la saña que solía ser rasgo de su jefe, y, tras hacerlo, César Borgia le ajusticia responsabilizándolo de los males de la región. Le cortó la cabeza y la expuso públicamente para regocijo de los habitantes y terror de quien aspirara a algo de libertad en las posesiones de los Borgia.
Es consejo de Maquiavelo a los gobernantes, por tanto, causar una sangría si es necesario para mantener su poder y desentenderse de la responsabilidad, lo mismo que el estado y su interesada manipulación monetaria que, creando las condiciones para cada crisis, se arroga luego en ellas el papel de salvador castigando un poco más cada vez el ámbito del libre mercado. Y los economistas hagiógrafos del poder, buscando mantener su hueco, o hacerse con él, en el establishment universitario, reproducen este maquiavélico esquema al margen del más elemental sentido común.
Sigue el artículo de Daniel Ferreiro lamentando la pérdida de competencias monetarias nacionales en el marco de la Unión Europea para ser trasladadas al banco Central. Lo cierto es que no es ese el problema de la crisis actual. En ella el BCE tiene una alta dosis de responsabilidad pero es muy probable que el Banco Central Español hubiese actuado más arriesgadamente aún. De haber podido hacerlo es muy probable que el gobierno español, de consuno con su juguete bancario, hubiese procedido a empobrecer a los españoles mediante devaluaciones monetarias para beneficiar a un sector, el exportador, olvidando los deberes ineludibles de toda mejora de la competitividad: la desregulación de los mercados y la financiación mediante ahorro sostenido e inversiones tecnológicas. La manipulación monetaria, sea del tipo que sea, se demuestra siempre similar a la sobredosis de narcótico al drogadicto que le provoca un bienestar momentáneo, más dependencia de la droga y la ruina para su salud.
Pero vamos a los datos de la actual crisis económica. La actual crisis de las hipotecas subprime tiene su origen más inmediato en la política de expansión del crédito que la FED comenzó a principios de 2001 y que se vio enfatizada por los atentados del 11-S.
Como vemos en el gráfico, los tipos cayeron desde el 6,5% en diciembre del 2000 hasta el 1% en junio de 2003, nivel en el que se mantuvieron durante un año.
Gráfica 1 – Tipos de Interés
Como se ve, esta política de tipos de la FED es la causa primera de la crisis de las hipotecas subprime que estalló el mes de agosto de 2007. En primer lugar, los bajos tipos de interés permitieron a multitud de prestatarios de dudosa solvencia acceder al crédito necesario para adquirir una vivienda. Al concertar préstamos a tipo variable, estratos muy importantes de la población que no se habrían planteado adquirir una vivienda en propiedad, afluyeron en tropel al mercado inmobiliario.
Esto provocó, a su vez, una escalada de los precios de la vivienda que incrementaba el valor de los colaterales y reforzaba la orgía prestamista : Cuando los precios de la vivienda subían rápidamente y los tipos de interés de los nuevos préstamos eran baratos, muchos de los prestamistas quedaban cualificados para refinanciarse a otro préstamo con términos más favorables. Monetary Policy Report to the Congress (2007). El Banco Central Europeo, por ejemplo, establece una conexión entre el exceso de liquidez y el crecimiento del crédito hipotecario: Los mercados financieros han sido excepcionalmente líquidos en los últimos años y esto ha favorecido un incremento del endeudamiento y de la asunción de riesgos -BCE, Financial Stability Review (2007: 10)-.
Además de responder a un modelo teórico sólido, la vinculación de las inyecciones de liquidez no respaldadas por ahorro real pueden comprobarse correlacionándolas con la burbuja inmobiliaria:
Gráfica 2 – Construcción de nuevas viviendas (Tasa anual desestacionalizada, fuente: Census Bureau)
Como se puede ver en los tres gráficos, la artificial liquidez, al albur de las bajadas políticas de tipos, es la causante del boom de construcciones de viviendas y del alza de precios de las mismas. ¿Dónde está pues, el fallo de mercado?. ¿No habría que pensar más en el estado como causante del famoso fallo?
A partir de estos hechos básicos que pueden ser consultados en detalle, la crisis estuvo servida. Nada que ver con ningún tipo de fallo de mercado sino todo lo contrario, de estado. Justamente es en un sector monopolizado por el estado, la emisión de moneda, la manipulación de los tipos de interés y la colaboración de un sistema bancario no libre sino regulado por el gobierno, por todos los gobiernos, que expande el crédito de manera artificial mediante su multiplicador de créditos y sus bajos coeficientes de caja, donde se inician las crisis que luego han de soportar los sectores industriales y de bienes duraderos.
Nada que ver el relato de Daniel Ferreiro con la realidad aunque sí con las fantasías teóricas de keynesianos y monetaristas siempre en busca de justificar el mantenimiento del juguete monetario en las irresponsables manos de los políticos.
Artículo publicado originalmente en Asturias Liberal.
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