LAS LIMITACIONES DEL TRUEQUE (I)

24-5-10

Martín Krause

 

El crecimiento y la extensión de los clubes de trueque es un fenómeno extraordinario, por la magnitud de la actividad que allí se realiza, por la cantidad de personas que en ellos participan, por los que dependen de ello para garantizar su subsistencia. No es de extrañar que haya despertado un notable interés para interpretarlo por parte de periodistas, analistas y académicos, sin dejar de contar a los mismos organizadores de la actividad.

 

  Este artículo buscará demostrar que el fenómeno es claramente interesante para las ciencias sociales, siendo su característica más importante no ya la aludida solidaridad social que reclaman sus organizadores y que no resulta diferente a la de otros intercambios en el mercado, sino a la potencial emergencia de una nueva moneda.

 

  En primer lugar, es necesario destacar que no se trata estrictamente de actividades de trueque. Éste, también llamado en economía “intercambio directo”, se refiere al intercambio de un bien o servicio por otro bien o servicio. Su carácter primitivo se hace evidente porque se necesita la “doble coincidencia de necesidades”. Es decir, si tengo una torta y necesito un cuaderno, tengo que encontrar a alguien que tenga un cuaderno... y quiera una torta. ¿Qué pasa si encuentro a alguien que tiene un cuaderno pero necesita un corte de pelo? Pues el intercambio se frustra y es necesario seguir buscando.

 

  De allí que se evolucionara hacia el “intercambio indirecto” mediante la utilización como medio de intercambio de un bien de aceptación generalizada, el que a partir de ese momento comenzó a cumplir el papel de moneda. En los clubes de trueque no se practica “intercambio directo” sino el ya más sofisticado “indirecto” pues se utiliza una moneda llamada “crédito”, la cual configura el incipiente nacimiento de una moneda privada.

La fotografía no figura en el artículo original de Martín Krause La fotografía no figura en el artículo original de Martín Krause

  Convendrá entonces analizar las causas y consecuencias del origen de una determinada moneda. Al respecto, el tema fue considerado ya con atención, en particular por Carl Menger 1 , en un artículo publicado originalmente en Junio de 1892:

 

  “Filósofos, juristas e historiadores, al igual que economistas, e incluso naturalistas y matemáticos, se han ocupado de este notable problema, y no hay pueblo civilizado que no haya aportado su cuota en la abundante bibliografía que sobre él existe. ¿Cuál es la naturaleza de esos pequeños discos o documentos que en sí mismos no parecen servir a ningún propósito útil y que, sin embargo, en oposición al resto de la experiencia, pasan de mano en mano a cambio de mercancías más útiles, más aun, por los cuales todos están tan ansiosamente dispuestos a entregar sus productos? ¿Es el dinero un miembro orgánico del mundo de las mercancías o es una anomalía económica? ¿Debemos atribuir su vigencia comercial y su valor en el comercio a las mismas causas que condicionan los de otros productos o son ellos el producto preciso de la convención y la autoridad?”

 

 

 

El origen de la moneda

 

  Dichas preguntas merecen una respuesta también en el caso de la moneda que han comenzado a emitir los centros de trueque en la Argentina.

 

  Menger descarta que el origen de las monedas sea una convención o un ley, ya que “presupone el origen pragmático del dinero y de la selección de esos metales, y esa presuposición no es histórica”. Considera necesario tomar en cuenta el grado de “liquidez” de los bienes, es decir, la regularidad o facilidad con la que puede recurrirse a su venta. Y suelen elegirse aquellos productos que sean de fácil colocación, por un lado, y que mantengan el valor por el cual han sido comprados al momento de su venta, esto es, que no presenten diferencias entre un precio “comprador” y otro “vendedor”. “El hombre que va al mercado con sus productos, en general intenta desprenderse de ellos pero de ningún modo a un precio cualquiera, sino a aquel que se corresponda con la situación económica general. Si hemos de indagar los diferentes grados de liquidez de los bienes de modo tal de demostrar el peso que tienen en la vida práctica, sólo podemos hacerlo estudiando la mayor o menor facilidad con la que resulta posible desprenderse de ellos a precios que se correspondan con la situación económica general, es decir, a precios económicos. 2 Una mercancía es más o menos liquida si podemos, con mayor o menor perspectiva de éxito, desprendernos de ella a precios compatibles con la situación económica general, a precios económicos.” 3

 

  Aunque parezca alejado el tema por estar considerando una moneda metálica, por cierto es que los principios que hacen a una buena moneda, aquella que ha sido seleccionada por la gente para ser utilizada, son los mismos. Por lo que una moneda será aceptada dependiendo de:

 

“1. Del número de personas que aún necesitan la mercancía en cuestión y de la medida y la intensidad de esa necesidad, que no ha sido satisfecha o que es constante.

2. Del poder adquisitivo de esas personas.

3. De la cantidad de mercancía disponible en relación con la necesidad (total), no satisfecha todavía, que se tiene de ella.

4. De la divisibilidad de la mercancía, y de cualquier otro modo por el cual se la pueda ajustar a las necesidades de cada uno de los clientes.

5. Del desarrollo del mercado y, en especial, de la especulación; y por último,

6. Del número y de la naturaleza de las limitaciones que, social y políticamente, se han impuesto al intercambio y al consumo con respecto a la mercancía en cuestión.” 4

 

 

  Entonces, termina cumpliendo el papel de moneda aquél producto que permite a la gente pasar de un producto menos “líquido” hacia otro más “líquido”. Desde este punto de vista, el origen de la moneda tiene una clara característica de “espontáneo” u evolutivo, o al seguir de aquella frase del filósofo escocés Adam Ferguson, el resultado de la acción humana, no del designio humano.

 

  “No es imposible que los medios de cambio, sirviendo como lo hacen al bien común, en el sentido más absoluto del término, sean instituidos a través de la legislación, tal como ocurre con otras instituciones sociales. Pero ésta no es la única ni la principal modalidad que ha dado origen al dinero. Su génesis deberá buscarse detenidamente en el proceso que hemos descripto, a pesar de que la naturaleza de ese proceso sólo sería explicada de manera incompleta si tuviéramos que denominarlo "orgánica', o señalar al dinero como algo "primordial", de "crecimiento primitivo", y así sucesivamente. Dejando de lado premisas poco sólidas desde el punto de vista histórico, sólo podemos entender el origen del dinero si aprendemos a considerar el establecimiento del procedimiento social del cual nos estamos ocupando como un resultado espontáneo, como la consecuencia no prevista de los esfuerzos individuales y especiales de los miembros de una sociedad que poco a poco fue hallando su camino hacia una discriminación de los diferentes grados de liquidez de los productos.” 5

 

  Será importante tener esto en cuenta, ya que la imposición por parte de las autoridades emisoras de una moneda monopólica para los centros de trueque se enfrentará con estas mismas circunstancias, y habrá de destacarse que gobiernos de todo tipo se enfrentan con serios problemas para administrar sus propias monedas debido a ello. El tipo de moneda que busca utilizarse en los centros de trueque, pareciera querer aumentar su “liquidez” al castigar su atesoramiento. Comenta Schuldt:

 

  ”Pero Gesell fue más allá de la teoría cuantitativa, extendiéndola y precisándola en varias direcciones. A ese efecto, su interés principal radicaba en asegurar la circulación efectiva del dinero, algo que no estaba necesariamente garantizado por el libre juego de la oferta y la demanda. Las interferencias que causaba a la vida económica el desmesurado atesoramiento monetario constituían uno de los fenómenos que más le preocupaba y que en su opinión determinaba la ciclicidad del proceso económico y sus conocidas secuelas de vaivén entre inflación-sobreempleo y deflación-desempleo” 6 (negrita en el original).

 

  Sostendremos aquí, no obstante, que existe una clara diferencia entre la “liquidez” de un

medio de cambio y su “oxidación” y que fomentando o imponiendo ésta última se acelera la circulación de esa moneda, pero no por ello se mejora su “liquidez”, la cual es la capacidad de desprenderse de ella en el momento deseado, no la necesidad de hacerlo en forma forzada.

 

 

La calidad de una moneda

 

  La enseñanza básica de Menger en tal sentido es que la moneda habrá de mantener una relación clara con la cantidad de productos que se intercambien en los centros de trueque de forma tal de mantener su valor y facilitar los intercambios. En tal sentido, y siendo que el “valor” de una moneda son los bienes que con la misma se pueden comprar, una moneda como los “créditos” plantea al emisor las siguientes posibilidades:

 

1. que la cantidad de moneda emitida crezca o se reduzca en relación exacta a la cantidad de mercadería que se intercambia en los nodos. En este caso la moneda mantendrá un poder adquisitivo estable.

2. que la cantidad de moneda emitida crezca en relación a la cantidad de mercadería que se intercambia en los nodos; en cuyo caso la moneda perderá poder adquisitivo, existirá “inflación en créditos”.

3. que la cantidad de moneda emitida se reduzca en relación a la cantidad de mercadería que se intercambia en los nodos; en cuyo caso la moneda ganará poder adquisitivo, existirá “deflación en créditos”.

 

  Este no es un tema menor, ya que plantea una polémica que ocupara a la ciencia económica durante décadas, y en la cual los organizadores del trueque parecen tomar parte. Antes de llegar a este punto, consideremos cómo se establece el valor de los bienes en una economía de trueque. En tal sentido es necesario considerar la denominada “ley de Say”:

 

  “En el caso de una economía de trueque el argumento de Say resulta muy claro. En este caso el intercambio es directo se cambian mercaderías por mercaderías. La oferta de una mercancía implica la demanda de otra. O al revés para demandar un bien hay que ofrecer otro. Por lo tanto Say concluye que es un absurdo pensar que hay oferta y no hay demanda ya que la oferta de un bien “es” demanda de otro. La única manera que tiene una persona de demandar más es ofreciendo más y cuanto más se ofrece más se demanda.

 

  En el caso de trueque también se puede ver con claridad que si el precio de un bien cae “necesariamente” el precio de otro bien tiene que aumentar. Si para comprar un par de zapatos hay que entregar una mayor cantidad de manzanas esto significa que el precio del zapato subió y el de las manzanas bajó. Es “imposible” que baje el precio de los zapato “y” de las manzanas en una economía de trueque.

 

  La mayor oferta del bien X es lo que provoca mayor demanda de los bienes A, B, C, D, etc. La mayor oferta de X hará que el precio de X baje, pero esto implica necesariamente que el precio de otros bienes tienen que aumentar. Seguramente el precio de los bienes cuya demanda se vea incrementada por la mayor oferta de X.

 

  De esta forma Say concluyó que la idea de un exceso de oferta generalizado es un absurdo. Es imposible que caigan los precios de “todos” los bienes en la economía.” 7

 

  Es decir, en una economía de trueque la flexibilidad de los precios que garantiza la igualdad entre la oferta y la demanda es imposible de evitar. Nunca puede haber una caída de precios de todos los bienes. Lo que da origen a una mayor demanda no es la cantidad de dinero sino la producción de bienes y servicios.

 

 Introduciendo la moneda en este análisis las cosas no cambian, pues, como se señalara antes, la mayor o menor cantidad de moneda en relación a la producción dará como resultado un incremento o una caída del valor de la misma.

 

  En su momento, Keynes se opuso vehementemente a la ley de Say argumentando que los precios no eran flexibles a la baja, por lo que un aumento de la demanda de atesoramiento de dinero en poder del público, implicaba una reducción de su circulación lo que demandaría una caída de los precios. Como esto no se verificaría, el resultado era un proceso recesivo. De hecho, Keynes toma este concepto del economista Silvio Gesell, quien parece ser la fuente de inspiración de los organizadores de los centros de trueque.

 

  Los organizadores del trueque se basan en una errónea teoría. Han rescatado el trabajo del economista alemán Silvio Gesell, quien proponía implementar un tributo al dinero de forma tal de penar su acumulación, fomentando así su “circulación” y eliminando la escasez de dinero. Sin embargo, ése es un serio error.

 

 

  Artículo publicado originalmente en el libro "Trueque y Economía Solidaria (2003)" y en la página web de Martín Krause

 

 

 

1. Menger, “El origen de la moneda”, Libertas Nº 2, (Buenos Aries: ESEADE, 1985), p,212.

2. La alta liquidez de un producto no es revelada por el hecho de que sea posible desprenderse de él a cualquier precio, incluso el que sea el resultado de una desgracia a accidente. En este sentido todos las productos son bien e igualmente comercializables. Depende de que resulte posible desprenderse de él con facilidad y seguridad, en cualquier momento y a un precio que se corresponda, o que por lo menos no sea incompatible, con la situación económica general, es decir, al precio económico o aproximadamente económico.

3. Carl Menger, op. cit, p. 217.

4. Menger, op. cit., p. 218.

5. Menger, op. cit., p. 223.

6. Jürgen Schuldt, Dineros Alternativos para el Desarrollo Local, (Universidad del Pacífico: Lima, Perú,

1997), p. 136.

7. Juan Carlos Cachanosky, “Crisis económicas: causas y consecuencias”, Libertas Nº 36 (Buenos Aires: ESEADE, 2002), p. 185.

 

 

  Lea aquí la 2ª parte del artículo: LAS LIMITACIONES DEL TRUEQUE (II)

 

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