LAS LIMITACIONES DEL TRUEQUE (II)
6-6-10
Martín Krause
Gesell separa incorrectamente a la sociedad entre los poseedores de dinero y los poseedores de mercancías, diciendo que la moneda (en ese entonces, metálica) favorece a los poseedores de moneda quienes tienen el “poder” de decidir cuándo desprenderse de ella. Así:
“...la moneda ha sido mejorada desde el punto de vista del poseedor. Al escoger la materia para la moneda se ha tenido solamente en cuenta al comprador, a la demanda. La mercancía, la oferta, el vendedor, el productor, han sido olvidados por completo. Se ha elegido para la fabricación de la moneda la materia prima más bella que proporciona la tierra, un metal noble, - porque beneficiaba al poseedor. Y se olvidó con ello que los poseedores de las mercancías, en el momento de realizarlas, debían pagar aquellos beneficios. La elección de ese material monetario ha permitido al comprador aguardar el momento más oportuno para la compra de las mercaderías, olvidando que esa libertad obliga al vendedor a esperar pacientemente en el mercado hasta que al comprador le plazca aparecer.” 1
En primer lugar, es necesario señalar que nadie ha “escogido” la materia para la moneda, en este caso el oro, sino que dicho resultado es fruto de un largo proceso evolutivo resultado de “la acción humana , no del designio humano”.
Además, lo que se menciona no es correcto, ni siquiera con la moneda metálica, ya que si la moneda se “atesora” como sería éste el caso disminuye su oferta en el mercado por lo que su valor tiende a crecer en relación a los bienes y servicios, es decir, se aprecia, lo cual incentiva su producción (en este caso aumenta el precio del oro lo que incentiva un aumento de la producción del mismo). En el caso de una moneda fiduciaria como la moneda papel o, en tal caso, los créditos, un “atesoramiento” de moneda produce el mismo efecto, reduce la cantidad de la misma respecto a los bienes por lo que los precios de éstos en esa moneda bajarán, no tienen porqué quedar stocks sin vender por esta causa como sugería Gesell. Si queda mercadería sin vender luego de una
Gesell incluso proponía que la moneda no fuera de tan buena “calidad”:
“Las mercaderías en general, trigo, carne, lana, cueros, petróleo, no podrán canjearse con seguridad más que cuando para todos sea completamente igual poseer dinero o mercancías; y esto no ocurrirá hasta que el dinero cargue también con todas las propiedades perniciosas "inherentes" a nuestros productos. Y es lógico. Nuestras mercancías se pudren, se descomponen, se rompen y oxidan; cuando también la moneda posea propiedades corporales, que compensen las citadas desventajas, podrá cimentarse un intercambio rápido, seguro y barato, ya que semejante moneda no merecería la preferencia de nadie, en ningún lugar y tiempo.
Una moneda tal, que envejece como un diario, que se pudre como las papas, que se volatiliza como el éter, es la que sólo puede servir como medio de cambio para diarios, papas, hierro, etc., pues ella no sería preferida a la mercancía, ni por parte del comprador, ni del vendedor. Únicamente se entrega la propia mercancía por dinero, porque se necesita de éste como medio de cambio, y no porque se busque alguna ventaja en su posesión. Debemos, pues, empeorar al dinero como mercancía, si hemos de mejorarlo como medio de cambio, y ya que los poseedores de mercancías tienen siempre apuro en el cambio, justo es que también los poseedores del medio de cambio...”. 2
Pues el pedido de Gesell fue escuchado oportunamente por muchos gobiernos y aplicado en particular por el argentino, quien se encargó de “empeorar el dinero” de forma tal que la gente no quisiera ya poseerlo y se lanzara a cambiarlo, dando como resultado los fenómenos hiperinflacionarios por los que atravesara la Argentina. E incluso, cuando la calidad de la moneda local fue deteriorada de esa forma, la gente prefirió cambiarla por otra moneda más sólida y no por bienes como pensaba Gesell que iba a hacer.
Incluso sin querer saldar la polémica con Keynes en este trabajo, es necesario tener en cuenta que cuando éste hablaba de “rigidez” de los precios a la baja, se refería principalmente a los salarios y esto debido a la acción de los sindicatos bajo el amparo de las nuevas legislaciones laborales. En el caso de los nodos de trueque no hay salarios que se paguen en “créditos”, a menos que interpretemos como tales a los servicios personales que allí se intercambian, no obstante lo cual, los mismos no presentan en absoluto la rigidez de los salarios sino la flexibilidad de todo servicio. Por esa razón, la validez de la ley de Say se mantiene vigente en estos centros.
Esto tiene consecuencias para la administración de una moneda como los créditos. Sus emisores se enfrentan, además, a un problema similar al que enfrenta cualquier banco central del planeta: ¿qué cantidad de “arbolitos” han de emitirse? Esto requiere contestar una pregunta anterior: ¿cuál es el valor de una moneda? Pues no ha de tener un precio ya que es precisamente ella la que da precio a todas las demás cosas. El poder adquisitivo de una moneda son las cosas que con esa moneda se pueden comprar. Si con la misma cantidad de productos crece la cantidad de moneda su valor va a caer, aumentan los precios en esa moneda. Una moneda con poder adquisitivo estable debe lograr una relación estable también entre la cantidad de “cosas” y la cantidad de moneda. No es una tarea fácil y la experiencia de los bancos centrales lo demuestra, particularmente el nuestro. Pero he aquí que, aparentemente, se entrega a cada participante una cantidad fija de “arbolitos” y se dice que eso mantiene estable el nivel del circulante per cápita. Por cierto que lo mantiene, pero ese no ha de ser el objetivo, sino el que se mencionara antes, de mantener una relación estable entre el “circulante y los bienes”, no las personas. Es decir, ¿si una persona ingresa con un auto recibe 50 arbolitos y si ingresa con un lápiz también? Pues esto puede dar como resultado tanto poca como mucha moneda y los precios habrán de ajustarse a ello, pero no serán estables.
Existen entonces, para los administradores, tres posibilidades básicas:
- tratar de acomodar la emisión de moneda al volumen de los intercambios que se realizan de forma tal que el valor de la moneda se mantenga constante.
- fijar la cantidad de moneda y luego que sean los precios de los bienes que se intercambian fluctúen hacia arriba o hacia abajo, teniendo en cuenta, como se mencionara antes, que no hay razones para pensar que no existiría flexibilidad en ambos sentidos para los productos y servicios que se intercambian.
- atar la cantidad de moneda a una reserva determinada y que, por lo tanto, su cantidad dependa de la reserva mencionada
Como se mencionara, la primera alternativa no es sencilla. Por las siguientes razones:
- requiere un elevado volumen de información acerca de la magnitud de los intercambios se realicen en toda la red; y no sólo eso, requiere una estimación sobre volúmenes futuros, información que no está disponible y que resulta siempre una aproximación. Estos problemas acerca de definir el volumen de la oferta de créditos se presentan al margen de los reconocidos en relación a la “falsificación” de billetes, cosa que ya ha sucedido. No obstante, el resultado de una emisión excesiva es el mismo.
- la tentación del administrador de apropiarse del “segniorage”, esto es, de utilizar la emisión de créditos para cubrir sus propios gastos. De hecho, esto sucede en la medida que se abonan salarios a los empleados del administrador en “créditos”. Esto no quiere decir que dichos gastos no sean necesarios, teniendo en cuenta que la organización de los nodos y la administración de su funcionamiento requieren de su debida asignación de recursos, pero los mismos no deberían provenir de la “política monetaria” sino de la “fiscal” es decir, de los honorarios específicos que los participantes pagan para participar en los nodos.
Una moneda fiduciaria, como son los “créditos”, con manejo discrecional por parte de la autoridad emisora demanda, tanto sea una regla clara sobre su manejo como un mecanismo de control que sólo puede funcionar en base a la confianza y en grupos pequeños.
Esto es señalado por Schuldt al considerar la experiencia del sistema LET:
“Otra ventaja adicional del sistema es que prácticamente no existe límite para la realización de transacciones, ya que no está limitada a la circulación del dinero. Sin embargo, en ese mérito radica también la principal limitación del sistema, puesto que algunos miembros pueden incurrir en elevados déficit, es decir, en excesivas compras respecto a sus ventas. Si este comportamiento se generaliza, el sistema quiebra y todos los demás miembros (con superávit) tienen que absorber la pérdida. Con ello se pierden la fe y la confianza en que se basa el LET. Y esta tendencia aumentará cuanto más grande sea el número de miembros de la asociación, es decir, a medida que se convierta en una institución más impersonal.” 3
Y luego considerando las conclusiones:
“...este sistema requiere –para su funcionamiento adecuado- de un cierto nivel homogéneo de educación y de confianza mutua relativamente elevados entre los miembros participantes. Incluso la proximidad física de éstos pareciera esencial en un inicio”. 4
Pues no solamente al inicio, el problema es que lo requiere siempre y en la medida que no puede extenderse el ámbito de las transacciones se pierden los beneficios de la extensión de la división del trabajo.
Vale la pena recordar que la centenaria estabilidad de las monedas metálicas se basaba en las limitaciones “físicas” impuestas a su producción: por más que se quisiera no existían posibilidades reales de incrementar la cantidad de moneda metálica. Esto hizo que, por ejemplo, en los últimos 500 años el stock total de oro se incrementara a un promedio anual que nunca superó el 5%, incluso en épocas de grandes descubrimientos como los de California o Sudáfrica. Esto permitió la existencia de un límite físico pero suficientemente flexible para que creciera la cantidad de moneda a la par que crecía la producción de bienes, dando como resultado décadas de precios estables.
En tal sentido, dentro de la alternativa 2. antes mencionada, podría ser recomendable que los administradores de los “créditos” fijaran su volumen actual, lo mantuvieran, y luego adoptaran una regla para su crecimiento que podría aproximarse a la mencionada para el metal, 3-5% anual, y en caso de que el volumen de transacciones superara dicho crecimiento, permitir una apreciación en el valor de los créditos. Por cierto que lo que no sucedería sería una caída de su valor, y esto es lo que se busca evitar para no degradar la calidad del medio de intercambio.
Por otro lado, en relación a la alternativa 3.; se trataría en este caso de atar la cantidad de moneda en circulación a un cierto activo cuya tenencia impone un límite en la cantidad de moneda emitida. Dicha “reserva” podría ser incluso otra “moneda” como el peso, el dólar, o incluso algo más sólido aún como el peso argentino oro. El mantenimiento de una relación constante entre la cantidad de moneda emitida y el monto de las reservas sostendría su valor.
Las tasas de interés
Por otra parte, el rechazo a la “acumulación” proveniente de las teorías de Gesell y Keynes, incidirá en última instancia de forma tal de perjudicar a los mismos participantes de los clubes de trueque.
En la actualidad, se intercambia en ellos lo que la gente ya tiene (es decir lo que ya se ha producido) o lo que puede realizar con su trabajo y ciertos materiales adquiridos en la economía monetaria. Podrá mantenerse así mientras la gente tenga muebles en su casa para cambiar, o pueda seguir cocinando empanadas. Si toda la economía fuera así tendríamos una mera economía de subsistencia. Todo paso a un nivel superior a la subsistencia requiere de un elemento básico, y como tal muchas veces odiado, de la economía: capital.
Sin capital no habrá posibilidad de aumentar la producción más allá de lo que se observa en los nodos de trueque. Pero para que exista capital tiene que haber acumulación, ya que el capital no surge de la nada. Pero si lo que se va a castigar es la acumulación, entonces no habrá capital, no habrá crecimiento. Si no, veamos lo que le sucede actualmente al peso luego de que se castigara su acumulación a través del “corralito” y la devaluación. En la actualidad, los “arbolitos”, circulan en condiciones competitivas con la moneda estatal, porque brinda un servicio más barato, ya que estos intercambios, por ejemplo, no son recargados con el 21% del IVA. Tampoco está sujeta al “corralito”, pero si van a castigar su “acumulación” entonces serán parecidos en esto.
El castigo a la acumulación parte de la quimérica idea de eliminar el interés, cosa que no es nueva en la historia económica y encuentra frondosos antecedentes en la Edad Media.
Comenta Schuldt:
“Hoy en día, en las más variadas zonas geográficas del mundo, a pesar de la ‘mundialización’ monetaria, persisten los intentos de instaurar estos sistemas monetarios, una de cuyas principales ventajas es que tenderían a llevar las tasas de interés a cero (o a niveles muy reducidos), si bien nuevamente vienen siendo aplicados sólo en espacios subnacionales relativamente restringidos.” 5 (negrita en el original)
Y luego comentando a Rudolf Steiner:
“Lo que es ‘una gran estupidez’, como la denomina Steiner, es que el dinero otorgue renta: se lo pone en el banco y da rendimientos. De nada no puede salir nada, dice. Sin un rendimiento o servicio propio no se puede obtener algo y, por tanto, no se tiene derecho a nada. En su concepto, el aumento del valor en depósitos monetarios aparece como una transferencia no ganada apropiadamente”. 6 (negrita en el original)
Pues tal vez el autor debería en calificar de esa forma ciertos conceptos porque esos mismos epítetos pueden serle aplicados a su vez. Lo que demuestran Steiner y Schuldt es no comprender la esencia del “interés” el cual está determinado por una categoría de la acción humana denominada “preferencia temporal”, la que se refiere a la mayor valoración que otorgamos a satisfacer una necesidad en el presente en comparación con satisfacerla en el futuro. Si tuviéramos una preferencia por el futuro, nunca llegaríamos a consumir en el presente.
“El interés originario es una categoría de la acción humana. Aparece en toda evaluación de bienes externos al hombre y jamás podrá esfumarse. Si reapareciera aquella situación que se dio al finalizar el primer milenio de la era cristiana, en la cual había un general convencimiento del inminente fin del mundo, la gente dejaría de preocuparse por la provisión de necesidades terrenales del futuro. Los factores de producción perderían todo valor y carecerían de importancia para el hombre. Pero no desaparecería el descuento de bienes futuros por presentes, sino que aumentaría considerablemente. Por otra parte, la desaparición del interés originario significaría que la gente dejaría de interesarse por satisfacer sus más inmediatas necesidades; significaría que preferirían disfrutar de dos manzanas dentro de mil o diez mil años en lugar de disfrutar de una manzana hoy, mañana, dentro de un año o diez años.
No es ni siquiera pensable un mundo en el que el fenómeno del interés originario no exista como elemento inexorable de todo tipo de acción. Exista o no exista división del trabajo y cooperación social; esté organizada la sociedad sobre la base del control privado o público de los medios de producción, el interés originario se halla siempre presente. En la república socialista desempeña la misma función que en la economía de mercado” 7
Incluso los partidarios, como Schuldt, de “una ‘economía con rostro humano’, de un ‘socialismo de mercado’ e incluso de una ‘economía de mercado sin capitalismo’, como postula, entre otros, Silvio Gesell”8 no podrían seguramente abstraerse de la preferencia temporal: ¿preferirían alcanzar esa sociedad ahora o en el futuro? ¿otorgarían la misma valoración a conseguirla en lo inmediato que a tener que esperar diez años o toda una vida para alcanzarla?
Otras monedas
Veamos ahora la relación entre los créditos y otras monedas, sean éstas el peso, el dólar o los bonos provinciales. En ese sentido, los administradores de los clubes de trueque buscan mantener un monopolio en el uso de ese medio de intercambio dentro de los nodos. Esto no resulta conveniente. Por las razones antes mencionadas en relación a la “acumulación” y a la necesidad de abastecerse fuera de los mismos nodos para poder producir hacia la venta en ellos, y porque el monopolio sobre el medio de intercambio deja a los participantes indefensos ante el posible mal manejo de la moneda en consideración, como así también favorece la utilización del “impuesto inflacionario” vía la mayor emisión de créditos. Como se mencionara, convendría a todos los participantes que existiera una libre convertibilidad de los créditos hacia otras monedas y que la administración de la estructura necesaria para el funcionamiento de los nodos se financiara con “derechos” que abonan los participantes. Esto daría claridad y solidez a la operación.
Comenta Schuldt:
“En pocas palabras, ¿no sería posible imaginar circuitos económicos autodependientes basados en medios de cambio alternativos o, por lo menos complementarios a la moneda nacional oficial?” 9
La respuesta el claramente afirmativa. Pero esto es totalmente contradictorio con promover la imposición obligatoria de tales monedas:
“Hoy en día, los agentes económicos sólo se ‘liberan’ –y, más bien, son forzados- del dinero (‘minimizan’ su demanda monetaria) cuando hay alta inflación o tasas de interés elevadas, que en sí mismos son problemas más que soluciones para asegurar su circulación. En consecuencia, en este ámbito, se requeriría instaurar un sistema coercitivo –por parte del gobierno a nivel nacional- o, preferentemente, voluntario –a escala local o regional, que lleve a la obligación de devolver el dinero al circuito económico, sea en forma de consumo o inversión, sea a los bancos como ahorro (cuasi-dinero).” 10 (negrita en el original
¿Porqué no dejar que la gente elija libremente la moneda que quiere utilizar? Veremos allí si prefiere una moneda que se “oxida” o una moneda que mantiene su valor.
Economía social
Al margen del tema estrictamente monetario, puede observarse que muchos presentan a estas actividades como parte de una “economía social” o “economía solidaria”, la cual se contrapone con la economía a secas o economía de mercado. Incluso los organizadores llaman a los billetes de los créditos, “moneda social”, y a los que intervienen “prosumidores”. Pero esto no presenta ninguna diferencia con la economía monetaria: en ella todos somos “prosumidores”, pues todos tenemos primero que producir algo para luego poder consumir. Pagamos nuestro consumo con dinero, pero previamente tuvimos que generar algo para obtenerlo. La moneda, asimismo, cumple la misma función “social” de facilitar los intercambios, de la misma forma que sucede en los nodos de trueque. El mercado es “social” por definición ya que se trata simplemente de un nodo gigante donde la gente se encuentra en numerosos lugares para intercambiar.
No obstante, los organizadores de los clubes de trueque quieren darle a esta nueva moneda un carácter distinto a la moneda convencional. Dicen que no es dinero, que se acumula para hacer más dinero; no es un fin en sí mismo sino un medio. Pues la moneda convencional es también un medio: nadie quiere los dólares para comérselos ni para empapelar su casa con ellos, sino que los quiere por las cosas que con ese dinero puede comprar. Solemos decir que tal persona es rica porque tiene tanto dinero, pero sabemos que lo es porque tiene más acceso a productos o servicios, eso es lo que la hace más rica.
Así, la Declaración de Principios de la Red Global de Trueque dice:
- “Nuestra realización como seres humanos no necesita estar condicionada por el dinero.
- No buscamos promover artículos o servicios, sino ayudarnos mutuamente a alcanzar un sentido de vida superior, mediante el trabajo, la comprensión y el intercambio justo.
- Sostenemos que es posible remplazar la competencia estéril, el lucro, y la especulación por la reciprocidad entre las personas.”
El dinero es simplemente un medio de intercambio que brinda un servicio facilitándolos. Puede ser que el afán de riqueza (poseer bienes, acceder a servicios) condicione a las personas pero ello no tiene nada que ver con el dinero como medio de intercambio. Sólo el avaro estaría condicionado ya que encuentra placer en la mera tenencia de dinero, el resto de los mortales disfruta los bienes y servicios que se pueden obtener con él, pero no al dinero mismo.
Y no es necesario temer que la gente promueva sus artículos o servicios (de hecho quienes van a los nodos es eso precisamente lo que hacen) ya que al hacerlo simplemente quieren satisfacer las necesidades de los demás, aunque más no sea como forma de poder satisfacer las propias:
Dame lo que necesito y tendrás lo que deseas, es el sentido de cualquier clase de oferta, y así obtenemos de los demás la mayor parte de los servicios que necesitamos. No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés. No invocamos sus sentimientos humanitarios sino su egoísmo; ni les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas. 11
Por último, la “competencia” no deja de estar presente en los nodos, e incluso entre los nodos (¿qué pasa cuando dos personas ofrecen el mismo producto en un nodo?), pero esto es precisamente lo atractivo, ya que es la competencia para satisfacer las necesidades del cliente, siendo el lucro (en términos de dinero de ganado o de bienes y servicios intercambiados que uno se lleva del nodo o consume en él) le premio por haberlo hecho en forma correcta.
Una moneda privada
Comentaba al principio que el fenómeno analizado es extraordinario, es el germen de una potencial moneda en manos de la gente, no del gobierno. Sería lamentable que una experiencia con tanto potencial positivo fracasara luego por un manejo inspirado en conceptos equivocados. También lo sería si fracasara por querer imponerle objetivos utópicos que no se relacionan con la naturaleza de las actividades que en los centros de trueque se realizan. Los participantes simplemente intercambian bienes y servicios.
Pretender que, además, al hacerlo están participando de una revolución social y política para eliminar el capitalismo es no ver que sus participantes están llevando a cabo acciones netamente “capitalistas”.
Hay muchas utopías que han fracasado en el siglo pasado y su fracaso no ha estado exento de grandes costos sociales. La utopía de Gesell no se diferencia mucho de esto:
Dice Shuldt:
“Todo ese proceso [el de eliminación de las rentas por medio de la tierra libre y el dinero libre] se daría al interior del sistema económico establecido, sólo que todo el producto del trabajo se repartiría entre todos los que trabajaban, según las necesidades personales de cada uno” 12
Es la misma vieja frase de Marx, “de cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”. Marx, al menos, consideraba que se llegaría esto en la etapa superior de evolución que sería el comunismo. El objetivo se frustró mucho antes porque la máxima es inviable y se contrapone a la naturaleza humana. Demanda un “hombre nuevo” que nunca pudo llegar a producirse o un alto grado de coerción, que fue su resultado final.
Es necesario tener una perspectiva más modesta del fenómeno de los clubes de trueque. Por ahora tienem campo para crecer porque el manejo de la moneda estatal peor no puede ser y sus intercambios no son penalizados con impuestos. Pero para crecer, fortalecerse y darle a la gente todos los servicios que demandará de ella para generar riqueza ha de permitir la acumulación y el crecimiento del capital, generando servicios financieros que intermedien entre el ahorro y la inversión. Sí, capital, esa palabra tan odiada: el único camino para salir de la pobreza
Artículo publicado originalmente en el libro "Trueque y Economía Solidaria (2003)" y en la página web de Martín Krause.
1. Silvio Gesell, El Orden Económico Natural, http://www.systemfehler.de/es/ Parte 2, capítulo 1.
determinada sesión del mercado esto se debe a la ausencia de demanda sobre ese bien
no a la escasez de moneda.
2. Silvio Gesell, op. cit.
3. Schuldt, op. cit. p. 62.
4. Schuldt, op. cit., p. 312.
5. Schuldt, op. cit, p. 22.
6. Schuldt, op. cit., p. 144.
7. Ludwig von Mises, La Acción Humana: Tratado de Economía, 6ª edición, (Madrid: Unión Editorial,
2001), p. 626.
8. Shuldt, op. cit., p. 8.
9. Schuldt, op. cit., p. 11.
10. Schuldt, op. cit., p. 198.
11. Adam Smith; Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones (México:
Fondo de Cultura Económica, [1776] 1958), p. 16.
12. Schuldt, op. cit, p. 133.
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