LA ESCUELA AUSTRÍACA Y LA TRADICIÓN CLÁSICA [1]

02-12-2009

Nicolás Cachanosky

 

“Of course, the practice of attaching a national label to a line of thought is necessarily misleading. Only very few Austrians —and for that matter, non-Austrians— knew anything about economics, and still smaller was the number of those Austrians whom one could call economists, however generous one might be in conferring this appellation.” [2]

Ludwig von Mises

  Tratar de especificar qué es la “Escuela Austríaca de Economía” implica teoría, historia del pensamiento, epistemología, e historia; como toda tradición de pensamiento la misma se encuentra contextualizada desde varios puntos de vista. Si bien no es tarea sencilla definir o ubicar a la “Escuela Austríaca” sin pasar por alto matices o excepciones, este breve artículo pretende ayudar a ubicar a esta tradición en el mapa de “pensamiento económico” y cuáles son sus características (o diferencias) más importantes.[3]

 

  La aparición de la Teoría Marginal implicó mucho más que un avance teórico en la economía. Junto con la incorporación de una teoría (subjetiva) del valor marginal comenzaron a aparecer escuelas de pensamiento económico, algo prácticamente inexistente hasta entonces. La evolución del pensamiento económico comenzó una etapa totalmente nueva.

 

  Si bien es cierto que hubo otras corrientes antes del marginalismo aparte de la clásica, como pueden ser los fisiócratas y los mercantilistas, ninguno de estos grupos representó una escuela de pensamiento en el mismo sentido que lo fueron los economistas clásicos. Estos otros movimientos consistían más bien en un reflejo de la opinión generalizada, no teórica o académica, sobre cuestiones de mercado antes que un desarrollo teórico o sistemático de la disciplina. Es recién con Adam Smith y la “escuela clásica” cuando la economía comienza a ser estudiada de manera profesional y teórica con un importante grado de independencia respecto a otras disciplinas.

 

  El comienzo de esta atomización de la teoría económica puede ubicarse en la incorporación y uso de matemáticas en el desarrollo de teoría económica, incorporación que comienza con parte del marginalismo (Jevons y Walras). Este acontecimiento implicó todo un cambio en la forma de estudiar el proceso económico. Si bien esta nueva metodología rápidamente se ubicó como la economía “convencional”, “mainstream”, o “neoclásica” del análisis económico, el marginalismo de Carl Menger (de donde surge la “Escuela Austríaca de Economía”) continuó con la tradición clásica en lugar de mutar a un análisis “a la matemática”. A través del marginalismo de Jevons y Walras la disciplina comenzó como a “mecanizarse”.

 

  Esta diferencia, que a primera vista puede parecer de estilo o gustos, esconde diferencias muy profundas que rozan lo irreconciliable. Para la tradición austríaca, por ejemplo, la “nueva economía” ha caído en errores que ni siquiera estaban presentes en los pensadores clásicos, mientras que para la “nueva economía”, la “escuela austríaca” se ha quedado en el tiempo al no evolucionar hacia una metodología más moderna, científica y rigurosa o precisa.

 

  Más allá de las diferencias puntuales, las cuales no son pocas ni superficiales, cuando miramos el espectro de escuelas de pensamiento económico vemos que las mismas pueden subdividirse a su vez en dos grupos. Por un lado se encuentra la tradición de Viena o “Escuela Austríaca de Economía”, y por otro la economía “neoclásica” que a su vez posee escuelas “internas” de pensamiento. [4] De este modo, el Monetarismo, Keynesianismo, “Law & Economics”, y otras, son todas pertenecientes a la economía mainstream; mientras que en la “Escuela Austríaca”, en cambio, no se encuentra el mismo tipo de subdivisión. En otras palabras, lo que se entiende por “escuelas de pensamiento económico” son en realidad escuelas del pensamiento mainstream.

 

  Por este motivo, si bien es cierto que ciertas diferencias conceptuales parecen ser generales, esto no quita que no sea posible que surjan nuevas diferencias sólo con algunas de estas escuelas y no con todas. O que surjan nuevas escuelas de pensamiento mainstream donde no haya una diferencia con la “Escuela Austríaca” en algún concepto que hasta entonces era motivo de discrepancia entre ambas corrientes de manera generalizada. Por lo tanto, diferenciar a la “Escuela Austriaca” basándose en estas diferencias se puede volver vago y arbitrario, más preciso sería buscar el motivo que da origen a las diferencias más que enumerar las discrepancias en sí.

 

  A diferencia de la economía mainstream, la escuela austríaca no implicó un cambio radical en la metodología o tradición clásica, sino que la aparición de la teoría marginal del valor permitió avanzar y exponer más claramente la apriorística y metodología de la economía como disciplina científica. La economía convencional, en cambio, hizo un “borrón y cuenta nueva”, comenzando a reconstruir la economía prácticamente desde cero con la ayuda de su nueva metodología “a la matemática”. En este sentido, la “nueva economía” implicó un divorcio de la economía convencional respecto a la tradición clásica que no se encuentra en la “Escuela Austríaca”. Mientras los austríacos son la continuación y evolución del programa clásico utilizando un método de “lógica discursiva”, la economía convencional implica un nuevo programa de investigación.

 

  Sin embargo, la incorporación de esta nueva metodología parece haber resultado más en un retraso que en un avance respecto a la explicación y estudio del proceso de mercado. Supuestos tan irreales como el de conocimiento perfecto, que suele ser “corregido” con un contrasupuesto (o agregando una variable estocástica en los modelos); el de neutralidad del dinero; ver en las expectativas racionales y adaptativas una evolución y revolución en el análisis económico; encontrar en la Teoría de Juegos una formalización de los órdenes espontáneos “Hayekianos”; continuar modelizando que los costos son determinantes de los precios finales (rearmando así un razonamiento circular del cual al menos los clásicos eran conscientes); medir la inflación a través de un “nivel de precios” y no a través de la expansión de la base monetaria; dejar ausente al empresario, es decir al competidor, en los modelos de competencia; definir el grado de perfección en la competencia de un mercado según la cantidad de productores y homogeneidad de los productos en lugar de a través de la libertad de entrada y salida de competidores entre muchas otras diferencias son una clara muestra del retroceso que la economía convencional ha logrado gracias a la nueva metodología.[5] Estos supuestos no simplifican la realidad, sino que la transforman por completo. Si las teorías no versan sobre fenómenos de la realidad entonces carecen de utilidad práctica, limitándose a una cuestión de “ejercicio mental” carente explicaciones reales sobre los fenómenos que deben iluminar. Sin embargo, el problema no se limita únicamente a la irrealidad del “modelo”, sino que el problema se encuentra mal planteado de origen. Ninguna teoría económica puede aspirar a explicar toda la realidad por sí sola, pero no es lo mismo comenzar suponiendo que el conocimiento es perfecto y luego limitarlo con agregados ad hoc que directamente partir desde un conocimiento imperfecto; en el primer caso siempre habrá como un ancla a la situación de “conocimiento perfecto”. En este punto vale la pena recalcar la diferencia que hacen los “austríacos” entre información y conocimiento. Una cosa es tener la información y otra cosa es saber utilizarla para generar el “conocimiento adecuado”. El estudio de la economía consiste justamente en estudiar el proceso espontáneo de coordinación del conocimiento, el cual posee una dosis importante de subjetividad. Suponer que el mismo ya se encuentra coordinado es eliminar el problema a resolver antes de siquiera plantearlo.[6]

 

  De este modo, la economía convencional termina analizando problemas económicos imaginarios o irreales en lugar de problemas económicos reales, donde la relación con la realidad económica se debe más a la casualidad que a la causalidad. En resumen, la economía matemática no parece ser economía ni matemática, dado que incluso el desarrollo matemático dista de ser avanzado respecto a otras disciplinas donde el uso de la misma es más apropiado.

 

  El divorcio de la realidad que sufre la economía convencional es tan importante que su retraso no lo es sólo respecto a sus contemporáneos “austríacos”, sino que también lo es respecto a sus predecesores, los clásicos. Para algunos austríacos puede no resultar exagerado sostener que a pesar de sus limitaciones y errores, la teoría clásica explicaba de manera más consistente y real el proceso de mercado que la nueva economía convencional, dado que estos pensadores, en última instancia, se preocupaban por problemas económicos reales. Un ejemplo puede ser Israel Kirzner, quien en un trabajo sobre historia del pensamiento económico sostenía lo siguiente:

 

“The early economists, in fact, when offering definitions of their science, were often far more earnestly concerned with expressing its true essence and nature than were many of their successors.” [7]

  Lo que realmente diferencia a la “Escuela Austríaca” de otras escuelas neoclásicas va más allá de una “diferencia entre escuelas”; si queremos ser más precisos, deberíamos decir que la “Escuela Austríaca” no es una “escuela”. Lo que diferencia a la “Escuela Austríaca” del Monetarismo es distinto de lo que diferencia al Monetarismo del Keynesianismo, las diferencias entre ambos casos se encuentran en planos distintos. La “Escuela Austríaca” y la “Economía Neoclásica” no son escuelas distintas, son paradigmas distintos, que por lo tanto dialogan en “idiomas distintos”. De este modo, las dos corrientes analizan el mismo problema pero desde un punto de vista totalmente diferente. Por hacer una analogía gráfica, si las ciencias físicas estudian las leyes por las cuales las manzanas se caen de los árboles, cada manzana de la economía no sólo elige cuando caer, sino que también eligen en qué dirección y a qué velocidad hacerlo. Mientras la tradición de Viena reconoce este problema e inicia su análisis reconociendo esa situación, la economía convencional trata a su objeto de estudio como una “manzana de la física” en lugar de cómo una “manzana de la economía”. Es cierto que la economía mainstream representa al nuevo paradigma, y que estos “cambios paradigmáticos” suceden en la historia de las ciencias. Pero un cambio de paradigma no implica que el nuevo sea necesariamente superador o superior al anterior. Mientras el paradigma austríaco implica un avance en la consistencia de la teoría económica, el paradigma neoclásico parece ser más un retroceso que un progreso.

 

  De este modo, si bien el monetarismo o la “Escuela de Chicago” puede defender los principios de libertad y economía de mercado de manera similar a como lo hacen los austríacos, no es de extrañar que dialoguen más fácilmente con el pensamiento Keynesiano que con el “Austríaco”. Por estos motivos, también, la economía convencional suele considerar como hallazgos y descubrimientos conceptos o principios que pueden encontrarse en los economistas clásicos o que los austríacos ya habían expuesto con anterioridad.[8]

 

  Basta con mirar los programas tanto de pregrado como de grado en economía para ver que no sólo el pensamiento clásico se encuentra prácticamente ausente, sino que los contenidos de filosofía y epistemología tampoco reciben la atención debida. Esta falta de estudio sobre la naturaleza del problema a resolver hace que sea fácil confundir la metodología a aplicar, y se termine eligiendo la que más prestigio o resultados (visibles) parece tener presuponiendo que es el modelo universal a seguir. De este modo, la economía a veces se parece más a una subdisciplina de la física o ingeniería mecánica que a una ciencia que estudia las consecuencias económicas de los actos humanos. A esta tendencia Hayek la catalogó como el “error constructivista”, que tendría el efecto de viciar el análisis económico y social:

 

“Mi buen deseo de defender a mis colegas economistas estaría ciertamente mucho más justificado si muchos de ellos no estuvieran, en general, tan afectados por el error constructivista.”[9]

  Si pensamos en las dos corrientes como dos paradigmas distintos, es más claro que la “Escuela Austríaca” es la continuación del pensamiento clásico, con el agregado de haber incorporado una teoría del valor (subjetiva) marginal al análisis económico, mientras que la economía mainstream es como una nueva disciplina. En otras palabras, podríamos decir que la “Escuela Austríaca” es más neoclásica que la propia “Escuela Neoclásica”.

 

  Dado que la diferencia entre las dos corrientes es de paradigmas más que de escuelas, la diferencia fundamental se da en la metodología utilizada por cada una, dado que ven al problema económico de manera distinta. Es aquí donde el “individualismo metodológico” es una característica distintiva de la “Escuela Austríaca”.[10]

 

  Por otro lado, dado que la tradición de Viena es más un programa de investigación que una “escuela”, se vuelven comprensibles y entendibles las diferencias que pueden encontrarse entre sus representantes. Del mismo modo que dentro de los clásicos se pueden encontrar autores diferentes como Adam Smith y Carlos Marx, dentro de los “austríacos” también se pueden encontrar opiniones diferentes en varios puntos. Por ejemplo, mientras Mises negaría todo rol teórico a la contrastación empírica, Hayek diría que podría jugar algún rol en el desarrollo de teoría económica de ser necesario o considerado importante por el investigador. Sin embargo, sería una exageración ubicar a Hayek fuera de la escuela austríaca por esta diferencia del mismo modo que sería una exageración ubicar a David Ricardo fuera del pensamiento clásico porque consideraba los determinantes del precio de manera distinta a como lo hacía Adam Smith.[11] Otras diferencias pueden encontrarse en otros puntos entre diversos autores “austríacos”, pero a todos ellos los une la metodología general con la que afrontan el problema económico, todos ellos son más economistas clásicos que “economistas mainstream”.[12]

 

  Hay además otra diferencia que puede ayudar a entender la relación entre las dos corrientes. A diferencia del economista convencional, el economista austríaco se ha formado en ambas disciplinas. Un economista profesional o académico ha tenido que completar sus estudios de grado, maestría, y posiblemente de doctorado, estudiando y disertando sobre teoría económica convencional, pero no necesariamente sobre economía austríaca, este es un estudio que debe realizar por su propia cuenta. En otras palabras, el economista austríaco es, metodológicamente hablando, bilingüe, mientras que el economista convencional es monolingüe, por lo que a veces posee dificultades para entender al economista austríaco. Peter Boettke, refiriéndose a este punto y mencionando una expresión de Hayek, lo escribía con las siguientes palabras:

 

“The full effect of this trend, Hayek argued, was only being felt within the second generation of economist subject to its influence. The first generation, while rejecting the analytical method of classical economics, was nevertheless trained in it. Although they tried to shake off the rigorous logic of the classical school, economists trained in that way of thinking could not fully escape its influence. The second generation, however, not trained in the classical method, lacked the mental tools necessary to interpret economic phenomena in a theoretically coherent manner.” [13]

  Esto nos ayuda a entender, por ejemplo, por qué Milton Friedman habría considerado a Keynes mejor economista que a Mises,[14] o por qué el Departamento de Economía de la Universidad de Chicago no hubiese mostrado interés en incorporar a Hayek entre su faculty, quien años más tarde (1974) obtuviese el Premio Nobel en Economía. Es difícil, entonces, que las dos corrientes se unan o converjan sin que al menos una de ellas deje de ser lo que es (indistintamente de que mantengan su nombre), dado que se diferencian en su metodología y no en sus conclusiones. En última instancia, el debate entre ambas corrientes es más filosófico que económico. Si bien podría esperarse una austrianización (o transformación) de la economía convencional tarde o temprano (posiblemente en primer lugar por parte de la “Escuela de Chicago” dada la mayor comunión entre ambas), es fundamental para ello que el pensamiento clásico y el debate epistemológico adquieran un rol más protagónico como lo poseen en la tradición de Viena.[15]

Intentar definir a la “Escuela Austríaca” como si la misma fuese una escuela puede ser una tarea destinada a estar siempre incompleta, dado que lo “austríaco” consiste más en una metodología y forma de ver la problemática económica que en una escuela de pensamiento propiamente dicho.

Trabajos citados

Bien Greaves, B. (Ed.). (1996). Austrian Economics. An Anthology. New York: The Foundation for Economic Education.

Boettke, P. J. (1997). Where Did Economics Go Wrong? Modern Economics as a Flight from Reality. Critical Review , 11 (1), 11-64.

Cachanosky, J. C. (1984). La Escuela Austríaca de Economía. Libertas , 1.

Cooter, R., & Ulen, T. (1997). Law & Economics (2007 ed.). Pearson.

Hayek, F. A. (1948). Individualism and Economic Order. South Bend: Gateway Editions.

Hayek, F. A. (1988). La Fatal Arrogancia.Los Errores del Socialismo. (1990 ed.). (L. Reig Alboil, Trad.) Madrid: Unión Editorial.

Kirzner, I. M. (1960). The Economic Point of View (1976 ed.). (L. S. Moss, Ed.) Kansas City: Sheed and Ward, Inc.

Skousen, M. (2005). Vienna& Chicago. Friends or Foes? Washington: Capital Press.

Smith, V. (1999). Reflection on Human Action after 50 Years. Cato Journal , 19 (2), 195-209.

von Mises, L. (1949). Human Action. A Treatise on Economics (1996 ed.). New York: The Foundation for Economic Education.

von Mises, L. (1969). The Historical Settings of the Austrian School of Economics (2003 ed.). Auburn: Ludwig von Mises Institute.

von Mises, L. (1962). The Ultimate Foundation of Economic Science. An Essay on Method (1976 ed.). Kansas City, United States: Sheed Andrews and McMeel, Inc.

Zanotti, G. (2007). Mises y Hayek sobre el Conocimiento. La Escuela Austríacaen el Siglo XXI (4), 35-37.

 

 

 

Artículo publicado en el sitio web de la Fundación Friedrich A. von Hayek - La Escuela Austríaca en el Siglo XXI – Revista Digital No. 7 – Año 2008 – Fundación F. A. Hayek

 



[1] Quiero agradecer los valiosos comentarios de Gabriel Zanotti que han contribuido a mejorar la calidad del artículo y hacer del mismo un texto más preciso. De más está decir que todo error u omisión es mi única responsabilidad.

[2] von Mises, L. (1969). The Historical Settings of the Austrian School of Economics (2003 ed.). Auburn: Ludwig von Mises Institute. p. 19.

[3] Algunas lecturas recomendadas para un desarrollo más detallado pueden ser von Mises, L. (1969). The Historical Settings of the Austrian School of Economics (2003 ed.). Auburn: Ludwig von Mises Institute; Cachanosky, J. C. (1984). La Escuela Austríaca de Economía. Libertas, 1; Kirzner, I. M. (1996). Reflections on the Misesian Legacy in Economics. The Review of Austrian Economics, 9 (2), 143-154; Bien Greaves, B. (Ed.). (1996). Austrian Economics. An Anthology. New York: The Foundation for Economic Education; Smith, V. (1999). Reflection on Human Action after 50 Years. Cato Journal , 19 (2), 195-209; Skousen, M. (2005). Vienna & Chicago. Friends or Foes? Washington: Capital Press.

[4] En realidad hay otras corrientes, también “menores”, que no han sido incorporadas al mainstream, como puede ser el caso de las escuelas historicistas. El punto que queremos resaltar en el párrafo, es que las escuelas de pensamiento más importantes o a las que suele hacerse referencia son casi en su totalidad todas pertenecientes al mainstream o economía convencional.

 

[5] Cabe mencionar que los “avances” de la economía convencional implican más una complejización de sus modelizaciones que de cambios o avances en sus conceptos y desarrollos teóricos de fondos. Por ejemplo, aún en ediciones tan recientes como del año 2006 pueden encontrarse referencias sosteniendo que los empresarios son generadores de desequilibrios en lugar de generadores de equilibrio. Se afirma que las ganancias extraordinarias se obtienen generando desequilibrios en lugar de eliminando su existencia. Esta confusión se ha traspasado a disciplinas como el “Law & Economics”. Cf. Cooter, R., & Ulen, T. (1997). Law & Economics (2007 ed.). Pearson. p. 121: “In this life cycle of an innovation, the innovation causes a disequilibrium, and the innovator earns extraordinary profits as long as it persists.”

Para una discusión más detallada sobre estas diferencias cf. Boettke, P. J. (1997). Where Did Economics Go Wrong? Modern Economics as a Flight from Reality. Critical Review, 11 (1), 11-64.

[6] En este sentido no parecen exageradas las ironías que se realizan al economista cuando se dice a modo de “chiste” que para abrir una lata de conservas el economista cree que sólo necesita suponer que posee un abrelatas.

[7] Kirzner, I. M. (1960). The Economic Point of View (1976 ed.). Kansas City: Sheed and Ward, Inc. p. 13.

[8] Además de los ejemplos mencionados anteriormente, un caso interesante puede ser el Teorema de Coase (1960), que ya había sido expuesto con anterioridad e incluso de manera más amplia por Mises en su Human Action. Cf. von Mises, L. (1949). Human Action. A Treatise on Economics (1996 ed.). New York: The Foundation for Economic Education. pp. 654-663.

[9] Hayek, F. A. (1988). La Fatal Arrogancia. Los Errores del Socialismo. (1990 ed.). Madrid: Unión Editorial. p. 122.

[10] Además de la obra Human Action (1949) de Mises es recomendable la colección de ensayos y artículos de Hayek reimpresos en Individualism and Economic Order (1948). Sobre el método de la economía también von Mises, L. (1962). The Ultimate Foundation of Economic Science. An Essay on Method (1976 ed.). Kansas City, United States: Sheed Andrews and McMeel, Inc.

 

[11] Adam Smith consideraba a la tierra, trabajo y capital como costos determinantes del precio final, mientras que David Ricardo no incluía a la tierra como costo.

[12] Algunas de estas diferencias, especialmente en austríacos contemporáneos, pueden ser la opinión sobre el grado de necesidad de volver a un sistema monetario de patrón oro; forzar encajes del 100% en el sistema financiero; o la necesidad o no de un estado en la sociedad libre.

[13] Boettke, P. J. (1997). Where Did Economics Go Wrong? Modern Economics as a Flight from Reality. Critical Review, 11 (1), 11-64. p. 12.

[14] Skousen, M. (2005). Vienna & Chicago. Friends or Foes? Washington: Capital Press. pp. 240-241.

[15] Mientras la principal referencia epistemologica “del mainstream” descansa casi únicamente sobre el libro de Milton Friedman (“The Methodology of Positive Econo-mics”), en los austríacos se puede encontrar el tema desarro-llado en al menos varios libros de Mises (“Epistemological Problems of Economics”, “Human Action”, “The Ultimate Foundation of Economic Science”), Hayek (“Individualism and Economic Order”, “The Sensory Order”, “The Counter Revolution of Science”, “Studies”, “New Studies”), Rothbard (“Man, Economy and State”), así como en otros “austríacos contemporáneos” en cuyos artículos el tema se encuentra claramente presente (Kirzner, Block y Hoppe, por mencio-nar sólo algunos).

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