LA GLOBALIZACIÓN Y LA PAZ - UNA VISIÓN HAYEKIANA - (II)
20-10-10
Adrián Ravier
La globalización y el orden jurídico internacional
La última aceleración del proceso de globalización ha generado un nuevo orden internacional que constituye un importante desafío para la arrogancia de quienes quieren siempre imponer un orden a la sociedad. Los diversos gobiernos no encuentran la forma de controlar el comercio vía Internet, a la vez que muchas veces se encuentran ajenos a los marcos institucionales jurídicos que determinan las partes.
En los contratos internacionales entre dos personas (físicas o jurídicas) que operan en distintos países, muchas veces las partes acuerdan que ante cualquier disputa, la misma se regirá bajo una determinada jurisdicción, lo cual implica que una de las partes a pesar de comprar insumos, producir y vender productos finales bajo la órbita de un Estado-nacional no estará atado a resolver litigios según la legislación de dicha nación, sino bajo la legislación de una tercera.
Muchos economistas y abogados afirmarían que es inconcebible la provisión de un “orden legal” en forma voluntaria entre las partes, sin embargo, en la arena internacional esto es lo que precisamente sucede.
La OMC intenta coordinar negociaciones para reducir barreras al comercio, pero no existe tal cosa como una justicia universal para demandar el cumplimiento de los contratos. Sin ello, ¿cómo es que estos intercambios son posibles y no nos encontramos con un constante incumplimiento de los compromisos? La importancia del “enforcement público” en el comercio internacional es muy pequeña. La Escuela Austríaca sin embargo, a través de Hayek y sus seguidores plantea algunas respuestas. Recordemos que donde existen potenciales ganancias de intercambio los individuos buscarán formas de superar los obstáculos que se encuentren en su camino. Es por eso que han surgido el arbitraje internacional privado, el derecho comercial internacional privado o la Lex Mercatoria, y las tradiciones y costumbres para sancionar a los comerciantes que no cumplen con lo prometido. Estas instituciones, resultado de largos procesos evolutivos, son las responsables, en última instancia, de la gran aceleración que se vislumbra actualmente en el proceso de globalización, no los gobiernos.
Veamos por caso, el arbitraje internacional privado. En la actualidad, la mayoría de las disputas que surgen sobre la base de contratos internacionales no se resuelven ante el “enforcement público”, sino bajo este sistema. Al respecto, Julian Lew a través de un trabajo empírico especializado sobre este tópico afirma que alrededor de un 80 por ciento de la resolución de disputas que surgen de los contratos de comercio exterior, se resuelven bajo arbitraje internacional privado, añadiendo que este número será cada vez mayor con el paso del tiempo. 1
Esto ha generado, que desde 1990, un 90 % de los contratos internacionales incluyan cláusulas de arbitraje internacional privado por la posibilidad de tener que incurrir en algún litigio. El arbitraje privado es una opción dentro de la literatura legal, y presenta numerosas ventajas en comparación con el “enforcement público”. Veamos: En primer lugar, uno cuenta con la posibilidad de seleccionar al árbitro, lo que implica que uno tiene la oportunidad de elegir un juez que esté especialmente capacitado para resolver la disputa. Esto a su vez, trae aparejados otros beneficios, ya que el arbitraje puede lograrse más rápidamente, y a menudo con menores gastos de litigio, puesto que las partes deben presentar menos información que si el caso fuera realizado con un juez inexperto en la materia. Por otro lado, la rivalidad bajo este contexto del arbitraje privado es menor, lo que implica que una vez resuelta la disputa, ambas partes suelen continuar con los negocios que venían manejando.
Por otra parte, se presentan dudas en cuanto a la sanción a la parte perdedora: ¿quién garantiza que la parte que pierde la disputa aceptará la decisión del árbitro? La experiencia demuestra que son mínimos los casos en los que se acude al enforcement. Böckstiegal por ejemplo, explica que “estos argumentos tienden a sobredimensionar el problema. Toda investigación sobre la práctica del arbitraje internacional muestra que la gran mayoría de los arbitrajes se resuelven sin necesidad del enforcement.” 2 Por otra parte, en la mayoría de los casos, explica David Charny, las partes deciden aceptar la decisión del arbitraje por las sanciones no legales que acarrean. 3 En este sentido existe una larga literatura sobre incentivos privados como puede ser la reputación. Un ejemplo lo constituye el hecho mencionado con anterioridad en el que las partes de alguna manera pueden querer continuar la relación que venían manteniendo a pesar de la disputa, lo que implica que ambos estarán dispuestos a aceptar la decisión que surge del arbitraje. 4
Es importante destacar también que esto no constituye un problema en absoluto, puesto que el someterse al árbitro internacional privado no implica desplazar al juez tradicional. El demandante, siempre puede acudir al government enforcement si quiere asegurarse una sanción, aunque, por supuesto, deberá acudir en casi todos los casos a la jurisdicción del demandado. Así, el arbitraje privado, a pesar de ser el sistema de resolución de conflictos internacionales más elegido por las ventajas y beneficios que acarrea, se convierte en un complemento del hoy existente “enforcement público”, pero no en su sustituto.
El proceso de globalización da nacimiento así, a un derecho internacional privado, el cual podría calificarse como un sistema predominantemente policéntrico de costumbres, creado por el comercio entre comunidades a través de la negociación y la contratación y a través de los procesos de resolución de disputas. La negociación (a veces a través de un mediador) es el método dominante de resolución de conflictos, pero cuando se necesita una tercera parte para imponer una solución, la misma es casi siempre un árbitro internacional privado. Esta ley de costumbres y las soluciones de disputas a través de arbitraje emergen espontáneamente, cuando es necesario, e impone sanciones privadas. Sin embargo, estas sanciones son raramente utilizadas porque los beneficios del arbitraje y la aplicación de reglas propias originadas en las costumbres son substancialmente superiores a los costos.
Implicancias culturales del proceso de globalización
El proceso de globalización que describimos sin duda tiene fuertes implicancias sobre las sociedades en las que se introduce. Mises, en una de sus conferencias en Buenos Aires, observaba las dificultades que la sociedad inglesa vivió con la Revolución Industrial: “El sistema fabril evolucionó en continua lucha con innumerables obstáculos. Debió combatir prejuicios populares, antiguas costumbres establecidas, normas y reglamentaciones legales restrictivas.” 5
Sin embargo, la sociedad inglesa así como todas aquellas que abrazaron el progreso que implicó adaptarse a la Revolución Industrial, emergieron fortalecidas de aquella aceleración del proceso de globalización. Los estándares de vida dieron un salto nunca imaginado hasta entonces.
En este mismo sentido agrega Hayek:
“Aunque la evolución cultural, lo mismo que el proceso civilizador que comporta, aportara a la humanidad los fenómenos de diferenciación, individualización, expansión del entorno social y aumento del bienestar, no puede decirse que este avance se produjera de manera suave y uniforme. En realidad, el hombre no ha logrado liberarse aún por completo de ciertas reminiscentes actitudes derivadas de la épica tribal, en la que todos entre sí se conocían, ni han sido sus instintos neutralizados ni ‘ajustados’ en la medida en que realmente lo exige nuestro relativamente reciente modelo de cooperación en un orden extenso.” 6
Pero, ¿qué implicancias tiene el proceso de globalización para la cultura? Etimológicamente, explica Benegas Lynch, “la expresión ‘cultura’ proviene de cultivarse. La fertilidad de los esfuerzos del ser humano por cultivarse, es decir, por reducir su ignorancia, está en proporción directa a la posibilidad de contrastar sus conocimientos con otros. Sólo es posible la incorporación de fragmentos de tierra fértil, en el mar de ignorancia en el que nos debatimos, en la medida en que tenga lugar una discusión abierta. Se requiere mucho oxígeno: muchas puertas abiertas y ventanas abiertas de par en par. La cultura no pertenece a tal o cual latitud, es el resultado de innumerables aportes individuales en el contexto de un proceso evolutivo que no tiene término. Aludir a la ‘cultura nacional’ es tan desatinado como referirse a la matemática asiática o a la física holandesa.” 7
Así, la cultura jamás puede ser asignada a un lugar y mucho menos se puede atribuir a un ente colectivo. La nación no piensa, no crea, no razona ni produce nada. Son específicos individuos los que contribuyen a agregar partículas de conocimiento en un arduo camino sembrado de refutaciones y correcciones que enriquecen los aportes originales.
El proceso de globalización en todas las ciudades en las que opera crea precisamente un proceso similar al de aquella Viena de la juventud de Mises, creando un orden extendido que no tiene fronteras. 8
La cultura entonces, no reconoce ubicación geográfica, es por naturaleza cosmopolita. El nacionalismo, en contraposición, pretende establecer, en palabras de Alberto Benengas Lynch (h) una “cultura alambrada”, una cultura cercada que hay que preservar de la contaminación que provocarían aquellos contribuciones generadas fuera de las fronteras de la nación. Se considera que lo autóctono es siempre un valor y lo foráneo un des-valor, con lo que se destroza la cultura para convertirla en una especie de narcisismo de trogloditas que cada vez se asimila más a lo tribal que al espíritu cultivado que es necesariamente cosmopolita.
Por supuesto el afecto al lugar en el que uno ha nacido, estudiado, vivido así como el apego a las buenas tradiciones es natural, incluso buena para el progreso, pero distinto es declamar un irrefrenable amor telúrico que abarcaría toda la tierra de un país apartando otros lugares y otras personas que, miradas objetivamente, pueden tener mayor afinidad y cercanía pero que se dejan de lado solo porque están del otro lado de una siempre artificial frontera política.
El nacionalismo en última instancia, no es algo natural, sino que es fruto de la ingeniería social, impuesto por la fuerza. Probablemente nada haya más antinatural que la delimitación de las fronteras, que son el resultado de acuerdos entre partes beligerantes, luchas y conquistas.
Reflexiones finales
El estudio que emprendimos sobre el proceso de globalización ha dejado claro que el mundo ha tendido hacia un proceso de integración y de paz universal. Veamos:
1) En un sentido historiográfico, hemos observado que el nacimiento del proceso de globalización se encuentra en el designio humano, mas nunca en el diseño humano. Nadie pretendió deliberadamente crear un proceso semejante, con las características predichas. Más bien, el proceso surge espontáneamente, de la interacción de los individuos en sociedad, buscando sus propios fines individuales. En palabras del mismo Hayek:
“Cuanto más se profundiza en el estudio de la historia de los procesos económicos, más errónea aparece la tesis según la cual el establecimiento del poder político dotado de un alto nivel de organización marcó el inicio de la civilización. Mucho se exagera en torno al papel desempeñado por los gobernantes en el devenir histórico debido a que, obviamente, nos ha llegado mucha más información acerca de lo que ellos hicieron que de lo que la coordinada actividad individual iba consiguiendo.[...]
El proceso de extensión del comercio a nuevas áreas fue más entorpecido que facilitado por los poderes públicos.” 9
2) Bajo la perspectiva del análisis económico, como explica Erich Weede “el capitalismo y la libertad económica, promueven la paz.” 10 ¿Por qué? Porque como ha explicado Hayek en numerosos escritos, en la medida que se permite al proceso de mercado operar libremente, este coordinará el uso de los recursos de la forma más eficiente, generando riqueza y derribando la pobreza. Es de esta forma como el libre comercio a través de sus intercambios voluntarios establecen la paz como medio de vida y el uso de la fuerza queda al margen de las relaciones sociales. En otras palabras, debemos comprender que tanto Aristóteles, como Santo Tomás y hasta el mismo Marx, estaban equivocados al sostener que el intercambio es un juego de suma cero, en el que si una parte se beneficia, la otra, necesariamente, está perdiendo. El intercambio voluntario es un juego de suma positiva. Es esta la “magia” del liberalismo.
Por otra parte, la ingeniería social tiende a limitar estos intercambios voluntarios y con ello los acuerdos pacíficos. En base al concepto de intervencionismo estatal introducido, debemos comprender que cualquier intento de planificación global desordenaría, paradójicamente el sistema, al des-articular algo clave en cualquier orden espontáneo: “el sistemas de precios”, o en otras palabras, el sistema de información por medio de los cuales se sintetiza la poca información dispersa que hay.
En palabras de Hayek, el hecho de que “la especie humana haya logrado cubrir por completo la superficie del planeta, así como el que haya sido capaz de alimentar la nutrida población que hoy la integra, incluso en zonas geográficas apenas capaces de producir ni uno solo de los elementos imprescindibles a su supervivencia, son hechos que derivan de su especial capacidad de aprovechar, a lo largo de ese proceso de incontenible expansión que alcanza las regiones más remotas de la tierra, los específicos recursos locales que la economía global precisa.” Este es el logro del proceso de globalización, en el sentido económico del término.
3) Desde el punto de vista del orden internacional, hemos observado que en la medida que se promueva un proceso de globalización, las disputas tienden a resolverse cada vez en mayor medida sin necesidad del enforcement público, y cada vez más a través del arbitraje internacional privado. Los empresarios han comprendido que la única forma de sobrevivir en este mundo dinámico, versátil, cambiante, es creando una imagen respetable, fuerte.
4) Finalmente, desde un punto de vista ético-cultural hemos demostrado que el proceso de globalización genera un ambiente cosmopolita. Como vimos, el término “cultura” proviene etimológicamente de “cultivarse”, para lo cual es necesaria una “discusión abierta”, “mucho oxígeno”, “puertas y ventanas abiertas de par en par”, pero fundamentalmente “fronteras abiertas”.
El nacionalismo sin embargo, propone exactamente lo opuesto. Aquellos que abrazan los valores patrios y declaman un irrefrenable amor telúrico hacia su país y su “cultura alambrada” se mueven dentro de la caverna de Platón, donde todo es oscuridad, aunque conocido.
La globalización, viene a “traer la buena nueva”. El proceso de globalización crea una sociedad cosmopolita, en la que no existen diferencias de raza, religión, etnias, ni nada por el estilo. Cada sociedad, se enriquece (no sólo económicamente) de su interrelación con otras sociedades.
Jamás podremos decir que una sociedad es libre, que el proceso de globalización se encuentra operando en su máximo esplendor, mientras no se abran las fronteras, mientras se limiten políticamente las interrelaciones sociales y comerciales, mientras se impidan los movimientos migratorios.
Quizás sean estos últimos, quienes mayor fuerza le otorguen a la “globalización cultural y cosmopolita” que aquí estudiamos. Los movimientos migratorios en definitiva, movilizan el conocimiento, introducen modificaciones adicionales a la historia común y enriquecen la cultura. Es sólo de esta forma, que alcanzaremos el desarrollo y la paz universal.
Este artículo es una adaptación del ensayo que obtuvo el primer premio en el Hayek Essay Contest organizado por la Mont Pelerin Society en julio de 2006.
1. Lew, Julian D. M. (1978), Applicable Law in International Commercial Arbitration: A Study in Commercial Arbitration Awards, Dobbs Ferry, New York, Oceana Publications, p. 589.
2. Böckstiegal, K.-H. (1984), Arbitration and State Enterprises: A Survey of the National and International State of Law and Practice, Deventer, Netherlands, Kluwer Law and Taxation Publishers.
3. Charny, David (1990), Nonlegal sanctions in commercial relationships, Harvard Law Review, 104, pp.409-412.
4. Se recomienda al lector el artículo de Frank y Edna Elkouri (1985), How Arbitration Works, Washington, D. C., Bureau of National Affairs, Inc.
5. Véase Ludwig von Mises (1959), Seis conferencias en Buenos Aires, Centro de Difusión de la Economía Libre, Buenos Aires, p. 11.
6. Friedrich A. von Hayek (1990) [1988], La Fatal Arrogancia. Los Errores del Socialismo, ESEADE, Obras Completas, Volumen 1, Buenos Aires, p. 49.
7. Se recomienda al lector el artículo de Alberto Benegas Lynch (h) titulado Nacionalismo: Cultura de la Incultura, publicado en Laissez Faire Nro. 2, Revista de la Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Francisco Marroquín.
8. Al respecto, William Warren Bartley III, nos ilustra: “He aquí nuevamente la expresión de Hayek, ‘el orden extendido’. Esta idea tiene una fuerza extraordinaria, como también la tiene la explicación de Hayek del modo como el orden se extiende a través de la competencia de diversos tipos, en especial la competencia de conocimiento, la cual incluye a su vez la competencia de las tradiciones y de las instituciones que encarnan el conocimiento. En esta competencia, la información y las tradiciones e instituciones que se adecuan a la realidad son seleccionadas evolutivamente. Este orden extendido no tiene fronteras.” Véase William Warren Bartley III (1989), Desaparecen las fronteras. América en la
Comunidad Mundial, Alocución pronunciada en la Reunión Anual de la Southwestern Social Science Association, Little Rock, Arkansas, el 30 de marzo de 1989.
9. Friedrich A. von Hayek (1990) [1988], La Fatal Arrogancia. Los Errores del Socialismo, ESEADE, Obras Completas, Volumen 1, Buenos Aires, p. 87.
10. Weede, Erich (2004), The diffusion of prosperity and peace by Globalization, The Independent Review, v. IX, n. 2, Fall 2004, pp. 165-186.
Lea aquí la primera parte del artículo: LA GLOBALIZACIÓN Y LA PAZ - UNA VISIÓN HAYEKIANA - (I)
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