
EL SISTEMA DE FREE BANKING. ASPECTOS GENERALES.
5-2-10
Nicolás Cachanosky
Free banking is the only method available for the prevention of the dangers inherent in credit expansion. It would, it is true, not hinder a slow credit expansion, kept within very narrow limits, on the part of cautious banks which provide the public with all information required about their financial status. But under free banking it would have been impossible for credit expansion with all its inevitable consequences to have developed into a regular —one is tempted to say normal— feature of the economic system. Only free banking would have rendered the market economy secure against crises and depressions.[1]
Ludwig von Mises (1949)
El motivo de este artículo consiste en presentar los aspectos generales de algunas de las principales características del sistema de banca libre o free banking. Uno de sus aspectos centrales consiste en el rol de las reservas fraccionarias versus la propuesta de un requerimiento de encajes 100%. Si bien el tema del artículo se centra en el sistema de free banking con reservas fraccionarias, haremos algunos comentarios sobre la propuesta de encaje 100% respecto a los encajes fraccionarios cuando sea conveniente para ayudar a explicar el funciona-miento del sistema e introducir aspectos de este debate.
Dado que este artículo es un resumen de algunos aspectos del free banking, las referencias en el texto y las mencionadas al final del artículo pueden ser una guía de trabajos que desarrollan este tema –tanto desde el punto de vista de encaje 100% como fraccionario– con mayor detalle. Aquí sólo pretendemos exponer aspectos que consideramos centrales.
Dinámica del Free Banking
La característica principal del free banking es la ausencia de un monopolista de emisión de billetes como pueden ser los bancos centrales; es decir, existe libre entrada y salida de bancos emisores al mercado. Todo banco que así lo desee posee la libertad de emitir sus propios billetes.
Nótese que en el free banking los bancos tienen libertad de emitir billetes fiduciarios, pero esto no quiere decir que estén emitiendo la moneda del mercado, como puede ser el oro. El dinero commodity surge espontáneamente en el mercado ex ante a los bancos emisores de billetes[2]. No obstante, en un mercado libre de bancos emisores, nada quita que los bancos intenten emitir billetes fiat si así lo desean. El éxito de estos billetes dependerá de la confianza institucional que el banco emisor posea.
De este modo, en lugar de haber un solo banco emisor con el privilegio que le otorgan las leyes de curso forzoso, hay distintos bancos emisores que compiten en igualdad de condiciones entre ellos de la misma manera que lo hace cualquier empresa de bienes o servicios en un mercado libre.
Sin embargo, la ausencia de estos privilegios hace que la actividad de banco emisor no sea tarea sencilla. La posibilidad de cada banco de emitir sus propios billetes no implica que puedan expandir su oferta monetaria sin límites, sino que el mercado mismo le marca un rígido límite por el lado de la demanda.
Supongamos que hay dos entidades emisoras, Banco A y Banco B, y que por cuestiones de simplicidad cada uno de ellos posee como cliente a la mitad de la población y que cada individuo posee cuenta sólo en uno de estos bancos donde tiene depositado su oro. Si en este contexto el Banco A decide expandir la cantidad de billetes que ofrece al mercado entonces el resultado será una pérdida de reservas de oro.
Cuando el Banco A emite sus nuevos billetes, estos entran al mercado a través de quienes los han recibido en calidad de préstamos. Esta expansión hace que los tenedores de los billetes de A puedan sobre-demandar bienes y servicios respecto a los tenedores de billetes del Banco B, desplazándolos del mercado e inyectando los billetes A en el mercado.
De este modo se genera un sesgo en los billetes del Banco A incrementándose las probabilidades de que caigan en manos de clientes del Banco B. Cuando estas personas depositan los billetes de A en su banco, el Banco B gira los billetes A al banco emisor contra la entrega del oro correspondiente. De este modo, si bien el Banco A expande su oferta de dinero, el resultado final es que el Banco B expande sus reservas a expensas de las suyas. Para el Banco A, esta es la señal del mercado de que debe corregir su estrategia monetaria expansiva si no quiere ser desplazado por la competencia. El Banco A subestimaría el efecto del mercado si se limitase a calcular cuánto tiempo le queda basándose en un ritmo constante de pérdida de reservas; en cuanto el mercado tenga dudas de su solvencia una corrida puede dejarlo fuera del mercado en cuestión de días.
Uno de los rasgos característicos del free banking es que queda de manifiesto que el banco emisor no debe considerar como cliente a aquellos que aceptan un préstamo en su moneda, sino a aquellos que deciden ahorrar en su banco depositando allí el oro. Bajo un sistema de free banking el verdadero desafío para los bancos no es encontrar empresas que deseen tomar un préstamo, sino encontrar individuos que estén dispuestos a ahorrar y abrir cuentas en ellos. El banco debe buscar ahorristas, no deudores. El banco emisor necesita aumentar su clientela de ahorristas para poder expandir su oferta de billetes, dado que los nuevos ahorristas incrementarán sus reservas en oro. Es decir que la expansión de billetes está limitada por la demanda que enfrenta el banco por parte del mercado de sus servicios. En resumen, un banco sólo puede expandir su oferta de crédito en la medida en que su demanda específica se haya incrementado [3].
De este modo, bajo un régimen de free banking ningún banco puede expandir su oferta de billetes sin sufrir las consecuencias de la mal asignación de recursos en el mercado. Si no corrige su actitud velozmente, la pérdida de confianza por la merma de reservas los hará salir del mercado dejando su lugar a otros bancos emisores con mejor manejo de la oferta de billetes. Este es el efecto descripto por la llamada Ley de Gresham: en un mercado libre la moneda fuerte desplaza a la débil[4].
Dado que este sistema es de libre competencia, la colusión por parte de los bancos emisores para expandir sus billetes de manera concertada genera un incentivo extra a que nuevos bancos emisores se incorporen al mercado como nuevos competidores. Un inversor, en lugar de destinar importan-tes sumas de dinero a un proyecto productivo, los puede asignar al establecimiento de un nuevo banco que “Protege el poder adquisitivo de sus ahorros” cooptando clientes descontentos de los bancos colusionados. Si los bancos que intentan actuar en forma de cartel no ceden en sus planes serán desplazados por el nuevo competidor, de lo contrario la colusión debe ser disuelta. En cualquiera de los dos casos el resultado final es una mejor administración en el poder adquisitivo de los billetes y la desaparición de la colusión.
No sólo la dinámica del mercado hace difícil la posibilidad de expansión de dinero a través de una colusión por parte de los bancos, sino que esta expansión implica una mayor cantidad de billetes en el mercado, pero no de oro ahorrado en los bancos. Si, por ejemplo, los individuos convierten un x % del total de sus billetes en oro, entonces una expansión de billetes llevará a un incremento en el retiro de oro de los bancos para mantener este retiro del x % por más que todos los bancos actúen concertadamente[5]. Si bien esta relación porcentual no tiene por qué ser constante ni tener un comportamiento predecible o estable, es una variable más en el sistema que acota la posibilidad de expansión de billetes incluso en casos de colusión por parte de los bancos emisores.
Reservas Fraccionarias
En este aspecto de reservas fraccionarias versus un requerimiento de encajes del 100% es donde se centra la mayor energía del debate. No hay desacuerdo entre los liberales austriacos que en un mercado libre no debería haber bancos centrales con privilegios monopólicos, sino que la discusión se centra en la conveniencia y legitimidad de las reservas fraccionarias.
Hay varios puntos de vista interesantes sobre esta cuestión, dos de ellos son: 1) legitimidad legal, 2) matching de plazos.
Legitimidad legal de las reservas fraccionarias
El principal argumento en contra de las reservas fraccionarias descansa en que la emisión de billetes fiduciarios debería ser considerada un fraude dado que estos billetes no se encuentran respaldados por depósitos de oro.
Esta idea descansa en la concepción de que el billete emitido por un banco emisor es un título de propiedad como puede serlo un título sobre una vivienda, donde claramente no puede haber más títulos de propiedad que viviendas. De este modo, se argumenta que al emitirse billetes fiduciarios se está cometiendo un fraude sobre propiedad privada engañando a los tenedores de billete. Incluso se ha llegado a sostener que la supuesta pérdida de poder adquisitivo generada por la expansión de la oferta de billetes es un daño a la propiedad de ter-ceros y también debería ser considerado un acto ilegal dado el daño que causa a terceros[6].
El segundo de estos argumentos es el más débil de los dos. La pérdida de poder adquisitivo de los billetes no puede ser considerado un daño a la propiedad privada más que lo que puede serlo una disminución en el precio de mercado de mi vivienda si aumenta la oferta de inmuebles o disminuye la demanda en el mercado. El principio de propiedad privada implica que uno no puede ser expropiado del bien, pero esto no implica que se tenga derecho a un precio o poder adquisitivo determinado. Esta línea de argumentación no parece ser muy compatible con las ideas de un mercado libre ni de la tradición austríaca[7].
El primer argumento, en cambio, es un poco más delicado. Si los billetes fiduciarios fuesen un título de propiedad entonces sería cierto que su existencia implicaría un fraude, sin embargo este no es el caso. Los billetes no son un título de propiedad, sino un derecho a reclamar una x cantidad de oro contra la entrega del billete. Pero es un derecho contra la entrega específica del billete, el reclamo no se ejecuta por el mero hecho de poseer un billete, sino que este derecho debe ser ejercido presentando el billete en el banco emisor[8]. Un instrumento financiero similar pueden ser las opciones o futuros, las cuales representan el derecho a una compra o venta, pero no son un título de propiedad sobre un subyacente en particular. Siguiendo el principio de ilegalidad estos instrumentos derivados también deberían ser considerados fraudulentos. También puede ser conveniente tener presente que las empresas en general tampoco operan con un 100% de encaje respecto a sus deudores. Un ejemplo claro es el de las aseguradoras, el hecho de que no puedan hacer frente a todos los eventos asegurados en simultáneo no implica que esté cometiendo fraude o un ilícito.
Esto no quiere decir que todos los instrumentos financieros en el mercado sean de esta naturaleza. Las cajas de seguridad, por ejemplo, no implican la posibilidad de emisión fiduciaria dada la naturaleza de su contrato. En un mercado libre, el sistema financiero ofrecerá estos distintos tipos de instrumento según la demanda del mercado así se lo indique. En el mercado financiero el consumidor es tan soberano como lo es con cualquier otro bien o servicio. La libre competencia también implica libertad para desarrollar distintos tipos de contrato, entre los cuales se pueden encontrar los billetes fiduciarios.
Si hay libre mercado y libertad de acuerdo entre las partes, entonces nada debería evitar que dos partes realicen un acuerdo fiduciario. En un mercado libre, donde las partes son libres de crear contratos entre ellos, nada impide que este tipo de acuerdos surjan como alternativa a un acuerdo de certificado de depósito y, de hecho, eso es lo que ha sucedido históricamente [9].
¿Por qué si el billete no es un título de propiedad sobre oro, sino un claim on demand, circula en el mercado como dinero? En definitiva, lo que hace que un bien sea considerado substituto de dinero es el mercado mismo al considerarlo lo suficiente-mente útil para realizar transacciones. Es cierto que el billete fiduciario no es lo mismo que la onza de oro y que no es un título de propiedad sobre dinero metal, pero no es menos cierto que la confianza en el sistema financiero sobre el cumplimiento de estos reclamos llevó a que el merca-do los valúe prácticamente sin descuento frente al dinero metal. Lawrence H. White ejemplifica con el free banking escocés (1716 a 1844), donde los billetes poseían una cláusula por la cual el banco emisor se reservaba el derecho de entregar el dinero metal hasta en un plazo de 6 meses –compensado con intereses–, sin embargo, a pesar de esta cláusula los billetes circulaban a la par que el dinero commodity, dada la eficiencia y responsabilidad que los bancos debían mantener si querían sobrevivir en el mercado[10].
La igualdad ante la ley implica para el sistema de free banking que ningún banco emisor tenga el privilegio de devaluar su moneda y evitar la quiebra si hace un mal manejo de las reservas. Esto, que parece ser práctica común en varios bancos centrales, es lo que un sistema de free banking bajo un sistema de igualdad ante la ley no permitiría que suceda.
Otro aspecto interesante de las reservas francionarias es el efecto en la demanda de oro ocasionado por la demanda en billetes fiduciarios. Este un aspecto mencionado por Mises en The Theory of Money and Credit (1912) al que le dedica un capítulo en especial[11]. La aparición de substitutos del dinero, como pueden ser los billetes, puede implicar una disminución en la demanda de oro para transacciones. Esto implica que el mercado, al demandar billetes lo hace en reemplazo de la demanda de oro, circulando el primero y quedando como reserva el segundo. Una implicancia de esto es que un aumento en la demanda de dinero no necesariamente necesita satisfacerse en un 100% con un aumento en la oferta de dinero en sentido acotado, sino que parte de esa demanda puede satisfacerse con substitutos del dinero. Esto da más flexibilidad al sistema haciendo que los ajustes del mercado sean más rápidos y precisos, al tiempo de liberar el dinero commodity para usos no monetarios.
Matching de Montos y Plazos
Otro de los argumentos, relacionados con el anterior, corresponde con el matching de los depósitos y préstamos. Según esta idea debe mantenerse una relación de 100% de encaje dado que, de lo contrario, puede haber corridas bancarias o riesgo de problemas financieros. Si bien las reservas fraccionarias puede no implicar una práctica fraudulenta, el descalce temporal pone en riesgo el sistema pudiendo dar origen a crisis financieras. Sin embargo, esta idea de matching tiene consecuencias importantes con los plazos de los depósitos y los préstamos.
Si queremos ser consistentes con este razona-miento, no sólo debe haber un matching de 100% contra los depósitos, sino también contra los préstamos. Si los depósitos son a corto plazo el banco no debería poder prestar a largo plazo. Si además se aduce que las reservas fraccionarias son un fraude, entonces también deberían serlo los préstamos por plazos mayores al de los depósitos. Si el banco presta oro por un plazo mayor al que le es depositado, entonces le está prestando a terceros recursos que no posee, por lo cual también debería ser considerado acto ilegal [12].
Sin embargo, de mantener esta exigencia el sistema financiero se volvería demasiado rígido. A medida que el mercado evoluciona el monto y plazos de las inversiones de producción son cada vez mayores; se hace cada vez más difícil para los bancos prestar reducidos montos de depósitos de corto plazo a proyectos de montos y plazos cada vez mayores. Por más que el banco logre juntar el monto de depósitos necesarios para la inversión, el tiempo por el cual dispone de estos recursos muy probablemente será menor al necesario por el sector productivo. Si el monto de depósitos es de 1 mes, y el proyecto de inversión requiere de fondos por 12 meses, y nos atenemos a una exigencia del 100% entonces, se argumenta, el banco no debería poder prestar por plazos mayo-res a 1 mes por más que se asuma que el monto de plazos se va a renovar por otros 11 meses. Por su lado, el inversor no tendrá incentivos a realizar el proyecto y renegociar el préstamo cada 12 meses sin saber si los montos efectivamente van a estar presentes, dado que el banco no tiene la posibilidad de administrar el monto de depósitos que recibe. De este modo, un régimen de 100% consistente –tanto para el que deposita como para el que se endeuda– volvería muy difícil la concreción de proyectos de inversión de largo plazo por más rentables que estos proyectos prometan ser. Como el sistema de reservas fraccionarias se basa en administrar la evolución y comportamiento de un monto de reservas, este tipo de proyectos se vuelven viables con un sistema de free banking de libre mercado que permita el acuerdo entre partes de reservas fraccionarias. Sin embargo, ya vimos que esto tampoco implica que el banco sea libre de emitir los billetes fiduciarios sin sufrir las con-secuencias de una administración poco cuidadosa, sino que posee un límite muy estricto impuesto por el mercado mismo. Sólo aquellos bancos que hacen un mejor trabajo que sus competidores en la administración de las reservas y sus clientes no pierdan poder adquisitivo tendrán mayor espacio en el mercado para expandir sus créditos.
Tasas de Interés y Ciclos Económicos
Un tercer aspecto es el del efecto en la tasa de interés ocasionado por las reservas fraccionarias y por lo tanto sobre los precios y ciclos económicos. Para la teoría austríaca del ciclo económico, las fluctuaciones se originan con una baja de la tasa de interés por debajo de la preferencia temporal de los individuos generando un descalce temporal entre el consumo y las inversiones que no es sostenible en el tiempo. De este modo, si las reservas fraccionarias implican una expansión del crédito y por lo tanto una disminución de la tasa de interés esto podría llevar a un ciclo económico[13]. Sería un resultado muy particular que un sistema libre como el de free banking tuviese dentro de sí el germen de los ciclos económicos. O bien las reservas fraccionarias no generan ciclos económicos, o bien el mercado libre sí autogenera sus propias crisis. De aquí la importancia y energía volcada en el debate sobre la necesidad o no de requerir encajes del 100% al sistema financiero.
Como vimos anteriormente, para el free banking con reservas fraccionarias no hay problemas éticos ni legales en un sistema de reservas fraccionarias. El banco que no desee utilizarlas será libre de no hacerlo y el individuo que no desee depositar su oro en este tipo de cuentas es libre de no hacerlo. Sin embargo, tampoco es cierto que la presencia de reservas fraccionarias en un sistema de free banking lleve a ciclos y fluctuaciones endógenas en el mercado.
Lo importante respecto al crédito en la teoría austriaca del ciclo no es el monto del mismo que hay en el mercado, sino su tasa de variación. Una vez que el dinero en sentido amplio –incluyendo billetes fiduciarios– ha consumado sus efectos sobre las variables del mercado, entonces sólo nuevas y constantes emisiones fiduciarias pueden afectar la tasa de interés por tiempo suficiente como para generar una crisis[14]. Pero en un sistema de free banking la emisión de billetes fiduciarios se encuentra limitado por el mercado mismo, ningún banco puede expandir la oferta de crédito por un monto y tiempo lo suficientemente significativo sin ser obligado a corregir su estrategia o quedar fuera del mercado.
Sólo un banco central monopólico con leyes de curso forzoso tiene la posibilidad de emitir billetes fiduciarios hasta generar una crisis sin que el mercado mismo quite su billete de circulación. Este límite de mercado que posee el sistema de free banking lleva a que la cantidad de dinero evolucione pari passu con el tamaño del mercado. Qué proporción habrá de oro y billetes fiduciarios dependerá de las preferencias de los individuos y de la capacidad para mantener la confianza de los individuos por parte de los bancos emisores. De este modo, los billetes fiduciarios sólo se pueden ir incrementando paso a paso en el mercado, y al no poder cruzar la barrera de la demanda impuesta por el mercado no puede afectar la tasa de interés en la magnitud y tiempo suficiente para que la acumulación de errores en la estructura de capital desemboque en una crisis. Aquel banco que expande de más sus billetes fiduciarios lleva a una baja de interés en su oferta de préstamos, esto atrae individuos y firmas deseosas de tomar préstamos en su moneda, que luego de entrar al mercado volverán al banco emisor por el sistema de clearing haciéndole perder reservas.
Es cierto que variaciones en la cantidad de dinero (en sentido amplio) afectan los precios y variables del mercado, pero también es cierto que el mercado en sí no se encuentra en equilibrio y que por lo tanto una variación de dinero en un sistema de free banking no implica salirse de un equilibrio óptimo. Dado que el mercado es un proceso en constante cambio, siempre habrá variaciones en precios relativos, el aporte del sistema de free banking consiste en acotar estas variaciones evitando que se vuelvan problemáticas. Al no haber monopolios de emisión, sino competidores, los bancos emisores se van a encontrar y van a expandir su oferta en aquellos lugares y momentos específicos donde el mercado se lo está exigiendo. El manejo de la oferta de dinero no es sólo una cuestión de cuánto, también lo es de dónde y cuándo; variables que a un banco central se le hacen aún más difíciles de manejar que el cuánto.
Las Crisis son Exógenas
Dado el funcionamiento del sistema de free banking, las crisis económicas son entonces un fenómeno exógeno al mercado. Exógenas en el sentido que si bien los bancos centrales son parte del mismo estos no pertenecen a la economía de mercado, sino que poseen privilegios institucionales como las leyes de curso forzoso como el monopolio de la emisión. Pero qué sucede con las corridas bancarias, ¿son estas endógenas o exógenas?.
Dado que el sistema bancario libre opera con reservas fraccionarias, una corrida contra el sistema puede resultar en una crisis para el mismo. Sin embargo, el contexto del free banking es distinto al contexto con bancos centrales.
Las corridas pueden dividirse en dos grandes grupos: 1) contra bancos en particular (micro), o 2) contra el sistema bancario en general (macro).
En el primer caso, dado que la corrida es contra algunos bancos, entonces el sistema no corre peligro. En este tipo de corridas, aquellos clientes que quitan sus ahorros del Banco A lo hacen para depositarlo en el Banco B, por ejemplo. En esta situación el problema no se encuentra en el sistema, sino en uno de sus participantes. Cuando un banco administra ineficientemente el uso de los depósitos, hasta el punto en el que el mercado le quita su confianza, entonces sufre una corrida a favor de otros bancos en el sistema. En un contexto de free banking, donde no hay beneficios monopólicos o institucionales, una corrida contra el Banco A no tiene por qué generar una corrida contra otros bancos si se encuentran en buena posición, por el contrario, terminará fortaleciéndolos al recibir a los clientes descontentos del Banco A. De este modo, el sistema de free banking mantiene su presencia a pesar de competidores que no logran mantener un nivel mínimo de eficiencia, como sucede en la producción de otros bienes y servicios.
En el caso de una corrida contra el sistema la situación ya es sensiblemente distinta. No es que haya desconfianza en bancos puntuales, sino que la desconfianza es generalizada. Una corrida de estas características puede darse por dos motivos: a) iliquidez en el sistema o b) expectativas de problemas a futuro para el sistema.
En el primer caso, deberíamos preguntarnos qué ha llevado a que todos los bancos se equivoquen en conjunto, del mismo modo que en una crisis nos preguntamos qué llevó a que todos los empresarios se equivocasen juntos. Incluso si argumentamos que todos los banqueros se han equivocado juntos, ¿por qué motivo el dinero no vuelve al sistema y es retirado del mercado? No sólo los banqueros se han equivocado todos juntos, sino que por algún motivo el mercado descuenta que no van a poder corregir sus errores. Salvo que argumentemos que efectivamente los banqueros se han casualmente equivocado todos juntos y que además no se espera de ninguno de ellos que pueda corregir sus errores (ni que un nuevo competidor más eficiente aparezca en el mercado), la explicación necesita un componente extra.
Esta coordinación de errores, en definitiva, debe venir de algún otro lado, no puede surgir implícitamente del mercado. Este sería un claro caso de regulaciones al sistema financiero que fuerza a los bancos a acumular errores en conjunto poniendo al sistema en una eventual situación de corrida bancaria. Es esta regulación la que no permite que ninguno de ellos corrija sus errores, que se sume un nuevo participante que no cometa estos erro-res, ni que el mercado espere que se puedan corregir estos errores. Sin embargo, la presencia de esta legislación es exógena al sistema libre de free banking; no es el sistema el que genera la crisis, sino su regulación. Estas corridas bancarias no son endógenamente generadas por el sistema de free banking, sino que le son exógenamente generadas.
El segundo caso, el de expectativas de problemas a futuro en el sistema financiero es una situación similar. ¿Por qué el mercado descuenta que todo el sistema de free banking va a tener dificultades y no sólo algunos bancos puntuales? Para que las expectativas alcancen a la totalidad del sistema entonces tiene que haber cambios que afecten al sistema en general y no a bancos en particular.
Esto es también un problema institucional o exógeno al sistema. Una corrida bancaria generada por las expectativas de un conflicto bélico, por ejemplo, es un problema exógeno al sistema de free banking, le afecta tanto al sistema financiero como a otros mercados que verán disminuir sus rentabilidades.
Breve Nota sobre la Competencia de Monedas y el Free Banking
Antes de pasar a las conclusiones puede ser conveniente hacer un breve comentario sobre la competencia de monedas y el free banking, dadoque ambas propuestas, si bien no son excluyentes la una con la otra no significan lo mismo.
El trabajo de Mises en The Theory of Money and Credit y Human Action está construido sobre un contexto de oro como dinero commodity y un sistema donde los bancos son libres de emitir medios fiduciarios. El sistema de clearing arriba expuesto y la competencia entre ellos lleva a un equilibrio que garantiza o resguarda el valor de la moneda evitando que los bancos puedan emitir dinero por encima de la demanda de mercado.
El trabajo de Hayek, Desnacionalización de la Moneda[15], se encuentra inspirado más bien en un sistema de competencia de moneda. La diferencia fundamental se encuentra en que mientras en el sistema de free banking el dinero se encuentra fuera de los bancos, estando el mismo en el mercado, el sistema de competencia de moneda pro-pone que cada banco sea libre de emitir dinero en lugar de substitutos.
Sin embargo, en un mercado libre con free banking donde un commodity como el oro es moneda, nada impide que los bancos emisores intenten emitir billetes fiat. En este caso, el éxito de este proyecto va a depender de la capacidad del banco de transmitir confianza y de su éxito en lograr que el billete comience circular. Pero sea esta posibilidad más o menos difícil no existen impedimentos legales al dinero fiat.
Por lo tanto, si bien la propuesta de Hayek en Desnacionalización de la Moneda no es un free banking a la Mises, y si bien los dos sistemas no son iguales, los mismos tampoco son excluyentes. Es importante también tener presente el contexto de ambos escritos. Mientras Mises en The Theory of Money and Credit y Human Action realiza un análisis más bien teórico, Hayek ofrece una propuesta puntual para pasar de un escenario con bancos centrales a un sistema competitivo en el mercado de dinero.
Conclusiones
Un mercado libre, en el completo sentido del término, implica también un sistema de banca libre o free banking. Los desequilibrios en el mercado de dinero no sólo afectan al dinero en sí, sino que trasladan su problema a todo el mercado generando distorsiones y crisis económicas.
Es cierto que un sistema de free banking no es perfecto, pero también es cierto que el mercado libre no lo es. Los entrepreneurs involucrados en el mercado bancario tendrán que afrontar también la incertidumbre y riesgo correspondiente a todo mercado. Sin embargo, la gran ventaja del free banking es que permite la competencia en el sistema exigiendo una administración lo más eficiente posible a los banqueros. El sistema de free banking no sólo está libre de presiones políticas, sino que es un escudo intrínseco al sistema de mercado a las crisis económicas.
Artículo publicado originalmente en el sitio web de la Fundación Friedrich A. von Hayek.
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[1] von Mises, L. (1949). Human Action. A Treatise on Economics (1996 ed.). New York: The Foundation for Economic Education. pp. 443. La itálica es agregada.
[2] Sobre el nacimiento de la moneda véase Menger, C. (1892). The Origins of Money. Economic Journal 2: 239-255.
[3] Para más detalles sobre este proceso véase White, L. H. (1989). Competition and Currency. Essays on Free Banking and Money. New York and London: New York University Press y von Mises, L. (1949). Human Action. A Treatise on Economics (1996 ed.). Chapter XVII.12. New York: The Foundation for Economic Education.
[4] Véase Hayek, F. A. (1976). Desnacionalización de la Moneda (1980 ed.). Capítulo VI. Buenos Aires: Fundación Bolsa de Comercio de Buenos Aires. La Ley de Gresham suele expresarse diciendo que “la mone-da débil desplaza a la fuerte”. Sin embargo, como explica Hayek en el capítulo citado, esto se da si existe un régimen de tipo de cambio fijo, de lo contrario la moneda débil es desplazada por la fuerte por el mecanismo de clearing entre bancos.
[5] Este es un punto interesante que George Selgin menciona en su The Theory of Free Banking (1988). La conclusión de que si todos los bancos emisores expanden sus billetes concertadamente no sufren pérdidas de reservas de oro presupone que no va a haber mayores retiros por parte de los individuos.
[6] Véase Hoppe, H. H., Guido, H., & Block, W. (1998). Against Fiduciary Media. Quarterly Journal of Austrian Economics, 1 (1):19-50.
[7] Véase, por ejemplo, para el argumento de daño Hoppe, H. H. (1994). How is Fiat Money Possible? –or, The Devolution of Money and Credit. The Review of Austrian Economics, 7 (2):49-74. Una opinión contraria y respuesta a este argumento puede encontrarse en Selgin, G., & White, L. H. (1996). In Defence of Fiduciary Media–or, We are Not Devo(lutionists), We are Misesians! The Review of Austrian Economics: 83-107.
[8] Véase von Mises, L. (1912). The Theory of Money and Credit (1981 ed.). (H. E. Batson, Trad.) Indianapolis: Liberty Fund. p. 311.
[9] Para un estudio histórico del free banking véase Smith, V. C. (1936). The Rationale of Central Banking and the Free Banking Alternative (1990 ed.). Indianapolis: Liberty Press.
[10] White, L. H. (1989). Competition and Currency. Essays on Free Banking and Money. New York and London: New York University Press. p. 157 y pié de página 20.
[11] von Mises, L. (1912). The Theory of Money and Credit (1981 ed.). (H. E. Batson, Trans.) Part III. Chapter III.1. Indianapolis: Liberty Fund.
[12] Salvo un reciente artículo de William Barnett II y Walter Block este es un punto que generalmente es pasado por alto en las propuestas de encajes del 100%. Veáse Barnett II, W.; Block, W. E. (2008) Time Deposits, Dimensions, and Fraud. Journal of Business Ethics. DOI: 10.1007/s10551-008-9976-9
[13] Por ejemplo en Huerta de Soto, J. (1998). Money, Bank Credit, and Economic Cycles (2006 ed.). (M. A. Stroup, Trans.) Auburn: Ludwig von Mises Institute.
[14] Véase von Mises, L. (1949). Human Action. A Treatise on Economics (1996 ed.). New York: The Foundation for Economic Education. p. 434.
[15] Hayek, F. A. (1976). Desnacionalización de la Moneda (1980 ed.). Buenos Aires: Fundación Bolsa de Comercio de Buenos Aires.
