EMPRENDEDORES MARXISTAS: PASTELERÍAS DE TARTAS DE BARRO
12-4-10
Eetión
Karl Marx expuso en su obra "El Capital" su teoría del valor-trabajo:
"Por tanto, un valor de uso, un bien, sólo encierra un valor por ser encarnación o materialización del trabajo humano abstracto. ¿Cómo se mide la magnitud de este trabajo? Por la cantidad de "sustancia creadora de valor", es decir, de trabajo, que encierra. Y, a su vez, la cantidad de trabajo que encierra se mide por el tiempo de su duración, y el tiempo de trabajo tiene, finalmente, su unidad de medida en las distintas fracciones de tiempo: horas, días, etcétera." 1
Realmente este planteamiento pudiera parecer lógico, y sobre todo justo, a primera vista. Sin embargo, si llevamos este razonamiento hasta sus últimas consecuencias podemos obtener conclusiones realmente absurdas:
"Supongamos que “A” tiene una pastelería. Contrata a varios empleados, compra las mejores materias primas y produce las mejores tarteletas (sic) de fruta del pueblo. Sus costes, incluyendo los intereses del dinero que ha pedido prestado, la renta del terreno que emplea y todos los demás factores que entran en la ecuación, le hacen posible producir estas tarteletas y enviarlas a las casas por 40¢. Cobra 50¢.
Marx insiste en que debería vender a una cifra que excluya el interés. Pero puede pagarse un salario por sus molestias- Marx reconoce en “Das Kapital” la validez del trabajo de dirección, en contra de la creencia popular y desea que se pagar moderadamente. Marx no reconocería un beneficio como parte legítima del ciclo económico.
Así que el caso anterior sostendría que el hombre que ha soportado el riesgo, tomado prestado el dinero, asumido la responsabilidad, gestionado la empresa y es dueño de las herramientas, debería recibir sólo un salario y nada más. Nos ocuparemos en seguida de esta idea. Concentrémonos en la tarteleta de frutas de 50¢. A este precio, el propietario y director puede pagarse un salario y además añadir un beneficio si el negocio es un éxito.
Ahora consideremos a “B”. “B” tiene también una pastelería. Contrata al mismo número de empleados que “A”, compra las mejores materias primas y produce las mejores tarteletas de barro. Sus costes, los intereses sobre el dinero que ha pedido prestado, la renta del terreno que emplea y todos los demás factores que entran en la ecuación le permiten producir estas tarteletas de barro y enviarlas a las casas por exactamente el mismo precio que las tarteletas de frutas de de su competidor, “A”. Independientemente de que “B” busque un beneficio o no, el hecho que importa es que es casi inconcebible imaginar un negocio viable de tarteletas de barro.
Pero, si Smith, Ricardo y Marx tenían razón, entonces los productos de la tienda “A”, que cuestan producir 40¢, deben valorarse a exactamente el valor del producto de la tienda “B”, pues este producto también cuesta 40¢ producirlo. Si el valor viene determinado por el coste, las tarteletas de barro y de frutas son de igual valor si la cantidad gastada para producirlas es igual.
Sin duda esto es ridículo. Pero esta es la teoría del valor: El coste del trabajo humano gastado en la producción de cualquier bien es el valor del bien." 2
Artículo publicado originalmente del Liberal autodidacta.
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1. El Capital, Fondo de Cultura Económica, 1973, tomo 1, pág. 6 (ver otra versión de la obra en la web aquí)
2. Extracto del artículo de Mises Daily en Español: “Este pan es mío”.
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