Desde la irrupción del coronel golpista Hugo Chávez Frías en la presidencia de Venezuela, como una mancha de aceite se ha ido extendiendo en el continente americano la demagogia socialista de marcado carácter castrista y antiamericano (y antiliberal, por supuesto). El petróleo venezolano ha dado miles de millones de dólares puestos al servicio de monumentales campañas con el odio social como bandera. La corrupción sistémica de muchos países iberoamericanos ha sido, junto con la pobreza y un preexistente y mullido poso de dialéctica marxista de lucha de clases, el abono ideal para que varios dirigentes teledirigidos por Castro y Chávez ganen elecciones, inicien procesos de reformas Constitucionales que les perpetúen en el poder y condenen a sus países a una larga noche socialista.
Discípulo aventajado y singularmente pintoresco de los arquitectos caribeños de este cáncer, es el actual presidente de Bolivia, Evo Morales. Una de las características más pretenciosas del socialismo marxista es su afán de considerarse científico. La intención de Engels era diferenciar el edificio teórico que enarboló junto con Marx de los demás socialismos, que consideraban acientíficos y de rango intelectual menor.
Actualmente se oye a mucho anticapitalista hablar del "Socialismo del siglo XXI" sin que entren a describir en qué consiste. No hace falta. Es el mismo socialismo de siempre, el mismo concepto rancio e infundado que se nutre de la envidia y el odio social, que divide a las personas por marcas ideológicas o estratos sociales y las condena a una lucha sin cuartel de seres humanos contra seres humanos. Si acaso, lo que más diferencia al "socialismo del siglo XXI" del de los dos siglos anteriores, es que el actual está defendido por personas mucho más incultas y limitadas que Marx, Proudhomme,Jean-Paul Sartre...
Prueba de ello es precisamente Evo Morales, de quien podemos extractar declaraciones tan "científicas" como el socialismo que practica:
Por ejemplo, ésta donde afirma que los Derechos Humanos son secundarios con respecto a una entidad divinizada como la "Madre Tierra" que siguiendo las creencias animistas (muy científicas ellas) de su etnia, define como "Pacha Mama".
"Por eso creo que es más importante defender los derechos de la Madre Tierra que defender los derechos humanos. Defender la naturaleza es defender a la humanidad, salvar al hombre", señaló en Copenhague. Y, en una modernización de la ideología comunitaria indigenista, para el mandatario boliviano no hay más salida que acabar con el capitalismo si se quiere salvar a la humanidad.
Por si alguien tiene dudas del ejercicio del pensamiento crítico por parte del actual Jefe de Estado de Bolivia, Evo Morales ha querido dejar las cosas claras recientemente. De paso nos ha mostrado su cariz homófobo. Cabe decir que en no pocos movimientos socialistas, la homosexualidad siempre se ha considerado una desviación peligrosa para el Estado. La tendencia actual de la socialdemocracia europea a aumentar y defender los derechos civiles de los homosexuales, es muy reciente. Ese movimiento ideológico es originario de ¿adivinan dónde? De los EE. UU., el "Gran Satán" capitalista, ultraconservador y clasista.
Hace bien poco, en Cuba aún se encarcelaban homosexuales por el mero hecho de serlo. La propaganda socialista siempre ha estado teñida de una pueril visión de orgullo viril, como si uno fuera más macho por ser más revolucionario. Castro y el asesino Ernesto Guevara, el "Che", fomentaron esta visión y se pusieron de ejemplo, pero también en la URSS y en China, la homosexualidad ha sido perseguida en nombre del socialismo más purista.
Concretamente, Evo Morales ha dicho:
"El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres",
De paso ha reivindicado una supuesta superioridad alimenticia de los indígenas sobre los habitantes de sociedades industrializadas alegando el ejemplo de la calvicie e ignorando las estadísticas de mortandad infantil, de incidencia de enfermedades y de expectativa de vida.
"La calvicie, que parece normal, es una enfermedad en Europa, casi todos son calvos. Y es por las cosas que comen. Mientras, en los pueblos indígenas no hay calvos, porque comemos otras cosas",
Toda una demostración de ignorancia científica y patrioterismo cutre, muy similar al que durante el franquismo pretendía convencernos a los españoles de que vivíamos en el mejor país del mundo y que "España es lo mejor" porque sí, porque hemos sido elegidos para nacer en el mejor sitio posible.
Este es el rigor científico del socialismo actual, más onagro que el padecido desde hace siglo y medio.
Artículo publicado originalmente en Desde el Laberinto.
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